Mostrando entradas con la etiqueta tienda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tienda. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de enero de 2022

Víspera de Reyes

Tejidos y novedades

 Decidí trabajar en la tienda de mi tía durante las vacaciones de Navidad porque quería sacar dinero para pagarme el viaje de fin de curso; no sabía que además de aprender a vender ropa y juguetes y a envolver regalos, aprendería también una lección de vida y de política. 

Me convertí en una experta en envolver regalos

 Aunque aparentaba modernidad, era una tienda de las de toda vida y eso yo lo notaba en el género que vendíamos, el personal y las clientas. Digo clientas porque allí solo entraban señoras de mediana edad y de clase media. La tienda estaba en el centro de la ciudad y su clientela era de la zona. No era la mas barata, pero tampoco la mas cara.

No me fue mal en la tienda, aprendí mucho de mis compañeros de trabajo que no eran temporeros como yo. Recuerdo a Carmen y a Castaño. Ella llevaba la sección de ropa de señora y niños y él era nuestro jefe de personal y era quien distribuía los trabajos según las necesidades de la tienda. Los primeros días me asignó la sección de ropa interior y aprendí a distinguir las combinaciones de los visos o las fajas de cuerpo entero de las que solo eran culotes. Yo le echaba paciencia a las señoras, pero no podía asesorarlas porque yo de esas prendas aun sabia muy poco.

El cine Goya por esos años

Durante mis primeros días vendí ropa, pero pronto empezamos a vender juguetes. Una tarde cuando cerramos la tienda, vaciamos las mesas que estaban junto a la escalera de la entrada de camisas, jerséis y pantalones y pusimos sobre ellas camiones, construcciones y muñecas.

 De un día para otro parecía que había cambiado de tienda, pero solo había cambiado la temporada. Acabábamos de empezar la autentica campaña de Navidad, Navidad a la española, donde los juguetes y artículos de regalo se empezaban a vender y comprar a partir del día 25 de diciembre. Entonces nadie conocía a Papá Noel, solo teníamos Reyes y sin exagerar.

Fueron jornadas largas e intensas. La primera mañana que tuve que pasar cinco horas de pie, acabé tan cansada que cuando llegué a casa a comer me senté en un taburete en el office, junto a la mesa de mármol donde Catalina planchaba hasta los vaqueros y le dije a mi madre --De aquí no me muevo hasta que no sea la hora de volver a la tienda. Estoy agotada; no puedo con mis zapatos ni con mis pies. No sabia que estar tantas horas de pie era tan agotador. No puedo con mi alma. Por favor, dame un plato de comida. Comeré aquí-. Y ella me entendió y lo hizo así.

Ropa interior de señora de la época

 ¿Cómo iba yo a saber lo que era estar de pie de 9.30 a 14.00 y de 15.30 a 21.00? Yo era una estudiante de instituto y solo sabia lo que era estar sentada todas las santas mañanas de todos los días de la semana, mes tras mes, año tras año. ¿Estar de pie? No sabía nada. Nada de trabajar, hablar, atender, cuidar, ordenar, ser amable, ser paciente. No sabia nada y todo eso lo aprendí durante las dos semanas que trabajé en aquella tienda tan variada.

Hice amigos y me llevé bien con mis compañeros. Carmen nos enseñaba el trabajo a mis dos primos y a mi, todos novatos. Ella nos explicaba las tallas, las composiciones de los tejidos, el sistema de ordenación de las cajas de las camisas, corbatas, calcetines, pijamas y bragas. Nos  reíamos con ella por nuestras meteduras de pata. Ella nos cubría con Castaño y con el dueño de la tienda y gracias a ella sobrevivimos bien en un ambiente tan nuevo para mi.

Vendíamos prendas  muy parecidas, ¡pero no en euros!
 
Solo lamentaba saber que mis amigas estaban de paseo o de compras durante todas esas horas que yo pasaba allí. Ellas disfrutaban de las vacaciones y a veces se pasaban a verme un momento simulando estar interesadas en esa moda para mayores que vendíamos allí. --No, gracias. No era eso lo que buscaba para mi madre.-- me decían. Y subían las escaleras riéndose y diciendo adiós con la mano. -- Nos vemos el domingo.

 

Nos convertimos en una tienda de juguetes

Yo en realidad no las esperaba a ellas, me daba igual verlas que no. Yo soñaba con que el niño que me gustaba apareciera por allí y me imaginaba que bajaba las escaleras del sótano donde estaba la tienda, buscándome desde lo alto entre los empleados, se dirigía a mi y me decía - ¿A que hora sales de trabajar? Pero eso no pasó nunca. 

Recuerdo la víspera de Reyes. El día fue eterno y agobiante. La tienda estaba a rebosar de gente que hacia sus ultimas compras como si no hubieran tenido tiempo para hacerlas antes. Se habían agotado las muñecas parlanchinas, los juegos de mesa y los camiones volquete. Pero la gente compraba y compraba lo que fuera casi sin mirarlo, y sin mirar los precios. 

Albóndigas con patatas

La noche del 5 de enero la tienda cerraba muy tarde y los empleados fuimos a cenar por turnos a un restaurante cercano donde el dueño nos había dejado la comida pagada. Era el Restaurante los Manueles, en la Plaza del Carmen. Teníamos la mesa preparada y nada mas sentarme a ella me pusieron un plato de sopa y unas albóndigas con patatas. Creo que son las mejores albóndigas que he probado en mi vida. Luego supe que era un restaurante muy famoso en Granada, pero yo entonces no tenia ni idea de nada y de comer fuera de casa menos aun.

Fantasmas del pasado

 Apenas se cerraron las puertas y en menos de una hora habíamos despejado todas las mesas y mostradores de juguetes y regalos y volvieron a aparecer todos los artículos de ropa que habitualmente las ocupaban, pero además encima de los montones de camisas, jerséis y pantalones colocábamos carteles con los nuevos precios. REBAJAS. Al día siguiente era el día de Reyes, pero el día 7 empezaban las Rebajas y todo se quedaba preparado desde esa noche del día 5.  Yo si que no estaba preparada para estos cambios. 

Volví a la tienda el  día 7 muy temprano, estaba incluido en mi contrato particular.  Tenia que vender ropa como hice los primeros días y ese primer dia de Rebajas se esperaba mucho publico.  Todos los empleados nos colocamos como para pasar revista y cuando el dueño vio que todos estábamos en nuestro lugar, mandó a Castaño a abrir las puertas del establecimiento.  Entró la avalancha humana:  una masa compacta que bajaba las escaleras a toda velocidad. Al llegar a la tienda las señoras se repartieron entre las mesas como un río desbordado que llegara a una gran llanura. 

¡¡¡REBAJAS!!!

Lo peor no eran las clientas desesperadas por encontrar gangas y peleándose por camisones a 200 pesetas, que revolvieron toda la ropa en diez minutos; no, lo peor eran los padres que llegaban con un camión, un coche o una excavadora bajo el brazo a protestar o devolver los juguetes que ya no funcionaban.  Yo podía atender a las ventas de las rebajas, pero no sabia qué hacer con las reclamaciones  de los juguetes. En el fondo me daban mucha pena porque ya me había dado cuenta cuando los había vendido que eran malos, que estaban defectuosos y que no durarían ni cinco días. Pero no habían durado ni dos siquiera.

Trabajé exactamente 12 días, los doce días laborables de las vacaciones de Navidad.  Mi tía me pagaba 100 pesetas al día, así que gané 1200 pesetas. Nunca había tenido tanto dinero en mi vida. Mi padre me lo ingresó en la misma cartilla de ahorros en la que había ingresado durante varios años el dinero que me mandaban mis padrinos por mi cumpleaños. Yo me sentía feliz porque tenia dinero para el viaje de estudios que haría con mis compañeros del Instituto cuando acabara el curso.

Habíamos planeado ir a Madrid o quizás a París, si había suerte. Elegimos a un pequeño grupo de compañeros que se encargaban de las finanzas. Ellos recogían el dinero de la lotería, de las fiestas en la boîte de la Piscina Neptuno, de las rifas, de la venta de polvorones y de cualquier otra actividad que se nos ocurriera. 

Los días del curso pasaban con clases y exámenes. Ya nos conocíamos mejor e íbamos afianzando las amistades que quizás nunca perderíamos, pero también las enemistades. Recuerdo los rumores que circulaban sobre el dinero que habíamos recogido. Nadie sabía cuánto dinero teníamos en nuestra hucha pero todos vimos como Domingo, el que la guardaba, apareció aquel invierno con una magnifica cazadora de cuero y unas botas de última moda, cómo nos enseñaba los discos que se había comprado y nos hablaba de las discotecas que frecuentaba.

Torpes, ingenuos, tontos.  El curso acababa y la comisión se había disuelto. El único responsable del dinero, Domingo, lo había disuelto también y  se perdió con su cazadora nueva y sus botas, sus discos bajo el brazo y su colección de asignaturas suspensas. No volvimos a saber de él. 

Al final no pudimos hacer el viaje. Lo poco que quedó en nuestra hucha común solo nos pagó una cena fría en una cafetería frente a los Jardines del Triunfo. Como con las albóndigas de la Víspera de Reyes, aun recuerdo el sabor de la ensaladilla rusa y de la decepción.

Un día, unos años mas tarde, su foto apareció en el periódico, no en la sección de sucesos como un chorizo más, que en el fondo lo era, sino en la sección de política local. Domingo había sido elegido como concejal de urbanismo por uno de esos partidos pequeños y efímeros que abundaron al principio de la transición a la democracia. Ya no llevaba puesta su cazadora chula, pero él seguía teniendo el mismo aspecto de chulo que cuando era mi  compañero de instituto y nos robó nuestro dinero y nuestras ilusiones.


viernes, 19 de febrero de 2016

Clases de cerámica - 1ª parte



Mis profesores de cerámica  de la Escuela de Artes y Oficios eran unos señores de cierta edad que pertenecían a una familia de alfareros de toda la vida, los Morales Alguacil.  Tenían una fábrica de cerámica de Fajalauza en la carretera de Murcia y eran unos auténticos maestros alfareros.
Cerámica de Fajalauza - Colección de la autora
Uno de ellos de vez en cuando se subía en aquel altísimo torno manual que había en el aula y nos hacía una perfecta demostración de su arte.
El famoso jarrón - Cortesía Internet
En una ocasión le vi hacer un jarrón del tamaño y forma del de Las Gacelas, que se puede ver en el Museo de la Alhambra, de un tirón llegando a ponerse de pie en el taburete del torno para levantar toda la pella de barro. Cuando ya estaba terminado, lo rompió y echó todo el barro a la tina donde se guardaba para reutilizarlo después de ser amasado un buen rato. 
Nos quedamos con la boca abierta. Tanto esfuerzo era solo para enseñarnos qué cosas se podían hacer con el torno y qué cosas sabia hacer él, Don Agustín, nuestro maestro.
Una vez en Túnez, también vi a un muchacho en un torno alto elaborando piezas para los turistas. ¡Era espectacular! 
Alfarero de Túnez

Yo nunca levanté más de 10 centímetros con el torno. Mi única obra de alfarería con el torno fue un lapicero que desapareció en una mudanza.
Mi espejo

El famoso plato
Pero hice otras cosas en la clase de cerámica. Aquí os enseño algunas, Con la técnica de la cuerda seca decoré un marco de espejo, un plato, algún colgante hippy y un mosaico para una mesita de jardín que se hizo mil pedazos en un día triste. Menos mal que Isa me hizo un precioso mural de diseño para sustituir el de mi mesa roto, que era solo una abstracción de un huevo frito.  También modelé un mural con agujeros que luego cubrí de esmalte color gris piedra. No quedó bien. De hecho lo colgué en la entrada de casa, encima de las macetas de los rododendros y nadie se fija en él. Mejor. 
Parte de la colección
Y luego olvidé la cerámica. Me limité a traer platos de recuerdos de los viajes o me los traían los amigos. Así junté  una buena colección que pusimos en el hueco de la escalera. ¡¡Menos mal que tenemos escalera!!

Hace unos años intenté volver al tema y Pedro me regaló un torno eléctrico. Ya os hablé de él: 'Tengo el Corazón partío'. No fue un buen momento. Me había dado ya por las fotos y aunque Nico y yo trabajamos con el torno durante un tiempo en el sótano, ahora está allí almacenando polvo, un trasto mas entre los mil trastos que se acumulan. Pienso ponerlo en funcionamiento pronto, creo.
Otro trasto más del sótano

Pero ahora que he vuelto a clases de cerámica, todo es diferente. Mi profe se llama Carmen, es joven, entusiasta y una gran artista. En sus clases nos enseña las técnicas y los materiales de la cerámica, cuerda seca, la falsa y la real, los esmaltes, los óxidos, el engobe, el modelado y muchas cosas más. Pero sobre todo me encanta su paciencia, su manera de alentarnos todo el tiempo y, por supuesto, su gran creatividad. Creo que es una artista y os recomiendo que os paséis un día por su tienda taller para admirar y comprar algunas de sus hermosas creaciones. Se llama Oficina de la Cerámica y está en el Camino de Ronda en Granada, junto a la parada de metro (je!) de Alcázar Genil
En ese link podéis ver su perfil en el facebook y en la página Ceramic Postal podeis ver algunas de sus creaciones. Seguro que os encantan.
Hoy solo os pongo unas fotos del taller - tienda de Carmen.
El escaparate

La obra de Carmen

Esta historia continuará. ¡¡Lo prometo!!

martes, 23 de diciembre de 2014

Estos días de Navidad ...

No me gusta la Navidad. Pienso que en estos días solo lo pasan bien los niños y si ellos no están cerca,  a mi se me hacen las fiestas eternas. Quizás sea también porque ya la Navidad no es para mi tiempo de vacaciones y no aprecio lo de no tener que ir a trabajar.
No lo se, pero me encuentro mal en Navidad. Estoy esperando que todo este follón acabe lo ante posible.
Mientras tanto, le saco el partido que puedo. De entrada, este año, como he sido muy buena, Papá Noel me ha traído un fantástico regalo, Y como he sido superbuena, me lo ha dejado en el calcetín unos días antes del 25 de Diciembre para que lo disfrute ya.
Mi nuevo objetivo 50mm 1.4

Con este maravilloso objetivo os voy a hacer unos retratos que ni el Hamilton ese famoso, ni Cartier Breson, ni Helmut Newton, ni la Mágnum entera, ni los "100 fotógrafos que pueden inspirar tu próxima fotografía" según el blog del fotógrafo (uno que he descubierto recientemente y que es mi fuente de inspiración y sabiduría). 
Ya digo, no os pongáis a tiro porque os dispararé yo con mi cámara. Ya veréis que lejos llegamos, vuestros retratos y yo.
No consigo enfocar bien con este fondo tan oscuro
Como ahora tengo pocos modelos para hacerles  fotos, practico con lo que tengo a mano. Os voy a dejar unos cuantos ejemplos para que veáis cómo progreso adecuadamente.
 Ya se sacar esas lucecitas redondas  y si no me salen mas bonitas es porque la maldita guirnalda de ledes que hemos puesto para decorar un poco el salón, a ver si nos animamos, es de los chinos y no hay manera de que tenga las luces fijas. Con lo cual ando cambiando la velocidad y el enfoque constantemente,  ahora si ahora no. ¡¡Así no se puede!!

Cactus con vistas a la bahía
También he practicado un poco en la playa con las flores que hay por allí y en la tienda de mi amiga Sonia, La Despensa, que acaba de abrir y donde podéis comprar fruta y verdura ecológica, leche, pan, cosas para hacer bocatas y un poquito de todo. Muy útil cuando vayáis a pasar un día a la playa. Está en La Herradura, junto al restaurante La Bamba. 

La Despensa en La Herradura









Ave del paraíso en bokeh (fondo desenfocado)
Pequeña buganvilia


La Despensa en Navidad
Una decoración con mucho gusto
 
Hago prácticas de cocina y fotografía
O nos vamos al parque García Lorca a ver las ultimísimas rosas antes de las heladas del invierno.
Bokeh en amarillo

Las rosas del Parque García Lorca

Como podéis ver, esto es solo el comienzo. Tengo montones de ideas y bastante tiempo, y tengo la firme voluntad de aprender de una vez por todas la técnica de las fotos. Y también tengo otro propósito de Año Nuevo, como dicen los ingleses: voy a tirar a la papelera de reciclaje decenas de miles de fotos que he ido almacenando durante estos años y que no valen ni in duro.  Creo que ya va siendo hora de tomarse las cosas en serio.
Para terminar y a pesar de lo que he dicho sobre la Navidad, quiero desearos lo mejor, para ahora y para siempre. 
Con mis mejores deseos os traigo una imagen que no es mía. Bueno la foto si, pero el cuadro está en la Galería de los Uffizi en Florencia. Es un cuadro realmente muy hermoso, como tantas otras cosas hermosas que este año he disfrutado en esas hermosísima ciudad, y en Roma y en todos los sitios que he tenido la suerte de visitar durante 2014.
Ha sido un buen año. Para que lo recordemos bien os dejo un enlace con la peli que han hecho los de Google con algunas de mis fotos. Fotos de Pilar 2014.
 Espero que el próximo año sea mejor. Y las Fiestas, pues eso, ¡¡que nos vaya bien a todos!!  
Su sonrisa

 Muchos besos

sábado, 1 de febrero de 2014

Maison Empereur


¿Necesitas un cepillo para zapatos de ante, un hervidor de huevos, un termómetro de congelador, unas pinzas para hielo, una tostadora para castañas, una caja para los útiles de limpiar zapatos, un canotier, una escalera de mano, una cortina para la puerta del patio, un foulard, unas pantuflas, un  cuenco de loza de la de antes, tela para hacer trapos de cocina, la mejor sartén que nunca hayas visto, una navaja suiza, un juguete autómata, una maravillosa cocotte para hacer pollo, un cacharro para partir en rodajas los huevos cocidos, unos pinchitos metálicos para hacer rollitos de ternera?
Maison Empereur
Cucharas para todo

Hervidores de huevos
¿Quieres jabón de Marsella hecho de verdad en Marsella? ¿Una hamaca? ¿Un taburete? ¿Una brocha de afeitar? ¿Una cesta para el pan, la ropa, los trastos, los juguetes, la compra? ¿Un rollo de cuerda gruesa, fina, mediana, para cocinar? ¿Cordones de zapatos? 
 



adid a esta larga lista cualquier cosa que se os ocurra para el hogar, excepto muebles.  Y todo, todo, todo (como dice Lucas) lo podréis encontrar en La Maison Empereur, un lugar mágico e imprescindible en Marsella. Esta inmensa tienda se encuentra repartida por varios locales comerciales que están comunicados entre si como un extraño laberinto en el Cours Saint Louis, en el centro de Marsella.Es una tienda llena de cacharros y de historia, se fundó en 1827 y algunas partes e incluso objetos parecen  de esa época, pero el resto es actual con aire clásico y de buena calidad. Los dependientes son muy amables y te ayudan a orientarte en ese laberinto y encuentran todo lo que andes buscando, aunque se lo expliques con un francés tan macarrónico como el mío.

Aquí está el mapa
No os la perdáis. Merece mucho la pena.


Flores en el Boulevard Michelet

Pero si queréis comprar flores, comida o ropa, entonces id a los mercadillos que cada día se pueden ver en el Boulevard Michelet o en el Boulevard Prado, o en otros mercados de verduras y frutas también del centro. 

Otro día os hablare de los maravillosos mercados franceses.

Frutas en Prado