domingo, 7 de junio de 2020

Este año no tenemos Corpus

¿Pondrán las luces?
Este año no habrá Corpus, lo mismo que no hubo Semana Santa, ni Rocío, ni Feria de Sevilla, ni San Fermín. No vendrán los turistas. No saldremos al extranjero. Este año no habrá verano, no habrá viajes, no habrá playa. No las habrá como las había antes.
Nos levantamos pensando qué pasará este verano, a quién veremos a dónde iremos, cómo será la nueva vida, cómo iremos de compras, cómo pasearemos por las calles de las ciudades. 
No sabemos qué pasará en septiembre cuando empiecen los colegios, no sabemos quien seguirá apareciendo en la tele para regañarnos o informarnos. No sabemos nada.... 
Este año no habrá fiestas
El ferial desde la carretera - Torre de los bomberos


Hoy volvía yo de Granada en el metro en un viaje tranquilo porque aun estamos en la FASE 2 y en el transporte público hay pocos pasajeros. Cuando el metro reanudó la marcha en la parada frente a la torre de los Bomberos, me puse a darle vueltas a la cabeza sobre estos temas hasta que llegué a mi destino. 
Fue por la conversación que mantenían mis dos vecinas del vagón que hablaban casi a gritos entre ellas y ya de paso con todos los demás viajeros.
  
Tengo pesadillas con Peppa Pig, y con Chase y con los Minions ....
 ¿Habrá tómbolas?
     Estábamos en la parada JAÉN, la que hay justo frente al Salón del Reino de los Testigos de Jehová y a los bomberos y la señora que estaba sentada detrás de mí se acordó de la feria del Corpus
Supongo que es porque en Granada hace ya mucho tiempo que montan el Real de la Feria, las casetas y las atracciones, justo detrás del Cuartel de los Bomberos y para estas fechas ya se verían los cacharros y la portada desde el metro. 

¿Habrá gente en la Plaza Bib-rambla?

El pulpo
¿No habrá 'pulpos'?

--Este año no tenemos Corpus--, dijo la señora con la mirada fija en la torre de entrenamiento de los bomberos.
-- Bueno, no pasa nada--, le gritó su amiga, sentada a la correcta distancia social.  --¡Además, este año iba a llover!-- 





jueves, 4 de junio de 2020

La rebusca


Rebuscando ajos
 Por esta época del año Salvador traía ajos y cebollas a casa de mis padres. Más adelante, eran patatas. Por diciembre, unos kilos de aceitunas para verdeo, y, durante todo el año, según la temporada, nos traía también fruta: granadas, higos, membrillos, caquis, almendras o nueces y lo mejor, higos chumbos, que Catalina nos pelaba.No eran de su cosecha propia, pero tampoco las había comprado ni, mucho menos, robado
      Catalina, su mujer, trabajaba en casa ayudando a mi madre en las tareas y nos quería a todos los hermanos y hermanas con toda la fuerza de su fuertes brazos. Nos chillaba y regañaba con la misma confianza con la que trataba a sus hijas - tenía cinco.  Nosotros la tratábamos de usted, siguiendo las estrictas instrucciones de mi padre al respecto, pero la queríamos y la considerábamos parte de nuestra familia. Ella nos descubría cosas de la vida y nos contaba historias del pueblo que habían dejado para buscarse la vida en la ciudad, la capital.  Lo mejor de su pueblo eran las fiestas para el 25 de julio que duraban cuatro días grandes, lo que dice el refrán: Santiago, Santa Ana, Santa Anilla y su hermanilla.
Recogiendo los ajos en la Vega de Granada
Empezamos con los ajos
   Por entonces, eran los años 60, los campos se llenaban de gente rebuscando cualquier fruto de la tierra cuando terminaban las cosechas porque entonces había mucha necesidad. Esos nos decían.

     Salvador rebuscaba  en el campo para su familia y también nos traía a la nuestra. Cuando aparecía en mi casa con una talega llena de ajos, patatas o cebollas, mi padre se azoraba y no quería aceptar aquel regalo de ninguna manera. Pero hay regalos que no se pueden rechazar y ese era uno de ellos.
       Mi padre, que nos daba continuas lecciones de moral, nos decía que rebuscar en el campo era correcto, que coger los ajos, cebollas, patatas, aceitunas o lo que fuera que quedara abandonado sobre la tierra no era robar, era rebuscar.  Eso era lo que hacía Salvador. Iba a la rebusca.    
       Mi padre siempre quiso enseñarnos a ser honrados. Él practicaba con el ejemplo. Él lo era. Creo que nos enseñó bien.
Cortando los ajos - Bien protegido
   Así que yo cojo las manzanas que crecen en el árbol fuera de la tapia, los higos de las higueras del borde de los caminos que no son de nadie y las almendras de los viejos almendros abandonados en estos campos andaluces. 
Envasando los ajos
       Pero, hoy, además, hemos rebuscado AJOS y aunque nos hemos traído un buen  puñado hemos dejado allí muchísimos más para los próximos rebuscadores, los próximos ciclistas o paseantes que los vean entre los terrones secos del haza.
En estos últimos días de paseo por la Vega habíamos visto cómo los tractores arrancaban las matas de la plantación de ajos y las dejaban en la tierra para que se secaran. La otra mañana vimos a los trabajadores temporeros de la Vega sentados en el suelo; cortaban las hojas a las matas y colocaban primorosamente las cabezas de ajos en unas cajas de plástico. Ya estaban los ajos preparados para el mercado de mayoristas. 
Cortando los ajos - Temporeros - Inmigrantes
     Eran ecuatorianos, peruanos, colombianos. Eran mujeres y hombres de piel oscura, con la cara y la cabeza cubiertas, bien protegidos del sol, del polvo del ajo y del coronavirus.

Mis ajos rebuscados antes de limpiarlos
 Los ajos que estos trabajadores dejaron atrás son los que hemos cogido. Y yo, mientras rebuscaba ajos entre las gavillas de la paja abandonada en el campo, como el que rebusca setas,  me he acordado de Salvador, de Catalina y de mi padre. Y he dicho: yo no estoy robando y esto podría hacerlo gente que lo necesitara más que yo; pero por allí no va casi nadie y yo no lo entiendo.


jueves, 28 de mayo de 2020

Clases en la cola

¡Han vuelto! - Eurocopter colibrí Patrulla ASPA
        Los helicópteros forman parte del paisaje cotidiano en esta ciudad de Granada. Llevamos años oyéndolos y viéndolos por encima de nuestras cabezas. Todos sabemos que son las  prácticas de vuelo de los alumnos de la Base Aérea de Armilla o bien son los helicópteros de la Patrulla ASPA
         En esta ciudad tenemos muy pocas industrias. Vivimos del turismo y de la Universidad y también tenemos una base aérea militar donde se estrenan los futuros pilotos de la aviación española. Por eso no nos quejamos. El ruido es parte de nuestra vida y ya ni levantamos la cabeza cuando los oímos pasar una y otra vez durante su periodo de entrenamiento.
         Ahora, sin embargo, los ruidos son diferentes. Ya no hay aviones ni helicópteros en prácticas en el cielo, ahora solo se escuchan los pájaros y de vez en cuando nos llega el familiar sonido de un helicóptero aislado y una avioneta. Hay días que se oyen los dos, otras veces solo uno.
         Ayer pasó el helicóptero por encima de nuestras cabezas cuando yo estaba en la cola de la frutería donde hago mi escasa vida social de barrio en estos días. Un hombre  explicó a quien quisiera escucharle que los helicópteros 'nos están vigilando y las avionetas nos fumigan con un liquido desinfectante' y lo dijo con conocimiento de causa, a juzgar por la seguridad con la que hablaba. No esperaba aprender esas cosas en la cola de la frutería.
         En  los días más oscuros del encierro, cuando solo salía a hacer la compra una vez a la semana, oí lo que una señora muy asustada le comentó a su vecina de cola -- Yo te digo que cuando los críos vuelvan a la escuela, otra vez volverá el bicho --.  Yo estaba detrás de ella esperando mi turno para entrar y pensé que una señora en la cola del Corte Inglés probablemente hubiera dicho, -- Cuando los niños vuelvan al colegio, repuntará la pandemia --. Así que aprendí que hay muchas formas de decir lo mismo.
Le faltan tildes, le sobra mala leche
         Hoy durante nuestro paseo matinal para hacer deporte hemos caminado por los caminos cercanos de la Vega. En una tapia, alguien se quejaba del exceso de paseantes por la zona.  En esta ocasión la pared de una casa medio en ruinas ha sido mi pizarra para aprender.  Me ha costado un rato, pero al final lo entendí. ¿Y vosotros?

         Me gusta escuchar a la gente en la cola o antes en el metro porque siempre aprendo algo interesante. Hoy he cambiado de aula.

sábado, 16 de mayo de 2020

Ya estoy harta y no soy la única

¿Cuándo volveré a viajar en metro?
    Esta mañana durante nuestro paseo diario, me fijé en las tres señoras mayores que caminaban delante de nosotros por la acera, cada una tenía un manera especial de arrastrar los pies, las zapatillas y su ánimo. Iban juntas pero hacían como si no se conocieran, no hablaban entre ellas y mantenían la distancia social requerida. Yo las observaba porque nosotros tampoco teníamos ninguna prisa y no pensamos ni por un momento en adelantarlas. Hacia una buena mañana para tomar el aire de la calle y, aunque casi era la hora de volver a casa, yo le sugerí a Pedro hacer algo de compra antes de encerrarnos de nuevo; cualquier excusa es buena para no volver al encierro. 
    Pero se ve que no somos ni muchos menos los únicos hartos del confinamiento. Justo en el momento en que llegamos a la rotonda donde se cruza la calle por donde íbamos con la carretera de Granada, el metro pasó lentamente delante de nosotros. Entonces, la señora que iba delante de las tres, ya no pudo aguantar más y se volvió a sus amigas - Cuando esto pase, vamos a pillar el metro y nos vamos a ir a comer churros a Graná. 
O me voy a ver a los patos
 
Me comeré unos churros

No sé qué les pareció la sugerencia a las otras dos señoras porque en ese momento las tres amigas volvieron sobre sus pasos sin decir ni una palabra y emprendieron el camino de vuelta sin delatar su amistad. 
Me voy con ustedes
   Nosotros nos dirigimos al supermercado, pero cuando me volví hacia ellas y las vi alejarse pensé que me hubiera gustado decirles,  - Señora, cuente conmigo. Yo también quiero pillar el metro para ir a Graná a comer churros, a ver el río y los patos, a pasear por la calle Recogidas, a sentarme en un banco de la plaza Bib-Rambla, a sacar perros al sol, o a lo que haga falta.