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viernes, 11 de abril de 2025

Brujas

Bahía de LA HERRADURA desde Cerro Gordo

"Este pueblo se llama LA HERRADURA porque su bahía tiene forma de herradura", les digo a todos los que vienen a nuestra casa de la playa cuando les enseño las vistas desde la terraza. "Mirad,  la Punta de la Mona, a la izquierda, y Cerro Gordo, a la derecha, son los dos promontorios que abrazan el mar en esta Bahía de La Herradura como los lados de una herradura." 
No siempre este pueblo se llamó así. Según la Wikipedia, los poblados que había en la zona tuvieron  otros nombres, pero éstos desaparecieron cuando sus pobladores se fueron al norte de África, y entonces los castellanos le dieron al pueblo el nombre que tiene ahora mismo. 
Así se lo expliqué a Julie, la señora francesa que pasa unos días en nuestra casa con su familia. Como yo no hablo francés, hablábamos en inglés y le dije que herradura en inglés es horseshoe, y le enseñaba con mi brazo cómo la bahía tenía esta forma de 'zapato de caballo', pero ella no me entendía bien -- ¿Cómo se dice en francés el zapato del caballo?  Le pregunté y señalé mi zapato y mi pierna como si yo fuera a horse (un caballo).  Ella dijo  -- Le fer a cheval?!   --¡Exacto! Eso es lo que yo quería decir.  -- Claro, ahora lo entiendo, - dijo ella. 

FER A CHEVAL - Jabón 'La Herradura'
Más tarde intercambiamos unos regalos, nosotros le habíamos comprado jamón y vino,  y ella nos trajo jabón de Marsella.  De repente, Julie miró el jabón que yo tenía en la mano y que ella me acababa de dar y dijo - Mira, Pilar, esto es un fer a cheval. Exacto. El jabón era de esa marca y tenía el dibujo de una herradura en el envoltorio. Y yo le dije - Claro, por eso me has traído este regalo. Tú sabías a dónde venías. Y ella contestó.  --Oh, no. No sabía nada sobre el nombre del pueblo.
Pues eso. Que somos un poco brujas las dos.  

martes, 1 de abril de 2025

M for Mary

Otra Pilar, mi abuela paterna
Mi madre marcaba nuestra ropa interior con nuestras iniciales, sobre todo las braguitas, porque éramos mucha gente en casa y así resultaba más fácil tener la ropa ordenada. Como yo compartía inicial con mi hermana mayor, a mi me adjudicó una M, M for Mary, como dicen los ingleses; es decir M de María, porque yo me llamo María Pilar, pero ella, mi hermana mayor, se llama María Pura y la siguiente María Dolores y la siguiente María del Mar, que mi padre decía que él no tenía hijas, sino que tenía una caja de galletas María. Gracioso que era el muchacho.

Todas éramos MARÍA, o sea, que le podía haber adjudicado la M a cualquiera de nosotras.

 Para romper con las galletas, a la última hija le puso Adelaida, ¡ah no!,  que ese era el chiste de mamá pata, pero es que debía de haberle puesto Adelaida porque ese era el nombre de su madrina, pero le puso solamente Isabel, que era el nombre de mi abuela materna, porque yo soy Pilar por mi abuela paterna. Los nombres se heredaban entonces por estricto orden familiar.

Toalla con iniciales

Cuando me hice mayor y ya mi hermana mayor había abandonado el hogar familiar, recuperé mis iniciales auténticas PF y con ellas mi madre marcó las sábanas y toallas de mi ajuar; - pienso que sería para que si alguna de estas prendas se cayera al patio de vecinos, yo supiera cual era la mía. 

Pero ahora, que todos nos hemos convertido en INICIALES, por aquello de la protección de datos, vuelvo a ser M para la consulta en el hospital, para mi banco, que me llama 'Estimada María', para la compañía eléctrica y para yo no  que documento oficial más. 
Afortunadamente ya no soy estudiante y no tengo que ver cómo en las listas que se publican  con las notas a final de curso en el tablón de anuncios del Instituto ya nunca hay nombres, solo INICIALES. Antes al menos, te adjudicaban un número, con el cual yo supe que había aprobado mi examen de acceso a la Universidad. Esos eran otros tiempos muy lejanos.

Pero esta M, como me llamo ahora, me hace ilusión, me siento como si fuera M, la jefa la jefa de James Bond. No está mal, a mis años, tener un puesto tan interesante; ¿no, James?

Y para terminar con las iniciales, mi cita favorita: Las palabras de esta canción de VAINICA DOBLE Un Siseñor Con las Patas Verdes que cantaban Sergio y Estibaliz:  
Que amanezca tu mejilla con mi nombre señalada ...

Quisiera ser inicial
en incrustación bordada
un motivo ornamental
en el centro de tu almohada
que amanezca tu mejilla
con mi nombre señalada
....




viernes, 31 de enero de 2025

Dos versiones de la misma historia

Acabo de saber que mi querida hermana pequeña Isabel expondrá sus acuarelas de PIEDRAS en Gijón a partir del 28 de febrero de 2025 en el bar 'La Manuela' en el barrio del Carmen. ¡Le deseo toda la suerte del mundo!


Bodegón con vidrio - foto

Bodegón con vidrio - acuarela

Me encanta cuando mis hermanas artistas hacen versiones en acuarela o en oleo de mis fotos. Lo  único que lamento es que no guardo fotos de sus obras, pero si las voy encontrando os las traeré por mi blog para que disfruteis de su arte tanto como yo. 

Las acuarelas de las piedras ya
enmarcadas

Hoy empiezo por mi hermana Isabel porque es la pequeña y la que mas producción tiene, pero seguire con mis otras hermanas y podréis comprobar lo que os digo. Tienen arte para dar y repartir. 


Acuarela rododendro

Rododendro foto

Las torres de piedra

Torres de piedra 



El viento en la playa

Setenil de las Bodegas - mi versión


Setenil de las Bodegas - la versión de Isabel

lunes, 7 de octubre de 2024

Fiesta en el patio

Todo preparado en el patio
El sábado pasado celebramos una fiesta en casa para celebrar la recuperación de Pedro y mi onomástica (el 12 de octubre es el día de la Virgen del Pilar). 

Nosotros preparamos algunos platos pero todos colaboraron en  que la comida fuera un éxito. 
Pedro marinó un lomo de salmón, yo preparé rollitos de salchicha con hojaldre según la receta que me enseñó Sara este verano,  salmorejo y unas manitas de cerdo que triunfaron, según me han contado, ¡porque yo ni las vi! 

¿Habrá para todos?

Pablo y Maríángeles trajeron una deliciosa tarta de manzana y una de sus especialidades de verduras: pudin de puerros - riquísimo.  Maricarmen preparó una estupenda ensaladilla de patatas con langostinos y unos originales mejillones en escabeche que estaban para chuparse los dedos. Nico compró una gran bandeja de elegantes canapés en una tienda de delicatessen y una cajita de pastas de té realmente delicadas y dulces. ¡Dijo que no tenía tiempo para cocinar! ¡Y mi hermana Teresa optó por traer unas gambas congeladas que tuvimos que cocer cuando llegó y con las que nos chupamos los dedos!

Un poquito de pan

Pasamos un día estupendo juntos, con muy buen tiempo, mucha comida, algunas bebidas, y muchas risas y charlas. Los pequeños, y alguna de las grandes, incluso se atrevieron a nadar en la piscina. Era su última opción, ya que cerramos la piscina el lunes. ¡Se acabó el verano!


¡Han venido los Reyes Magos!

Aproveché la visita y le regalé a los pequeños Juan y Manuel (mis sobrinos nietos de 6 y 4 años) algunos de los juguetes que Lucas ya no usará. Tenía su permiso, así que saqué del baúl de los juguetes del sótano un tren eléctrico y un avioncito con los que ellos Jugaron  todo el día y cuando les dije que se los podían llevar a casa, me dijeron: - Gracias, tía Pili. ¡Es como si hubieran venido los Reyes!

lunes, 3 de junio de 2024

Tiempo de recoger


El lavadero del patio grande
Mi ritual mañanero se parece al que hacia con mi abuela cuando pasábamos unos días con ella en la casa del pueblo. Después del desayuno,  le decía a cualquier pequeño/a que estuviera rondando cerca de ella mientras le daba una cestita, "Vamos a recoger los huevos al corral. "

Y nos íbamos felices con ella al patio grande de atrás que estaba lleno de rincones misteriosos y peligrosos: el lavadero con dos enormes pilas de cemento junto al cuarto de baño de la lavadora BRU que daba vuelta a la ropa hasta que la dejaba medio limpia, la cocinilla donde se hacía la matanza y donde los pequeños no podíamos entrar, y, al fondo del todo, el corral de las gallinas, justo debajo de una de las cámaras en donde se guardaban las pilas de grano en las que estaba terminantemente prohibido revolcarse - "Hay ratas", --nos decían. Yo no se si eso era cierto, lo que se es que el grano te producía unos picores tan grandes que tenias que meterte en la pila directamente para poder aliviarse 

Patio lleno de maleza - al fondo las puertas del gallinero

Cuando llegábamos a ese último rincón de patio y mi abuela abría la puerta, esa que se ve en la foto detrás de mi tía Isabela, las gallinas venían a saludarnos por si les traíamos su comida, el salvado mezclado con serrín y agua en un cubo de zinc. 

Pero eso era más tarde, ahora veníamos a recoger los huevos, no a darles de comer. Ellas picoteaban alrededor de mis pequeños pies buscando comida y a mi me daban un poco de miedo y mucho asco de pisar la porquería que había por todo el suelo.

 El corral olía muy mal y no me hacia ninguna gracia meter la mano en los ponederos, donde a veces aun había alguna gallina que otra a ver si habían dejado cada una su huevo correspondiente.

 Yo creo que era la abuela la única que metía la mano en el ponedero y levantaba la gallina. Entonces nos daba los huevos para que los pusieramos en la cesta. 

Estoy segura de que no hice muchas veces esta tarea porque éramos muchas criaturas para ayudarle, pero yo aun recuerdo el mal olor del estiércol que siempre asocié con las gallinas del corral de la abuela. Ese estiércol que varias veces al año, después de limpiar el corral, unos hombres se llevaban para abonar los campos en Begijar en un carro tirado por burros que entraba por el gran zaguán de la casa hasta el fondo del patio.

Parecen pollitos, ¿verdad?

En estos día primeros del verano recuerdo esta tarea en la que acompañaba a mi abuela,  aunque yo no tengo gallinas, porque tengo un limonero que rebosa de frutos y del que se caen los limones maduros constantemente

El calor o la más ligera brisa hacen que el suelo se cubra de amarillo durante la noche y por la mañana yo salgo con mi cestita y rebusco y recojo los limones de entre las plantas del suelo.
  
Hay días que tengo que recoger la cosecha dos o tres veces. Aparto las hojas de las margaritas, la mata de pimientos o los tomatitos cherry y allí escondidos están los limones, tantos que ya no se qué inventar para gastarlos.

Hoy el muchacho que vino a arreglar la depuradora me rechazó una bolsa de limones. - Mi suegra tiene un terreno y tampoco sabemos qué hacer con ellos, -me dijo. 

Yo creo que los voy a llevar al mercadillo y se los voya regalar a quien tenga el valor de llevárselos ¡¡GRATIS!! 

Se esconden entre la maleza
 Porque parece que este año el limonero no va a parar nunca de dar limones como a mi me parecía  que hacían las gallinas de la abuela. Ella cada día recogía los huevos, como yo los limones, y en su casa siempre había montañas de  huevos en la alacena que mis tías utilizaban para hacer flanes, bizcochos, dulces y comidas riquísimas.  
Las gallinas además eran la base del pequeño negocio de huevos de la abuela. Ella los vendía a las vecinas que llegaban con sus cesta de alambre a la hora de la siesta a comprar una o media docena y a echar un ratito de charla.
Yo solo se hacer zumo para limonada

 Mi abuela también tenía un gran limonero en el patio de atrás junto a una gran tinaja donde yo me escondía para que nadie me encontrara cuando jugábamos al escondite.  Yo siempre fui una niña tranquila.  
El pozo

Así que los limones me traen el recuerdo de su patio, sus gallinas y su pozo

jueves, 28 de marzo de 2024

Manuel de Falla

La elegancia del hueco de las escaleras cuadrado

Ya está. Ya se la han cargado. Igual que desapareció de la noche a la mañana el palacete del la calle Alhamar, igual que llenaron el camino de Ronda de horribles bloques en los años 60, y destrozaron el Barrio Fígares y llenaron la ribera del Genil de un enjambre de callejones oscuros y deprimentes. Igual, siempre. En esta puñetera ciudad no se ha respetado nunca nada.

Y esta vez le ha tocado a nuestra casa. Que no era nuestra, pero era el lugar donde nos mudamos a vivir cuando llegamos a Granada y donde vivimos de alquiler unos años decisivos e importantes para toda la familia. La casa de la calle Manuel de Falla que veis en la foto a punto de ser demolida.

Esta casa elegante y señorial tenía pisos enormes pero era fría y desangelada en los gélidos inviernos de entonces, cuando el agua de la pecera que habíamos dejado en el lavadero aparecía congelada,  y se convertía en un horno en verano.  No tenia ascensor,  no tenía vistas, no teníamos terraza para macetas y el sol solo entraba con fuerza en el cuarto de estar - la única habitación que estaba bien orientada, pero era nuestra casa.

En su larguísimo pasillo recorrimos kilómetros montados en patinetes, patines, saltador Gorila, y bicicletas. Uno de los hermanos jugaba al futbol y otro al hockey y, juntos, jugábamos al escondite, a las tinieblas de la noche, a la llevas o hacíamos procesiones o manifestaciones y en nuestra gran casa recibíamos a amigos, tíos. primos y algún novio/a -invitados clandestinos, cuando nuestros padres se iban de viaje-.

Una casa elegante

  Nosotros eramos diez (los padres y ocho hijos) y rara era la comida de a mediodía donde no nos juntábamos doce o trece. Las pequeñas comían primero en la cocina y así cabíamos todos en la gran mesa con alas que se abría en el comedor. y  que se llenaba de fuentes de cocido, arroz, lentejas, potajes de semana santa o, con suerte, macarrones o puré de patatas con salchichas, que nosotros devorábamos.  Lo que hacía que mi padre repitiera un día tras otro - "Estos niños no comen. Tendremos que darles unas cucharadas de Quina San Clemente". Y nos reíamos  con la boca abierta cuando eramos pequeños porque mi padre tenia su gracia, y con la boca chica cuando eramos adolescentes porque ¡nosotros no teníamos ninguna!

Futuros pisos de lujo

Tengo tantos recuerdos que quizás algún otro día vuelva a escribir sobre nuestra casa familiar.

Me parece recordar que estos grandes bloques y el de enfrente eran lo ultimo edificado de la ciudad cuando nosotros nos vinimos a vivir aquí. Nuestra calle era el límite con la Vega; salíamos directamente al Camino de Ronda y ya estábamos en el campo y podíamos ir a la  huerta de los Franciscanos a comprar tomates a una peseta el kilo o podíamos alquilar una bici en donde Maxi,  en su taller de reparaciones en un bajo de la casa de enfrente y con ella hacer el camino del río junto a las alamedas hasta donde hoy está la Clínica Inmaculada. 

Esquina con el Camino de Ronda
Se veía la Sierra desde cualquier sitio
 
Desde la famosa ventana del cuarto de estar se veía la Sierra y el río Genil y cuando la gran riada del año1963, aquella que destrozó las cuevas del Sacromonte y del Barranco del Abogado y desbordó el Genil, que aun no estaba encauzado, nosotros veíamos la ancha lengua de barro desbordada desde nuestra casa. No había nada más que las Casas Azules entre nuestro bloque y el campo. Ah, si,  estaba el chalet del dueño de la casa y el palacete de Alhamar. Unos años después el chalet fue derruido para hacer un bloque de pisos y nuestro piso se quedó sin las pocas vistas que tenía.  El Palacete también se convirtió en recuerdos unos años mas tarde.

Por entonces, finales de la década de los 60,  la calle Manuel de Falla se llenó de nuevos bloques y el Camino de Ronda se llenó de horribles bloques en callejones oscuros y de coches y las autoridades decidieron talar los arboles de sus aceras y, ya sabéis, destrozaron la ciudad.  Ahora han destrozado el lugar de mis recuerdos. ¡Maldita sea!


¡
¡Adiós!

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Mi tía Teresa

Ramillete de florecitas de miga de pan
Ramillete de cerca

Quiero dedicar este post a mi tía Teresa, una de las hermanas de mi madre,  porque si, porque se lo merece y porque creo que me hará famosa y quiero agradecérselo de antemano.  Luego os explico por qué pienso esto.

Ella fue la artista que con miga de pan hacia pequeñas joyas para toda la familia: sortijas, pulseras, collares, colgantes, adornos.Tenía manos habilidosas y, aparentemente, la paciencia de un miniaturista.  No se si era paciencia o era tiempo lo que tenía, porque no la conocía demasiado bien, aunque pasé un verano de mi pre-adolescencia con ella y nunca olvidaré lo cariñosa que fue conmigo a su manera y lo ciezo que era el tío cura con el que también compartí esas calurosas semanas en un pueblo de Jaén.

Sortija hecha con miga de pan
Mi tía Teresa hacia joyas de miga de pan y  bordaba unos maravillosos manteles para la merienda. También forraba perchas de madera con retales de muchos colores y con pasamanería. Hoy no se donde hubiera podido encontrar las cintas de tira bordada, picunela o grogrén que ella atesoraba en sus cestos y cajas de costura y mas tarde utilizaba para hacer esos largos tapetes que se colocaban sobre todas las mesas o aparadores.  

 

Algunas de sus perchas
Durante un tiempo utilizó los restos de las telas que se usaban para hacer las casullas de los curas y con ellas fabricó muchos de estos tapetes que tenían aguas, no que estuvieran mojados, sino que la luz al reflejarse sobre ellos 'hacia aguas', se movía como si se reflejara en la superficie de un lago.

Eran tapetes de moaré lujosos y brillantes que nosotras, jóvenes adolescentes modernas y progres, denostábamos. ¡Que horror, eso es simonía! No era un horror, es que no se podía hacer otra cosas con esas telas brillantes y doradas que el Concilio Vaticano II había quitado de en medio para que la Iglesia, su liturgia, sus templos, recuperaran una muy antigua austeridad  y ahora nadie sabia qué hacer con esas telas. Ella sí supo como no tirarlas, como reutilizarlas - que se dice ahora.

Más perchas
Porque era una mujer muy apañada, muy capaz de sacar partido a cualquier pieza de tela que cayera en sus manos. Ella ya tenia la cultura de la reutilización, bueno, ella como mi madre, como mis otras tías. Eran de la época del 'Aquí no se tira nada'. E igual que mi madre siempre nos hacía crema de legumbres para cenar el día que a mediodía habíamos comido lentejas, ella reutilizaba los restos de vestidos, faldas, sabanas o lo que fuera para sus manualidades, que mas tarde repartiría entre la familia.  

Mi acerico

Mi mantel verde
Yo, como fui de sus sobrinas mayores,  tuve la gran suerte de que me regalara uno de sus manteles de merienda. Aun lo tengo, aun lo utilizo y aun me maravillo de todo el trabajo que hizo. Es de esterilla verde y está casi totalmente cubierto de flores bordadas en punto de pasada y ribeteado en punto de festón también con hilo blanco.  Utilizo sus pequeñas servilletas para los cestos del pan, porque no dan ni para secarse la comisura de la boca después de tomarse un té. 

Tapa-costuras
 Ahora que hablo sobre mi tía Teresa y sus costuras, me doy cuenta de que debo utilizar un vocabulario que ya casi no recuerdo, ni para los materiales, ni para las costuras. ¿Donde estarán almacenadas estas palabras? ¿Bodoques, festones, zurcidos, remiendos, vainica, vainica doble, bordado, punto de cruz, punto de abeja, aplique, dobladillo, hilván, sobrehilado, pespunte, ribete, ojales, presillas, sisa, bies, nesgas, acerico o alfiletero, canesú? ¿Y las telas o las cintas: entredoses, picunela, grogrén, tira bordada, pasacintas, vivo, tapacosturas? Casi han desaparecido de nuestro vocabulario. 

Un pequeño aplique - Mis labores
 Al menos a mí me suenan estas palabras y me quedan los recuerdos de mi tía Teresa, sus regalos, que espero seguir utilizando durante mucho tiempo.

He dedicado este texto a mi tía Teresa porque se lo merece y porque en mi blog, el post mas leído, y con mucha diferencia,  es uno que se llama 'Carricoches de miga de pan...' en el que yo me refería a una vieja canción de Joaquín Sabina, que todos conocéis, Con la frente marchita

La gente entra en mi blog para leer ese post porque piensa que les voy a explicar qué eran los carricoches de miga de pan. Y yo no lo explico, pero hoy sí explico qué eran esas figuritas de miga de pan de las que hablaba Sabina y que me tía Teresa elaboraba con paciencia, primor y cariño para regalar a todas las personas que ella quería y que supieran apreciarlas. 

Esta claro que Sabina se refería a las que hacían los jóvenes artesanos argentinos que durante un tiempo, en los años 70, vinieron a vivir entre nosotros y se tenían que ganar la vida de cualquier forma. Hacían y vendían figuritas de miga de pan o soldaditos de lata y las vendían en los mercadillos, las plazas y las playas.

Por eso, por saber qué son esas figuritas de miga de pan, pienso que entrará mas gente a leer mi blog y me harán famosa. Ya veis qué ilusión me hace cualquier cosa.

¡Que paséis un buen puente de la Constitución!


jueves, 22 de diciembre de 2022

Manías familiares

Las uvas de la parra muy bien protegidas de avispas y pájaros
Ayer, el primo Andrés, que está podando la parra de la casa familiar, nos ofrecía esquejes a todos los miembros de la familia que estén interesados en plantar el recuerdo de la abuela Isabel en sus jardines.  Hace muchos años que su madre se trajo unos esquejes de Linares y agarraron tan bien en su casa que durante muchos años la parra de su porche de atrás ha proporcionado uvas para ellos y para todo el que pasara por su casa a visitarles.  

La parra de La Yedra
La familia bajo la misma parra
Yo hoy, después de leer el ofrecimiento del primo  en el grupo familiar del whatsapp, he recordado una historia mía con uvas, rabillos y familia. 

Os traigo esta historia junto con las uvas bien protegidas de la casa de Gójar y las uvas de la parra de La Yedra, que también procedían del mismo tronco, ¿o era raíz?:

"Cada uno tiene sus manías y yo también tengo un buen puñado de ellas.  Ayer, por ejemplo, me sorprendí quitando los rabillos a las uvas para que el racimo que aun quedaba en el frutero no tuviera aspecto de corona de espinas. Ver los pinchos salir proyectándose de la fuente de cerámica estaba empezando a inquietarme, así que no dije nada, me levanté y me fui a la cocina.

Cuando volví al comedor con las tijeras grandes del pescado en la mano, los demás se volvieron hacia mí, por un momento dejaron de ver las noticias de la tele y me preguntaron si iba a podar las flores muertas de las varas de nardos del florero que hay encima del aparador. 

Esos rabillos...
 --¿Es que no puedes esperar a que terminemos de comer? ¿A qué viene esa prisa?

Cuando, sin decir ni media palabra, ataqué y recorté los rabillos de los racimos del frutero se quedaron de piedra mirándome fijamente hasta que yo misma me descubrí haciendo algo absurdo y me eché a reír. Dejé de cortar los rabillos de las uvas arrancadas de cualquier manera y me senté para continuar con la tertulia de la sobremesa.  Los otros volvieron a la conversación o las noticias, ya un poco más tranquilos.

 Esto de los rabillos de las uvas creo que me viene de familia: mi madre se enfadaba cuando nos veía arrancar las uvas del racimo sin tener cuidado de llevarnos el rabillo con ellas y a mi, que nunca me había importado, ahora me esta empezando a afectar.  Pero desde ese día es solamente una manía que  practico en la soledad de la cocina."

Un día de estos la dividiré en varias plantas

Gracias por el ofrecimiento, primo. Por favor, guárdame algún esqueje de vuestra parra que buscaré un buen lugar en mi jardín para la abuela Isabel, igual que en un rincón tengo también guardado un recuerdo de la tía Mariana de la que finalmente al menos heredé una pilistra - Una aspidistra, claro.   Otro día os contaré esa historia.