Mostrando entradas con la etiqueta regalo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta regalo. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de abril de 2025

Brujas

Bahía de LA HERRADURA desde Cerro Gordo

"Este pueblo se llama LA HERRADURA porque su bahía tiene forma de herradura", les digo a todos los que vienen a nuestra casa de la playa cuando les enseño las vistas desde la terraza. "Mirad,  la Punta de la Mona, a la izquierda, y Cerro Gordo, a la derecha, son los dos promontorios que abrazan el mar en esta Bahía de La Herradura como los lados de una herradura." 
No siempre este pueblo se llamó así. Según la Wikipedia, los poblados que había en la zona tuvieron  otros nombres, pero éstos desaparecieron cuando sus pobladores se fueron al norte de África, y entonces los castellanos le dieron al pueblo el nombre que tiene ahora mismo. 
Así se lo expliqué a Julie, la señora francesa que pasa unos días en nuestra casa con su familia. Como yo no hablo francés, hablábamos en inglés y le dije que herradura en inglés es horseshoe, y le enseñaba con mi brazo cómo la bahía tenía esta forma de 'zapato de caballo', pero ella no me entendía bien -- ¿Cómo se dice en francés el zapato del caballo?  Le pregunté y señalé mi zapato y mi pierna como si yo fuera a horse (un caballo).  Ella dijo  -- Le fer a cheval?!   --¡Exacto! Eso es lo que yo quería decir.  -- Claro, ahora lo entiendo, - dijo ella. 

FER A CHEVAL - Jabón 'La Herradura'
Más tarde intercambiamos unos regalos, nosotros le habíamos comprado jamón y vino,  y ella nos trajo jabón de Marsella.  De repente, Julie miró el jabón que yo tenía en la mano y que ella me acababa de dar y dijo - Mira, Pilar, esto es un fer a cheval. Exacto. El jabón era de esa marca y tenía el dibujo de una herradura en el envoltorio. Y yo le dije - Claro, por eso me has traído este regalo. Tú sabías a dónde venías. Y ella contestó.  --Oh, no. No sabía nada sobre el nombre del pueblo.
Pues eso. Que somos un poco brujas las dos.  

domingo, 20 de agosto de 2023

Peces con ojos verdes

Peces con ojos verdes

Soy de una generación intermedia, ni tan tradicional como mis padres, ni tan moderna como nuestras hijas y, aunque éramos progres e izquierdosos, estuvo muy claro desde el principio que nuestras parejas masculinas no iban a colaborar en la casa al 50% como ahora sí hacen. 

Por eso las mujeres de mi edad que trabajábamos fuera de casa, igual que ellos, acudimos al remedio que nuestras madres habían usado toda la vida de dios - ellas porque tenían una buena prole, no por trabajar fuera de casa - que era buscar señoras apañadas que nos limpiarán la casa mientras nosotras dábamos clase, trabajábamos en el hospital, íbamos a la oficina, corríamos de un sitio a otro.  Parte de nuestro sueldo se empleaba en pagarles el sueldo a ellas, pero, como decía mi madre, era el mejor uso posible del dinero y yo siempre lo pagué con gusto.

Mis hermanas, primas, amigas y compañeras de trabajo de esa época les debemos un monumento a esas señoras que echaban unas horas en nuestras casas unos días a la semana y nos quitaban los problemas domésticos de encima;  los problemas domésticos por partida doble: limpiaban la casa, cuidaban a los niños, planchaban, a veces cocinaban y nos evitaban auténticas discusiones estresantes e inútiles con nuestros - inútiles para tareas domésticas- maridos. Estaba muy claro que ellos no iban a hacer esas cosas y nosotras no estábamos dispuestas a cargar con más peso del que ya llevábamos.

Así que cuando Gracia, la señora que nos 'ayudaba en casa' - como decía mi amigo progre José Alberto -  cuando vivíamos en el Camino de Ronda, venía a casa con un precioso regalo bajo el brazo por mi cumpleaños yo lo ponía en el mejor sitio de la estantería del salón. 

Arlequín con vestido de raso
Elegí un buen sitio para los peces con ojos verdes, igual que había puesto el arlequín vestido de raso y encaje en lo alto de la cama porque ella también me lo había regalado. Siempre decoré mi casa con estos y otros pongos, otros regalos de mis señoras de la limpieza.

 Era mi forma de agradecerles su ayuda; en realidad yo les hubiera besado los pies, les hubiera puesto alfombra roja, les hubiera dado la mitad de mi sueldo, pero me conformaba con poner sus regalos a la vista de todos y cuidarlas lo mejor posible.

Para los algodones - ahora con pétalos de buganvilla

Cuando nos vinimos a vivir a esta casa, Gracia ya no pudo seguir con nosotros porque su casa estaba muy lejos y yo aproveché la mudanza para guardar los peces, el arlequín, la bola de cristal azul con algodón de colores para desmaquillarse, el calzador de nácar, el marco de taracea, el angelito azul y la bailarina de Lladró. Tenía muchos regalos suyos ahora que lo pienso, claro que yo también la cuidé a ella y cuidé a sus hijas y les procuré todos los libros de texto que necesitaron durante todos sus estudios. Nos hacíamos regalos mutuamente y estábamos contentas la una con la otra; nos tratábamos bien en una palabra y yo pienso que nos guardamos cierto afecto.

Dulce ángel azul

 Creo que fue por ese afecto por lo que guardé todos esos pongos en una caja del sótano  y no se los regalé a nadie.

 Perdón, ahora que hablo de los peces de los ojos verdes se que eran tres y yo solamente me he encontrado dos. Recuerdo que le regalé uno a mi pequeña sobrina Blanca cuando vino a ver la casa nueva y yo estaba guardando los pongos en las cajas. Los vio y le encantaron.

 – Blanca, ¿quieres uno para ti? --le pregunte.

 Ella abrió los ojos tanto como los de los peces y dijo, – Si,  ¿me vas a dar uno de verdad?

 –Elige el que más te guste. Llévate el grande, bueno, haz lo que quieras  --- le respondí. Se llevó el mediano tan contenta.

Cuando  vino su madre a recogerla, Blanca se lo enseñó toda ilusionada.

–Mira lo que me ha regalado Pili. ¿A que es precioso, mamá?

Su madre me miró también con ojos grandes pero no verdes, sino asesinos y se dirigió a su hija, –¡Devuelve eso ahora mismo! Blanca la miró asustada.

Sus palabras para mi fueron menos agradables incluso, -- ¿Cómo se te ocurre regalarle esa cosa tan horrible a mi hija?

 –No pienso aceptar una devolución –dije– es de ella y yo se lo he regalado con todo mi cariño,  así que tú haces con él lo que te dé la gana pero aquí no vuelve.  Y se lo llevó. No se qué pasó con el pobre pez.

Ahora que he revisado mis cajas del sótano en busca de algún tesoro oculto que pueda llevar a la Casa Roja, me he encontrado los peces, los he lavado y los he puesto en el patio para decorar. No se los voy a llevar a mi hermana, claro, pero he recordado a  Gracia, a Blanca y el berrinche que ella pilló y así los peces me alegran estas calurosas tardes de este eterno verano.

viernes, 19 de junio de 2020

Si la vida te da limones ...

... haz limonada. 
Os mando un poquito de luz y sol
El limonero, la luz de mi jardín

Cubitos de limonada parea el vermú

Es lo que dicen los ingleses: if life gives you lemons, make lemonade  en una expresión que aunque se traduce literalmente al español, en realidad quiere decir algo como 'sacar lo mejor de algo negativo' , es decir: se fuerte si tienes problemas, mira el lado positivo del momento o algo así. 
A mi la vida me ha dado literalmente muchos limones, tengo un limonero muy generoso en el jardín y este año la cosecha ha sido esplendida; en otros sentidos la vida me ha dado los mismos limones que a cualquier persona. No es el momento de quejarse.
Pero yo he intentado sacarle partido a mis limones auténticos y no solo 'he hecho limonada'.
Aquí os enseño todo el partido que le he sacado a mis limones.
Trueque - Swapping
Te cambio unos limones que tengo repetidos

Limones para decorar y acompañar

- Regalé bolsas de limones a mis vecinas, amigas  y familia antes de que el coronavirus nos encerrara en casa. También hice algo de trueque con mi vecina la panadera, yo le regalé limones y lemon curd y ella me regaló tortas y pan de su panadería.


- Preparé limonada, claro. Con la limonada hice cubitos de hielo que sacaré del congelador para refrescar las tardes de verano. Añadidos a una simple Casera blanca hacen un delicioso refresco, sin calorías y sin alcohol.
- Hice muchas veces lemon curd  que tomamos nosotros y que también llevé de regalo en mis pocas visitas de estos meses.

Lemon curd
  - Decoré cestos, cuencos y fruteros que puse por toda la casa.
Tajine de pollo

- Encurtí limones con salmuera a la manera marroquí para hacer el tajine de pollo, y ahora busco otras recetas para poder utilizarlos.
Antonio Torres Heredia ...
Un lebrillo de limones
Vermú con los cubitos

Limones encurtidos en salmuera
- Hice limón granizado y lo congelé en las cascaras de los limones para la merienda.

- Hice cientos de fotos al árbol, a los limones y las recetas limoneras
Corté limones redondos, como Antonio Torres Heredia


- Los que han sobrado, antes de que se pusieran tristes -afligidos-, como dice el señor que vende las verduras en su camión en Maracena, están en el fondo del arcón congelador hasta el invierno que viene, cuando el limonero vuelva a ser generoso con nosotros.

- Y, finalmente, los limones me han dado el tema para este post veraniego y amarillo.


Buen verano

domingo, 19 de enero de 2020

Made in China - PONGOS 2


Nunca supe ni cuanta gente vivía en la casa de enfrente, ni qué relación había entre ellos. Parecían  una gran familia: padre, madre, tíos, tías, hermanos, cuñadas y sus criaturas.
    Después de  unas semanas viviendo en la casa, empecé a distinguirlos y me di cuenta de que los habitantes mayores cambiaban: se iba unos y venían otros. Las criaturas siempre eran las mismas: cuatro, un adolescente, dos niñas pequeñas y un bebé. Éstos eran los más visibles porque salían cada mañana acompañados de un mayor camino del colegio o de la guardería.
Almacén exterior
       Tampoco supe nunca qué horario de trabajo tenían. Sé que eran los dueños del bazar chino  que había frente al Mercadona que estaba abierto todo el día, todos los días del año, incluidos domingos, festivos y Navidad.
       Supongo que por eso no tenían tiempo de limpiar la casa. El patio de delante y el garaje, que a veces se dejaban abierto, estaban llenos de toda clase de trastos: cajas, bolsas, palés, cartones, hasta ruedas de coche.
       A veces por la noche llegaba una furgoneta o un camión que descargaba su mercancía y lo dejaban todo amontonado en cualquier lugar de la casa, dentro o fuera. 
Una vez descargaron uno de esos frigoríficos para los refrescos que se usan en las ferias y ahí se quedó cuando se fueron hasta que llegó la nueva inquilina a ocupar la casa. Tuvo que alquilar un contenedor de basura para librarse de todo lo que encontró.

        Un hombre de mediana edad solía salir a fumar y a escupir a la puerta de la calle en los días más fríos del invierno. Supongo que no tenían calefacción y allí al solecito, estaba mejor que dentro de la casa.
        Como los niños iban al colegio y me los encontraba por la calle,  pronto pude hablar con ellos. Me enseñaban palabras en su idioma, me contaban cosas de su vida y me dijeron sus nombres. Aun no se los habían cambiado. Al poco tiempo, el hermano mayor me pidió que le llamara Eliseo, las niñas también se habían cambiado el nombre: una era Ana y la otra Vanesa. - Es más fácil así, me explicaron.
Pequeño detalle chino
Los padres, o los familiares mayores hablaban muy poco español. Cuando nos veíamos al entrar o salir de nuestras casas, solíamos intercambiar un breve saludo y una sonrisa. 
 
De todo
    Un día fui al bazar chino a comprar unas cajas de plástico. Eliseo estaba a cargo de la caja y entre cliente y cliente leía un libro. Le pregunté cómo le iban los estudios y dijo que estaba contento, que le gustaban mucho las clases pero que apenas tenía tiempo para estudiar y por eso se llevaba los libros a la tienda. Le pregunté por el que tenía al lado de la caja. 
La Celestina, dijo
 -" La Celestina", - dijo. 
         Le miré con lástima. Yo nunca había conseguido pasar del segundo capítulo ni en mis mejores días de estudiante de Bachillerato y él ¡ya lo estaba terminando! 
Volví al bazar chino por Navidad
Unos meses más tarde, ya cerca de la Navidad, volví al bazar chino para comprar unos marcos de fotos y adornos para la casa. La tienda estaba abarrotada como era habitual en esos días. Eliseo y su madre cobraban a los clientes. 
      Cuando me llegó el turno los dos me saludaron con una gran sonrisa. Hacía tiempo que no veía a la señora porque se habían mudado del barrio unos meses antes; su español seguía siendo muy básico, lo entendía, pero no lo hablaba bien y solo me dijo hola, inclinando la cabeza como un saludo ritual, pero me sonreía todo el tiempo. 
      Le dije que me alegraba de verla y de ver lo bien que estaban sus hijos. Eliseo se lo tradujo y ella volvió a sonreír. 
     Cuando me dio la vuelta de mi compra, Eliseo me entregó también un pequeño paquete.
- Es para ti. Mi madre quiere hacerte un regalo. 
      Lo abrí antes de retirarme de la caja. Unos cisnes de cristal ante un espejo era su regalo.
Cisnes de cristal
- Muchas gracias, le dije y también le sonreí mucho tiempo.

Ahora tengo que guardar mis pequeños cisnes porque valen muchas sonrisas.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Escribir un libro

Viaje con el sol - Agosto 2016
Siempre hago miles de fotos cuando salgo de casa, ya sea un paseo por Granada, un viaje a Mallorca o un paseo con la bici, cuando salía con la bici. Y también hago fotos cuando estoy en casa, del jardín, de las comidas, de la familia, de lo que sea. Se que aburro a las piedras cuando me pongo a disparar a todo lo me rodea, incluidas las personas con las que en ese momento estoy. Siempre camino detrás del grupo con el que voy fijándome en detalles a los que sacar una foto. ¡Y puedo no acabar nunca!
Lo malo es que cuando descargo la tarjeta de memoria en el ordenador y coloco las fotografías en sus carpetas, bien ordenadas por fechas, con sus etiquetas y en la sección que les corresponde, ahí se quedan casi para siempre y de ahí salen en pocas ocasiones. A veces pongo algunas en este blog y también las pongo en mi galería del flickr, incluso imprimo unas cuantas en casa, si a la impresora le da la gana de funcionar ese día
Pero la verdad es que la inmensa mayoría de mis fotos son solo para mi.
Una excelente encuadernación

Como ya estaba cansada de que mis fotos no las viera nadie más que yo, el año pasado hice unos libros para regalar y creo que no quedaron mal.  

Este año he hecho un nuevo libro y hace unos días que lo recibí. Es sobre las vacaciones que pasamos en Cádiz  con Isa y familia en los primeros días de agosto


Hoy quiero que os unáis a nuestro  Viaje con el sol compartiendo con vosotros este libro.
Esta vez lo he hecho con Saal Digital, una empresa alemana, muy seria y muy profesional que conocí a través del blog de un fotógrafo. 

Estoy contenta con el resultado. Os pongo unos detalles en estas fotos, pero si queréis ver el libro completo, podéis hacerlo en este linkViaje con el sol  (Aviso: tened paciencia, el libro tarda un poco en abrirse) 
Una foto para las dos portadas


El libro es de tamaño A-4 en vertical, con las pastas duras acolchadas y el papel interior es de calidad fotográfica con brillo, muy bueno.


La impresión es excelente,  las fotos han quedado geniales. 
Una una de las cosas que mas me ha gustado es que las fotos grandes se pueden poner a doble página y no se nota nada la raya del centro. Quedan perfectas.

El libro está muy bien encuadernado. Fijaros en los detalles del lomo que os traigo. Está claro que las páginas no se van a soltar
El libro viene perfectamente embalado - desde Alemania


Hay muchas plantillas para elegir
El libro se puede abrir completamente

Aquí puse una foto de fondo
Con un fondo oscuro, las fotos de los pueblos blancos destacan mejor-+
Otro detalle del lomo
La plantilla con la que se trabaja en la página web de Saal Digital, ofrece  muchísimas posibles opciones para el fondo: textura, degradado del color, color uniforme, o bien se puede poner otra fotografía como fondo.

El programa de edición tiene también gran cantidad de plantillas para las diferentes páginas del libro que se pueden modificar y adaptar al tamaño u orientación de las fotos. 
Otra cosa que me gustó del programa de edición del libro es que al seleccionar la carpeta de donde vas a sacar las fotos para incluirlas en el libro, puedes ordenarlas por nombre o por fecha, y eso facilita la tarea bastante aunque parezca un detalle poco importante.

También se pude insertar texto en las páginas, como podéis ver en estas fotos. Hay muchos tipos y colores para el texto. 
Fotografía de fondo y otra encima

También me ha gustado la posibilidad de compartir el libro con otras personas a través de la red, como yo he hecho en el enlace anterior.

Sin embargo, hay varias cosas que no me han gustado: - No pude encontrar el sitio para insertar número de página. No digo que no exista esa posibilidad.
También me hubiera gustado poder poner el nombre del libro en el lomo, para que cuando el libro esté en la biblioteca se pueda saber de qué se trata.
También vendría bien un corrector de texto en el programa de edición, ¡no está bien publicar un libro con faltas de ortografía!
 
Otra cosa que no me gustó es que el libro tardó mas tiempo de lo que decía la página web en llegarme. Pero, ¡llegó!

He hecho el libro con Saal Digital por los comentarios positivos que leí sobre ella y porque me ofrecían un buen descuento si les hacía una 'evaluación' sobre el libro cuando lo tuviera en mi poder.

Así que aquí está mi opinión, reseña y evaluación.

Estoy contenta con el libro y espero hacer más en el futuro, porque yo seguiré haciendo fotos y porque, como he puesto en la última página del libro, 'El viaje continúa'.


Las últimas páginas  - El viaje continúa  (con tilde) y yo, con mis fotos, también