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martes, 11 de noviembre de 2025

Frío en la cocina

 En estos días de noviembre por la mañana entro en la cocina con la estufa en la mano porque hace tanto frío que no puedo desayunar sentada si no caliento la habitación un poco.  

Obras en la cocina
Garaje-cocina

La culpa la tuvo Isidro, el albañil. Cuando hicimos la obra, hace ya más de veinte años, quitaron el radiador que estaba detrás de la puerta y luego se olvidaron de ponerlo. Cuando ya estaba toda la obra terminada, hasta los muebles y los electrodomésticos instalados,  alguien preguntó - y el radiador, ¿donde lo vais a poner?

Todo casi terminado

No era cuestión de levantar el suelo otra vez para poner las tuberías; ya habíamos tenido bastantes problemas cuando Tomás, el sobrino de Isidro, que venía de aprendiz, se quedó encerrado en el último rincón de la cocina poniendo las losetas; parece un chiste, pero yo lo vi. Estaba descompuesto y empezó a llamar a su tío a voces para que le dijera cómo salir de ese agujero. Yo no quise ni ver el final de aquella historia. No sabía si echarme a reír o ponerme a gritar como Tomás, pero yo de pura hartura.

Dios mío, eran tan malos los de esa cuadrilla, Isidro, Antonio y  Tomás, el aprendiz, que yo solo soñaba con que se fueran de una vez aunque dejaran la cocina a medias.

Estuvimos un mes cocinando en el microondas y comiendo en el garaje y ya no podía aguantar ni un día más.



Así que ahora me traigo la estufa cuando voy a desayunar y me río sola, por no cabrearme, con la historia de la cocina sin radiador. 

viernes, 21 de marzo de 2025

Olores fantasma


Huele a lluvia
Con los años he ido perdiendo mis sentidos. Cada vez oigo peor, cada vez la comida tiene menos sabor, cada vez veo más borroso todo lo que me rodea -además de plagado de mosquitas voladoras-, el tacto... ya no sé ni qué es, y el olfato, ¿qué os voy a decir? No huelo nada. 

Así que me extrañé hace un año y medio cuando me perseguía un olor persistente a quemado y andaba todo el día preguntando  a Pedro ¿No hueles a quemado? --No, no, nada. - me respondía él.

Otros fantasmas, como mi persistente olor
Es cierto que cuando nos vinimos a vivir a esta casa si que olía a quemado, mejor dicho, olía a tostado. El tostadero que había a la vuelta de la esquina, detrás del parque, emanaba desde bien temprano los olores deliciosos de pipas, maní, almendras y otros frutos secos si el viento venía de esa dirección. Pero el tostadero se fue a otro rincón del polígono y nos dejó en su lugar una fábrica de aceite que también despedía el buen aroma de la almazara en temporada, y el mal olor del alpechín en otros desafortunados días. Al poco tiempo las dos empresas se mudaron a algún lugar lejano y sus olores se fueron con ellas.

Pipas, mani, almendras

Pero como os dije, hace quince meses empecé a oler a quemado permanentemente sin viento ni fábricas que me trajeran el olor. El olor lo llevaba yo en mi pituitaria fantasma. La verdad es que yo olía a almendras garrapiñadas. Si habéis paseado por el Pie de la Torre en Granada sabréis de lo que estoy hablando.

 Como me harté de semejante y empachoso olor me fui a ver a mi doctora y le dije,  --Tengo un olor fantasma. Lo sé porque lo he leído en INTERNET. Ella me respondió - No sé qué es un olor fantasma, nunca había oído a nadie decir eso. Y lo buscó en alguno de sus directorios médicos y lo encontró. Como ella no sabía cómo quitármelo me envió a la Otorrino, que sí sabía lo que era un olor fantasma y que me dijo que ya se me quitaría solo y mientras tanto que usara un nebulizador para limpiar la nariz por dentro y me comprara aceites con esencias y los oliera para distráeme del olor a almendras garrapiñadas. También me dijo que consultara con un neurólogo - pero me dieron cita para dentro de trece meses y lo dejé para otra ocasión- Me compré dos botes de esencias, uno con olor a lavanda y otro a mandarinas y los he ido alternando hasta que el olor de las almendras por fin desapareció.

¡Malditos trapos!
Pero, hace mes y medio me volvió el olor fantasma. Algo olía a húmedo en la casa, sobre todo en la cocina. Y no es por la lluvia que tenemos, porque mi olor viene de unas semanas antes.  Busqué en todos los armarios de dónde podría venir el olor; miré en el cesto de las patatas, en el frutero, debajo del fregadero y detrás del friegaplatos e incluso limpié y corrí la lavadora por si acaso había agua encharcada bajo los electrodomésticos, pero todo estaba bien y el olor seguía, y no solo en mi cabeza, ¡¡Pedro también lo olía!!  La lluvia se estaba ya anticipando. Eso era lo que yo pensaba. "Ya viene el agua por el oeste." Sería eso, pensé yo.

Pero mis olores fantasma no eran tales, en esta ocasión fueron reales y esta es la historia:

Les tuve que dar un buen fregado

Con estos fríos. el jueves decidí preparar un buen cocido. Me apetecía algo caliente y consistente. Puse los garbanzos en remojo la noche antes, compré los avíos en la carnicería, y la verdura en la frutería de aquí al lado y me dispuse a hacer de cocinera. Cuando abrí el enorme cajón de las ollas y cacerolas el olor me dió un bofetón en la nariz.  Cogí la olla express rápidamente, antes de que me mareara y al abrirla, allí estaba el origen de mi pesadilla: un trapo húmedo que debía de llevar en el fondo de la olla una buena temporada. Como el invierno, hasta esta racha de tormentas, ha sido muy templado, no he cocinado guisos contundentes y no he necesitado la olla express, y se ve que tampoco eché en falta el trapo. 

El trapo en el fondo de la olla no es más que otro ejemplo de mis monumentales despistes, como cuando encuentro el azucarero en la nevera, la mantequilla en el cajón de la verdura, el mando a distancia en la papelera, el destornillador guardado con los cubiertos, o las bombillas rotas en el cubo de los papeles ..... 

Los años. La vida. 

Que tengáis una buena semana


martes, 10 de mayo de 2016

Huevos revueltos

¡Me apetece un huevo!
Así es la publicidad: sorprendente, rozando lo políticamente incorrecto, a veces simpática, la mayor parte del tiempo ingeniosa, aburrida en la tele y en la prensa... ¿Pero todavía hay gente que lee la prensa?
Advertising is big business
Gran contraste

Sin comentarios
Políticamente incorrecta

Esto es un huevo frito con patatas  moderno
 






Pero hoy no voy a hablar de la publicidad, sino de huevos. Chocante ¿verdad?
Una vez me confundieron con otra persona. Iba yo camino del Instituto, entonces era alumna, por la calle P. A. de Alarcón, que mantenía algunos negocios y mucha suciedad de cuando en aquella zona - donde hoy está la facultad de Ciencias- estaba el Mercado de Abastos y había pollerías y grandes tiendas de verduras.  Un hombre se acercó a mi y me preguntó ¿Eres hija de Horacio, el de los huevos?  Yo pasaba delante de su tienda de pollos y huevos todos los días con cara de zombi, no de hija de Horacio, el huevero,  y no supe que responderle. Creo que no dije nada, me dejó sin palabras.


Hace solo unos años los de la Granja de la Cartuja, un centro de empleo para personas disminuidas psíquicas y físicas, venían a vender sus productos por las casas en una furgoneta. Tenían gallinas y cabras y yo solía comprarles productos frescos todas las semanas. Un día Ara abrió la puerta cuando sonó el timbre y a voces avisó:  ¡¡Pili, están aquí tus amigos de los huevos!!! 

Creo que me persiguen y se que te los puedes encontrar en cualquier sitio y de cualquier forma. 
Yo hoy os traigo unos pocos.   Es mi particular homenaje a los huevos.
Un huevo para coser calcetines


Tapas
Tapas con huevos

 
Remojón
En remojón - ensalada de naranja y bacalao
Picinic  playa - La tortilla es del Mercadona, las piernas, de Isa P

Huevos rellenos - de toda la vida


Y otro día me encontré este adorno en una ventana

 
Huevos tristes y alegres
 
Tapa elegante

Huevos de Pascua en Berlín
Nico
Nico cortando la tortilla
Huevo indiferente
De patatas

Dos fritos - para las habas
Huevos de marmol
De espinacas
Un elegante huevo cocido  - Centro Niemeyer en  Avilés


Solo quería publicar mi colección de fotos de huevos y provocaros una sonrisa.   

sábado, 10 de enero de 2015

Mi déjà vu

La Ley de Murphy siempre se cumple y si algo puede salir mal, saldrá mal. Por eso el día que mas interés tienes en que la comida quede perfecta, se rompe el horno. 
Nuestra vieja cocina

Eso sucedió en casa hace unos días. Esperábamos a Ara y Yai a comer y yo había preparado un enorme pargo, que había tenido dos días descongelando en la nevera.

Encendí el horno con mucho tiempo de adelanto para asar el pescado, y fue, literalmente, encenderlo, porque empezó a soltar humo como si fuera un horno de leña. No solo salía humo, sino también unos sospechosos olores a plástico quemado.  Por miedo a que aquello ardiera por los cuatro costados y nos asara a nosotros, lo apagué y lo miré fijamente tratando de averiguar qué había pasado. 
Se acabó; el horno a freír puñetas, o asarlas. Se cumplió su ciclo de obsolescencia programada, y ya había durado mucho: ¡¡Veinte años!!
¡Que pinta!

El bicho me miraba desde su bandeja, tan guapo, tan bien decorado, con sus rodajitas de limón y sus patatas, cebollas y tomates, su perejil....
¿Que podíamos hacer?  Nos habíamos quedado sin comida y con un hermoso pargo diciendo, cocíname, cocíname.
Así que llamé a Maricarmen  y nos fuimos todos en el coche a su casa, con el bicho en mis brazos y en su bandeja, bien tapadito  para que no se estropeara.

Lo que es la técnica. Su horno funcionaba maravillosamente, y en 30 minutos el pescado estaba ya listo para comérselo. ¡Gracias de corazón!
Aquí lo podéis ver:
El pargo en el horno de Maricarmen
Preparado

Volvimos con nuestro pargo y nos lo comimos tan ricamente. Mmm.... ¡Buenísimo!

Por supuesto al día siguiente fuimos a comprar uno nuevo. Y ya puestos, como siempre pasa, una placa de cocina nueva y la correspondiente colección de ollas y cacerolas, porque las antiguas ya no servían. 
Cuando salimos de los famosos 'Grandes Almacenes', de pronto sentí que era demasiada compra a estas alturas de la vida. Y tuve un 'déjà vu'.  ¿Pero cuándo había vivido una situación similar de pensar que no tendría tiempo de disfrutar de una nueva adquisición?
Y de pronto lo recordé. No fui yo, fue mi amiga Maud. Cuando ella compró una sillas nuevas para su comedor, una amiga, mas bien enemiga, le soltó, ¿Pero cómo se os ocurre compraros sillas nuevas a vosotros, que ya sois mayores? ¡Menuda impertinencia!
Espero no ser nunca muy mayor para estas u otras cosas. Y confío en no tener 'amigas' como las que tenía mi buena amiga Maud.

jueves, 14 de julio de 2005

Mis viajes



Ya se que me falta mucho mundo por conocer, pero hoy por hoy me conformaría con poder ir a la sierra y dar un buen paseo bajo los pinos.
Este es mi  punto de vista


Aqui pongo una foto de mi paisaje cotidiano. Al menos tengo sol, cielo, agua, aire y un poco de verde. ¡No me puedo quejar!