miércoles, 22 de abril de 2026

50 céntimos de euro

Clase de fotografía

 He ido desde Albolote a Maracena, a mi clase de fotografía, sin un euro en el bolsillo, sin un céntimo, sin cartera, ni tarjeta. O sea que he ido sin billete. Menos mal que son pocas paradas y no ha llegado el inspector. Me hubiera muerto de vergüenza.

Me había dejado el monedero en la cómoda de la entrada: el despiste mañanero y las prisas. 

Cuando salí de la clase de fotografía, bajé a mi taller de cerámica. Saludé a mis compañeras y le pedí a Ana, mi profe, un préstamo de dos euros para poder comprar un billete de metro, ir a Granada y unirme a la celebración del cumpleaños de María Luisa. 

No podía ni imaginar cuánto partido le iba yo a sacar a esas dos monedas de euro. Me fui a la parada del metro a comprar mi billete . La máquina no aceptaba mis monedas y el metro ya estaba parando en la vía. Un señor me vio nerviosa y me ofreció un billete y me cogió un euro de la mano, --Esto basta, dijo y yo le di las gracias, otra vez despistada y aturdida. 

Me bajé en la estación de autobuses, la parada para ir a la residencia de María Luisa, donde habíamos quedado las primas y Nico para comer con ella por su cumpleaños. En el camino decidí entrar en el supermercado  AKI  para comprarme una botellita de agua. Con tantas emociones iba muerta de sed y supuse que con el euro que aun tenia en la mano me podría permitir ese lujo. Un hombre tendido en la acera, con su chaqueta haciendo de almohada, me dijo - Señora, si va a entrar, tráigame algo de beber. 

Di vueltas por todo el super buscando el agua. En la sección de panadería un hombre escarbaba entre las barras de pan con su manaza buscando la barra mas tostada, sin guantes y sin ningún respeto por los demás. Yo encontré el agua y me permití comprar dos botellines. ¡Aún tenía 50 céntimos de euro!!

Con tía María Luisa

En la caja me volví a encontrar al hombre de las manazas pidiendo a gritos a la chica de la caja que abrieran otra caja más porque él tenía mucha prisa. Repetía- Tengo el autobús mal aparcado y me van a multar.  Con sus gritos nos espantaba a los que esperábamos en la cola silenciosamente. Una nueva chica abrió la otra caja, el hombre pagó su compra y se fue. Yo pagué mis botellines y salir a la par que él. Volví a donde estaba el hombre tumbado y le di el botellín, como quien realiza una maravillosa obra de misericordia - Dad de beber al sediento. Pero el hombre desde su 'tumbona' me dijo - Señora, esto no es lo que quiero para beber. Yo le contesté --No puedo comprar otra cosa, no tengo más dinero. Si no la quiere déjela por ahí. --No, me la beberé. "Menuda obra de misericordia tacaña", pensaría el hombre.

El hombre del pan estaba a mi altura y cruzó la calle; por allí no había ningún autobús, ni mal, ni bien  aparcado. Se ve que era su coartada para ser grosero, dar voces y ser el primero en ser atendido en cualquier cola.

Emily Dickinson
Me fui para la residencia a buscar a María Luisa.  Por el Día del Libro habían decorado las paredes con poemas que estuve leyendo mientras la buscaban. No pude evitar que se me saltaran las lágrimas: eran poemas de vejez, de muerte, de tristeza. 
Leí este poema de Mario Benedetti:

AQUÍ NO HAY VIEJOS, SIMPLEMENTE NOS LLEGÓ LA TARDE

Aquí no hay viejos
Solo que llegó la tarde:
Una tarde cargada de experiencia
Experiencia para dar consejos.
Aquí no hay viejos
Solo que llegó la tarde.
Viejo es el mar y se agiganta.
Viejo es el sol y nos calienta.
Vieja es la luna y nos alumbra.
Vieja es la tierra y nos da vida.
Viejo es el amor y nos alienta. ....
  
Para remate cuando llegó con su cuidadora, me presentó diciendo,  --Es mi sobrina Pilar, se se ha quedado viuda hace muy poco tiempo.  Sé que María Luisa me tiene en su recuerdo y siempre me pregunta cómo estoy. Yo me emocioné y seguí llorando, ahora llorábamos las dos. 

Llegaron las demás primas y nos fuimos al restaurante y elegimos para ella su comida favorita. Charlamos, recordamos a nuestra gran familia, nos reímos y brindamos por ella. 

De postre un helado de Marconata y pionono - no intentéis pedirlo en cualquier sitio - para ella y otros mas normales para los demás.  Nos hicimos esta foto y nos despedimos hasta el próximo encuentro.

Mi cubertero

Nico me dijo de ir al taller de Cecilia, al pantano de Cubillas, a recoger una pieza de cerámica que le habían cocido allí. Yo pensé que sería valiente y me iría en la moto con él. Pero no lo pude resistir y dos calles mas adelante le dije que me iba a bajar, que yo iría andando a Maracena para mi clase de cerámica, pero que no tenia valor, fuerzas ni energías para ir en la moto. 

Pan y quesico - recuerdos
Me senté en un banco para tranquilizarme. Bebi un poco de agua de mi botellín. Me levanté y me fui a la cerámica. Hice los últimos arreglos al cubertero para la Casa Roja. Le hice unos troquelados con forma de pez, pato y burbujas. Lo pinté con engobe azul. Me fui a casa.

Escribí esta historia en mi blog.

Salí a la calle. Me tomé dos cervezas con mis amigas del club Las Chicas de Oro. Nos reímos un rato. 

Acabo de volver a casa.

Ha sido otro largo e intenso día. Mi vida ha cambiado tanto que casi no la reconozco.

domingo, 1 de marzo de 2026

Señales del Más Allá

 En la leonera en la que se ha convertido mi estudio estaba intentando montar un álbum de fotos para regalárselo a Nico por su cumpleaños.

La portada

Dos días antes llevé las cincuenta fotos de Nico o con Nico que he rescatado de mis archivos a que me las imprimieran en el estudio fotográfico de mi pueblo. La señora parecía estar contenta de que alguien pasara por allí con un encargo diferente a los que ellos suelen realizar. Son especialistas en temas BBC. Ya sabéis Bodas, Bautizos y Comuniones-. Yo solo quería unas fotos para un álbum ¿habrá algo más viejuno que eso?



La última página

Por eso mi mesa de trabajo ahora parecía una leonera. Al menos eso es lo que decía mi madre cuando entraba en nuestro desordenado cuarto donde dormíamos, estudiábamos y nos peleábamos las cinco hermanas que lo compartíamos. Esa era su frase: --Este cuarto parece una leonera. ¡Y era verdad!

 Así estaba yo en mi estudio, rodeada de fotos, cartulinas, pegamento, tijeras, rotuladores y no sé qué más, cuando, de repente, la impresora empezó a hacer ruidos sincopados, parecidos a los del lenguaje MORSE durante un buen rato. Parecía que se quisiera comunicar conmigo o como si tuviera un poco de resfriado y estuviera tosiendo. 

Señales del Más Allá

Yo no la he usado desde hace unos días porque me he quedado sin tinta, así que cuando oí esos ruidos, me  senté en el taburete rojo de IKEA frente a ella y le dije muy seriamente:

-- ¿Me vas a mandar las coordenadas, vas a empezar a tirar los folios o me vas a imprimir un mensaje?  (Espero que recordéis la película INTERSTELLAR) Y me quedé tan tranquila mirándola y esperando más señales.  Pero no volvió a decir nada.  Recuperó su silencio y su pasividad habitual,  con solo esa lucecita azul que indica que sigue aquí.

Pero en realidad sí que me había dejado un mensaje que comprendí en parte por la noche, cuando a la vuelta de mi paseo en Granada, me encontré mi casa completamente a oscuras mientras que las farolas estaban encendidas y las ventanas de mis vecinos iluminadas. Yo era la única vecina de la calle que no tenía luz.

Misterios como la física cuántica 
La impresora me había dicho que pasaba algo con la electricidad, que anduviera con cuidado, y yo no descifré su mensaje hasta la mañana siguiente, cuando vino el técnico y me dijo que se me había ido una fase.

Menos mal que el vecino del final de la calle tenía el mismo problema; por eso la compañía aceptó que yo no había hecho saltar los plomos, que la culpa era de ellos por esos apagones relámpago que sufrimos en mi barrio con frecuencia y accedieron a venir a reparar la avería.

Mi vieja impresora si había notado que durante la tarde la electricidad se iba y venía en fracciones de segundo y por eso carraspeó para decirme. ¡Ten cuidado cuando vuelvas! ¡NO HABRÁ LUZ!

Todo a oscuras - 
Pero yo no descifré el mensaje.
 A partir de ahora cuando la oiga toser, sacaré las linternas, las velas y la lámpara para apagones que me regaló Elvi el verano pasado. Estaré preparada. 


miércoles, 7 de enero de 2026

Figurín

 Ayer Ana, mi amiga la costurera, me llamó para decirme que había muerto Andrés, el Moreno.  Me sorprendió su muerte repentina - Se lo encontraron muerto en su cama ayer, -me dijo. Pero no me sorprendió su muerte. A ver. Andrés jugaba con la vida cada día. 

Por lo que yo sabía su vida era una carrera hacia este fin. No comía nada absolutamente. Se alimentaba de cerveza y de cigarrillos. Siempre con un botellín en la mano en todos los bares donde yo me lo encontraba en mis paseos por este pueblo.

Copas y mascarillas

Cuando coincidía en la terraza o en la barra de un bar con él, yo me fijaba en que nunca comía las tapas. De hecho, ya el camarero no se las ponía. Solo durante el periodo de tiempo que lo vi ir de copas y bares con su mujer y las chiquillas, que yo pensaba que eran sus hijas, sí les veía algo de comida en los platillos de las tapas, pero esa etapa ya había terminado. Últimamente siempre estaba solo, como cuando le conocimos

Pero Andrés, que no comía, reía siempre, bueno, sonreía taimadamente como quien sabe de la vida más que tú y que yo. 

¿Por qué nos cogió cariño a Pedro y a mí y nosotros se lo cogimos a él?

Empezamos por saludarlo cuando coincidíamos con él en Las Peñas, aún en pandemia, cuando todos entrabamos recelosos en los bares y guardábamos las distancias. Nosotros aún nos poníamos las mascarillas para salir de casa; no recuerdo haber visto a Andrés con una mascarilla nunca. Era como si la ley no se hubiera escrito para él, esa ley y algunas otras.

Él se sentaba en un taburete junto al fuego y se fumaba un cigarrillo tras otro porque sabía que ninguno de los allí presentes íbamos a llamarle la atención por fumar. Nadie le decía nada. Nadie, a pesar de que conocía a todo cristo que entraba por allí.

En esa esquina junto al fuego hacía sus negocios, como si fuera miembro de una vieja tribu de tratantes de ganado, y debían de ser negocios importantes. Dicen las malas lenguas que controlaba al pueblo; es decir los negocios ocultos del pueblo y los colegas que venían a consultarle o saludarle eran unos tíos grandes con pintas de matones a los que yo nunca llamaría la atención por fumar ni por nada. A mi me intimidaban.

Junto al fuego

Pero con él era diferente. Siempre tuvo un trato y una palabra amable con Pedro y conmigo. 

Este pasado verano, cuando me veía sola por la calle, él y su mujer me invitaban a sentarme un rato y tomar una cerveza con ellos. Nunca acepté esa invitación y ahora me arrepiento. Yo no quería molestar a nadie con mi pena, pero ellos sí querían ayudarme y acompañarme de verdad.

Y es que Andrés era como un figurín, un figura más bien. Alto, delgado, flaquísimo, de piel muy oscura y pelo corto muy moreno. Tenía la cara totalmente tatuada con los símbolos de una vida difícil. 

Apareció de repente en el pueblo y en nuestras vidas y la gente de nuestro alrededor parecían conocerlo desde siempre y lo saludaban como a aquel que ha vuelto de un larguísimo viaje.

Parece que si, que había pasado un tiempo en otro país, aquel en donde se dejó a un hermano con una grave acusación sobre sus hombros. El resto de sus hermanos también viajaron hace ya muchos años a otro país lejano, tan lejos que ya nunca volverán por aquí

Ayer nos dejó. Echaré de menos su sonrisa y sus palabras amables conmigo.

Descanse en Paz

NOTA .- Si alguien conoce a Andrés y no desea que este texto esté publicado, por favor diganmelo. Lo quitaré inmediatamente. 

jueves, 13 de noviembre de 2025

Mi discurso

Nunca llegué a pronunciarlo, pero lo escribi. Hoy os traigo mi discurso de despedida a los alumnos de 2º de Bachillerato de aquella promoción que acabó en el Instituto a la vez que yo. 

        Solo se que no sé nada

     Agradezco la invitación que me hizo el director para hablar hoy aquí. Me sentí muy desconcertada al principio cuando tuve que pensar un tema y un título para esta charla de despedida, repasé mentalmente todas las charlas que he oído durante todos estos años que he acompañado a los alumnos de 2º de bachillerato en este día de su despedida del Instituto y mis predecesores todos habían demostrado una sabiduría que yo no poseo.

Graduación 2º de Bachillerato

    Me parecía difícil encontrar el tema de mi discurso. Yo soy profesora de inglés y no recuerdo a ningún miembro de mi departamento en este atril y ante esta audiencia. Es curioso, pero yo sé por qué. Nosotros, los profesores de inglés sabemos de todo, pero somos especialistas en nada. Básicamente solo sabemos inglés. Los demás compañeros míos que dieron este discurso en ocasiones anteriores son expertos en otras materias  y, además, algunos incluso saben inglés. 

    Yo solo sé inglés. No soy experta en nada más. Pero me sé un montón de cosas absurdas: cuantos dientes tiene un tiburón, cual es la isla más grande del mundo, el desierto más caluroso, el río más largo, quién descubrió Australia, quién inventó la WWW, cómo influye tu posición entre tus hermanos en tu personalidad, cómo se hizo rico JP Morgan, por qué Detroit es hoy una ciudad en crisis, cuál equipo ganó la SuperBowl en 1967, qué es un kaiku, cómo se cocina el Yorkshire pudding y con qué se come, quién es Humpty Dumpty y cómo visten los alumnos de Eton College....  

    En resumen, conozco toda la información importante que utilizaba en mis clases como excusa o medio para enseñar inglés; eso fue mucho antes de que unos modernos expertos decidieran que era mejor enseñar inglés a través del contexto, o sea dando literalmente clase de matemáticas, ciencias naturales, educación física o historia en inglés y se crearan los centros bilingües, que más tarde demostraron que los alumnos no aprendían inglés ni matemáticas, ni ciencias naturales ni nada de nada si se mantiene aún ese número tan elevado de alumnos en cada clase que yo tuve que sufrir. 

¡Hasta salté a la comba!

    Ahora tengo la compensación al menos de que con todas estas cosas inútiles que he aprendido a lo largo de mi carrera profesional tengo el bagaje necesario para jugar y ganar muchos quesitos en el Trivial o participar en un concurso de la tele. ¿Nunca os habéis fijado en la gran cantidad de profesores de inglés que hay en los concursos?

    Pero no se trata de eso. Al menos yo sé que sé algo más y que intenté enseñar algo más a mis alumnos.

La vida en el Instituto

   Mi padre nos decía que mientras terminábamos nuestros estudios superiores, que eran indispensables para tener un futuro en la vida, teníamos que aprender algo más: deberíamos aprender a escribir a máquina, deberíamos obtener el permiso de conducir y no debíamos olvidar lo importante que iba a ser saber idiomas. Yo decía a mis alumnos estas mismas cosas pero cambiaba el orden de prioridades; daba por supuesto que todo el mundo manejaba la tecnología y se sacaría el carnet de conducir pero no dejaba de insistir en que el inglés sería esencial para el futuro, más que el dominio de la tecnología, más que el permiso de conducir.  Siempre insistía en este tema: todos debéis saber inglés. Si domináis el inglés habréis recorrido la mitad del camino.

    Pero además de mi insistencia porque os manejaseis bien en inglés con trabajo constante en las clases y en casa, había otra cosa en la que también insistí siempre. Yo os decía, −Puede que yo no consiga enseñaros inglés, no pasa nada; me conformaré con que aprendáis lo que es el respeto hacia vosotros mismos y hacia los demás y lo que es el esfuerzo y la educación. 

    Pero esa es toda mi sabiduría. Por eso nunca esperé que me invitaran a dar esta charla de despedida y sin embargo me he animado y aquí estoy.  

Lola, nuestra mascota

    Quizás es que yo sepa algo.  Sí, creo que se más de la vida de mis alumnos que el resto de mis colegas profesores.  Os he hecho tantas preguntas en estos años de las que de verdad ignoraba las respuestas que he descubierto cosas de vosotros que a lo mejor ni siquiera vosotros sabíais.  A ver ¿Quién te ha preguntado alguna vez quién te enseñó a abrocharte la chaqueta, cuál zapato te quitas primero, qué disco no le prestarías ni a tu mejor amigo (porque te da vergüenza admitir que te gusta), qué recuerdo te evoca el color azul, dónde fue la última vez que te pusiste colorado, cuál es el sitio más raro donde dormiste una vez, a qué personaje famoso has conocido? Yo he preguntado esas cosas y muchas más.

    Ahora os tengo que aclarar algo. Fijaos que los profesores siempre preguntamos cosas a los alumnos, todo el tiempo, en clase, en los exámenes, siempre. Esto es absurdo ¿no? ¿Para qué preguntar algo si el profesor ya sabe la respuesta? Y los profes siempre se saben la respuesta, si no, no se atreverían a preguntar nada. Si tu profesor te pregunta la fórmula del ácido sulfúrico es porque él o ella ya lo sabe,  de otro modo cómo podría saber si tu respuesta es correcta o no.

    Pero los profes de inglés preguntamos cosas cuya respuesta desconocemos, así que el contenido de vuestras respuestas siempre será correcto - si esas respuestas son gramaticalmente 'casi' correctas, si se entienden.  

Escribo tu nombre en los chopos del patio
   Así con mis preguntas, obviamente para practicar inglés hablado,  yo supe que mis alumnas de la ESA en el Nocturno pasaban los fines de semana viajando a la ruta del bacalao en Alicante, que su bebida favorita era el Red Bull con Jack Daniel, que con tres de estas copas tienes para toda la noche, que una de ella era cocinera en un bar, otra cuidaba de personas mayores y otra limpiaba escaleras, que Ignacio una vez durmió en el suelo de un parking entre dos coches para no darle a su madre el gusto de verlo por casa antes de las ocho de la mañana, que el delegado de mi grupo de primero de bachillerato tocaba el chelo, que otro era campeón juvenil de ajedrez, otra alumna era escaladora y estaba entrenando y ahorrando para viajar a los Alpes, que José Luis procedía de Australia, que Fernando trabajaba de panadero en el horno de su padre en Peligros - un día nos trajo unas deliciosas cañas de chocolate que nos comimos todos a la hora del recreo-, que Liza era medio inglesa, que ….

Unas ricas cañas de chocolate - Gracias, Fernando

¡Cuántas cosas he aprendido con mis alumnos. Ellos, vosotros, me descubristeis grupos de música, libros, modas, películas. Por entender  vuestros gustos me leí Los Juegos del Hambre, la Comunidad del Anillo y Harry Potter, escuche rap y vi algunos trozos de películas de ciencia ficción y de terror y hasta vi la famosa serie de los vampiros, Crepúsculo, que me produjo auténtico pánico. 

¡Cuántas cosas he vivido por y con vosotros!

Mi corazón está lleno de todas estas vivencias que compartisteis conmigo.

Muchas gracias

martes, 11 de noviembre de 2025

Frío en la cocina

 En estos días de noviembre por la mañana entro en la cocina con la estufa en la mano porque hace tanto frío que no puedo desayunar sentada si no caliento la habitación un poco.  

Obras en la cocina
Garaje-cocina

La culpa la tuvo Isidro, el albañil. Cuando hicimos la obra, hace ya más de veinte años, quitaron el radiador que estaba detrás de la puerta y luego se olvidaron de ponerlo. Cuando ya estaba toda la obra terminada, hasta los muebles y los electrodomésticos instalados,  alguien preguntó - y el radiador, ¿donde lo vais a poner?

Todo casi terminado

No era cuestión de levantar el suelo otra vez para poner las tuberías; ya habíamos tenido bastantes problemas cuando Tomás, el sobrino de Isidro, que venía de aprendiz, se quedó encerrado en el último rincón de la cocina poniendo las losetas; parece un chiste, pero yo lo vi. Estaba descompuesto y empezó a llamar a su tío a voces para que le dijera cómo salir de ese agujero. Yo no quise ni ver el final de aquella historia. No sabía si echarme a reír o ponerme a gritar como Tomás, pero yo de pura hartura.

Dios mío, eran tan malos los de esa cuadrilla, Isidro, Antonio y  Tomás, el aprendiz, que yo solo soñaba con que se fueran de una vez aunque dejaran la cocina a medias.

Estuvimos un mes cocinando en el microondas y comiendo en el garaje y ya no podía aguantar ni un día más.



Así que ahora me traigo la estufa cuando voy a desayunar y me río sola, por no cabrearme, con la historia de la cocina sin radiador. 

jueves, 30 de octubre de 2025

Nada es igual

     The house is not the same since you left

The house is not the same since you left

The house is not the same since you left
the cooker is angry - it blames me

The TV tries desperately to stay busy

but occasionally I catch it staring out of the window

The washing-up's feeling sorry for itself again

it just sits there saying

'What's the point, 'What's the point?'

The curtains count the days

Nothing in the house will talk to me

I think your armchair's dead

The kettle tried to comfort me at first

but you know what its attention span is like

I've not told the plants yet

they think you're still on holiday

The bathroom misses you

I hardly see it these days

It still can't believe you didn't take it with you

The bedroom won't even look at me

since you left it keeps its eyes closed

all it wants to do is sleep, remembering better times

trying to lose itself in dreams

it seems like it's taken the easy way out

but at night I hear the pillows

weeping into the sheets.                   

Henry Normal  - English poet and TV producer 

Os traigo un poema triste y divertido a la vez. Espero que os guste.  Aquí está es la traducción al español:

La casa no es la misma desde que te fuiste

La casa no es la misma desde que te fuiste.

Las tardes no son lo mismo tampoco

La cocina está enfadada, me echa la culpa.

La tele intenta desesperadamente mantenerse ocupada,

pero a veces la pillo mirando por la ventana.

El lavavajillas se compadece de sí mismo continuamente; se queda ahí sentado diciendo:

«¿Para qué? ¿Para qué?»

Las cortinas cuentan los días.

Nada en la casa me habla.

Creo que tu sillón está muerto

Creo que tu sillón está muerto.

La tetera intentó consolarme al principio,

pero ya sabes cómo es su capacidad de atención.

Todavía no se lo he dicho a las plantas;

creen que sigues de vacaciones.

El baño te echa de menos;

apenas lo veo últimamente.

Todavía no se cree que no te lo llevaras.

El dormitorio ni siquiera me mira; desde que te fuiste mantiene los ojos cerrados.

Lo único que quiere es dormir, recordando tiempos mejores,

intentando perderse en sueños.

Parece que ha optado por la salida fácil,

pero por la noche oigo a las almohadas llorar entre las sábanas.

sábado, 11 de octubre de 2025

Herencias

 De mi tía María, mi madrina, heredé la máquina de coser. De su hermana Pilar, mi abuela, heredé el nombre y el mobiliario de mi dormitorio - pero eso es otro capítulo de esta historia.

La SINGER de mi madrina

El primer apellido de ambas lo utilicé como nick en mis primeras cuentas de Internet, Micheo. Ya sé que los apellidos se heredan de los padres, y este, en realidad, era el de mi abuela, pero cuando decidí usarlo en Internet lo hice como homenaje a mi madrina, a la que yo quería desde lejos porque cuando era pequeña me hizo buenos regalos para el bautizo y la primera comunión y me mandaba quinientas pesetas cada día de mi cumpleaños. Dinero que mis padres ingresaban en una cartilla año tras año, hasta que, cuando cumplí los 18, decidí usarlo para hacer un viaje. Como no me daba para mucho viaje,  lo empleé  en unas botas de piel marrones, de tacón alto y de caña alta, buenísimas y carísimas, que me duraron muchos inviernos y con las que yo me sentía más elegante que Nancy Sinatra cuando cantaba su famosa canción.

Heriot Watt University


Hubo otras botas, estas fueron otro regalo, pero de mi primera suegra, que destrocé durante su segundo invierno, cuando me las puse para ir a clase el mes de enero que me dieron la beca para estudiar en Edimburgo. Yo vivía junto al parque Meadows, que en esos días estaba  totalmente cubierto de nieve, y tenía que andar hasta  Chambers  St donde estaba mi facultad de Traducción de la Universidad Heriott Watt justo frente al National Museum of Scotland, donde yo pasaba horas muertas viendo los esqueletos y los objetos colgados del techo porque yo pensaba que no había ido hasta Escocia para estar encerrada en una sala de estudio traduciendo los artículos de EL PAÍS, DIARIO 16  y otra prensa, sobre el escándalo del aceite de colza desnaturalizada.  

Edimburgo - una foto de Tere

Con esos paseos diarios, mis botas se hicieron pedazos. Eran otras botas elegantes  que no estaban pensadas para andar sobre la nieve, pero es que mi primera suegra tampoco pensaba que yo fuera a viajar tan lejos (¡como si su hijo se quedara siempre en casa!) .

En Edimburgo, en mi piso de estudiante, descubrí que había que echar monedas al calefactor para que funcionara, y poner monedas en un tarro para llamar por teléfono y utilizar solo una balda del frigorífico. Allí también  descubrí que lo peor que le puedes hacer a unos zapatos mojados es ponerlos  a secar junto al radiador. Le salió un agujero en cada suela y el zapatero de  Kirk Road me dijo que ya las podía andar tirando, pero me lo dijo en inglés, claro.

Con la máquina de coser que heredé de mi madrina, me convertí en novelista.  Era una SINGER del siglo XIX maravillosa que se podía plegar sobre sí misma y cubrir con su tapa. Primero aprendí a usarla porque mi madre no me había dejado que usara la suya para aprender a coser a máquina, porque decía que le torcíamos las agujas,  le enredábamos las canillas y le perdíamos los hilos.

Con mi propia máquina SINGER hice un mantel, seis servilletas y dos cojines.  Luego la plegué y le puse encima un gran tablero sobre el que coloqué  primero mi máquina de escribir, que también fue una herencia, pero esta de mi padrino, y más tarde puse encima el ordenador. Como el monitor era tan grande y pesado tuve que ponerle  unos listones al tablero para que se quedar bien fijo sobre la máquina de coser. No quería que estuviera mal equilibrada y todo aquel tinglado se viniera bajo y se hiciera trizas como me pasó con la mitad de la vajilla cuando la puse en la mesa de la cocina que se desarmó al hacer mal la distribución de la carga. Claro que la culpa la tuvo aquella moda progre de hacer mesas con dos frágiles caballetes y un tablero de poca monta. ¡Yo no calculé que para poner la vajilla encima tuviera que estudiar alguna lección de física!

Así que con la máquina de coser, el tablero y la máquina de escribir empecé a escribir cuentos, artículos y algún poema. Dejé  la novela para más tarde.

Pero pronto encontré la inspiración en un cajón de la máquina cuando por fin decidí ver qué más cosas aquella máquina guardaba para mí, además de las canillas, el aceite para engrasarla, las agujas de repuesto, la lamparita que se atornillaba para poder ver bien la costura y los artilugios que mi madrina utilizaba para hacer jaretas, ojales y fruncidos.

En uno de los cajones encontré una carta, escrita en buen papel, con estilográfica y letra picuda. Fechada en agosto de 1953. Era un carta de pésame. Nadie me supo decir quién era la difunta y de quién era la firma. Pero así empiezan las novelas.

domingo, 14 de septiembre de 2025

Perdida

                              
      Caminaba por un pasillo con puertas a ambos lados. Yo me dirigía a la del fondo porque sabía que tras la última puerta estaba mi solución, la clave que me explicaría por qué yo era como era, pero aquellas puertas entreabiertas me atraían tanto que me hacían demorarme en mi misión.


La primera puerta me llevó al primer verano fuera de casa.
      En la segunda me perdí en un laberinto de papeles y burocracia. 

     
    Más adelante caí en el encofrado del aparcamiento de un edificio en construcción y caminé entre columnas de placas metálicas rellenas de cemento.

   
Pasé por un parque infantil. Los niños no me miraron.
       

 

    No sé por qué elegí la siguiente puerta, allí todo estaba oscuro y se oían susurros misteriosos. Un hombre con barba muy recortada de color castaño oscuro y ojos marrones claros me dijo que entrara y él me llevaría al éxito. ¿Qué es el éxito? --pregunté. El solo sonrió y yo volví al pasillo.


Llegué a las estrellas y allí me perdí durante mucho tiempo.