En la leonera en la que se ha convertido mi estudio estoy intentando montar un álbum de fotos para regalárselo a Nico por su cumpleaños.
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| La portada |
Hace dos días llevé las cincuenta fotos de Nico o con Nico que
he rescatado de mis archivos a que me las imprimieran en el estudio fotográfico
de mi pueblo. La señora parecía estar contenta de que alguien pasara por allí con
un encargo diferente a los que ellos suelen realizar. Son especialistas en
temas BBC. Ya sabéis Bodas, Bautizos y Comuniones-. Yo solo quería unas
fotos para un álbum ¿habrá algo más viejuno que eso?
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| La última página |
Por eso mi mesa de trabajo ahora parece una leonera. Al menos eso es lo que decía mi madre cuando entraba en nuestro desordenado cuarto donde dormíamos, estudiábamos y nos peleábamos las cinco hermanas que lo compartíamos. Esa era su frase: --Este cuarto parece una leonera. ¡Y era verdad!
Así estaba yo en mi
estudio, rodeada de fotos, cartulinas, pegamento, tijeras, rotuladores y no sé
qué más, cuando, de repente, la impresora empezó a hacer ruidos
sincopados, parecidos a los del lenguaje MORSE durante un buen rato. Parecía
que se quisiera comunicar conmigo o como si tuviera un poco de resfriado y
estuviera tosiendo.
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| Señales del Más Allá |
Yo no la he usado desde hace unos días porque me he quedado
sin tinta, así que cuando he oído esos ruidos, me senté en el taburete
rojo de IKEA frente a ella y le dije muy seriamente:
-- ¿Me vas a mandar las coordenadas o me vas a imprimir
un mensaje? (Espero que recordéis
la película INTERSTELLAR) Y me he quedado tan tranquila esperando más
señales. Pero no ha vuelto a decir
nada.
Pero sí que me ha dejado un mensaje que comprendí en parte por
la noche, cuando a la vuelta de mi paseo en Granada, me encontré la casa
completamente a oscuras. Y aparentemente yo era la única de la calle que no
tenía luz.
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| Misterios como la física cuántica |
Menos mal que el vecino del final de la calle tenía el mismo
problema, por eso la compañía aceptó que yo no había hecho saltar los plomos,
que la culpa era de ellos por esos apagones relámpago que sufrimos en mi barrio
con frecuencia.
Mi vieja impresora si notó que la luz se estaba yendo y viniendo en fracciones de segundo y por eso carraspeó para decirme. ¡Ten cuidado cuando vuelvas! ¡NO HABRÁ LUZ!





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