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miércoles, 1 de marzo de 2023

Viaje con mi tia

Hoy quiero recordar con vosotros este maravilloso viaje que hicimos mi hermana mayor y yo con nuestra tía María Luisa en su pequeño SEAT seiscientos por tierras del levante español hace cincuenta años, en el verano de 1972.  ¡Qué jóvenes éramos y qué diferente era todo entonces!

Un 600 como el de María Luisa

María Luisa condujo todo el tiempo su pequeño coche sin aire acodiciando, ni GPS; nosotras simplemente nos turnábamos o nos peleábamos por ponernos delante. Los trayectos eran largos, pesados y muy caluroso porque las carreteras eran muy estrechas y peligrosas por las curvas y los camiones, pero al menos no había casi tráfico.

 Nuestro presupuesto era limitado y dormíamos en camping o en pensiones; no queríamos gastar mucho dinero porque, a pesar de que llevábamos nuestros ahorros, ella insistió en pagarnos todos los gastos, dijo que este viaje con sus dos sobrinas era su regalo por hacernos mayores.  

Fue en JULIO de 1972 y fue nuestro gran VIAJE. 🚓 🚙 🚕 🚗 🚕 🚚 🚗

Salimos de la casa de los abuelos en Linares con nuestro cochecito preparado para hacer muchos kilómetros y nuestros ojos bien dispuestos a absorber paisajes y ciudades. Las tías nos prepararon la comida para el primer día y los consejos para el resto. No corras, María Luisa. Cuidaos, mandad postales, llamadnos por teléfono, no olvidéis recoger a Nico... y sobre todo ¡Pasadlo bien!!

Empezamos: 15 de Julio.  Linares - Valencia409 kilómetros.  Tomamos la carretera nacional hacia Valencia que pasaba por los pueblos de la sierra de Siles conocidos de nuestras visitas a esa sierra en los veranos de la infancia antes de entrar en la provincia de Albacete.  La carretera era tan mala,  a pesar de ser carretera nacional, como todas las que había entonces en este país. Supongo que tardamos algo mas de las cuatro horas y cuarenta y dos minutos que dice el Google Maps.

Nuestro pequeño SEAT 600 no tenía radio y solíamos cantar para entretener a la conductora.  Mientras atravesábamos las calles de Játiva (ahora Xativa) cantábamos  las canciones de Raimon en catalán como nuestro pequeño homenaje a este cantante progre al que sentíamos como uno más de nuestra familia porque sus discos sonaban con frecuencia en el cuarto de estar de casa.

Antes de llegar a Valencia buscamos un camping cerca de la ciudad. Ya era un poco tarde  y no sabíamos nada de acampadas ni de montar la pequeña tienda de campaña, la canadiense de tres plazas,  que nos había prestado tío Rafa. Unos amables chicos franceses nos echaron una mano con los clavos y los vientos y ellos por fin montaron nuestra tienda. Aquella noche cenamos los bocadillos que habíamos preparado en casa de la abuela y dormimos apretadas bajo la lona.

Mi letra entonces
Fachada de la Catedral
Al día siguiente, 16 de Julio, paseamos por Valencia y visitamos la Catedral y la Basílica de la Virgen de los Desamparados y el Museo de Cerámica en el Palacio del Marques de Dos Aguas.

Recuerdo estos paseos y también la primera comida que hicimos en un bar. María Luisa no nos dejaba pagar ni una coca-cola y nosotras, mi hermana y yo, tratábamos de ser sobrias y discretas. Tomamos un plato combinado, que era lo mas sencillo y lo mas barato, pero a mi me pareció delicioso. ¡Estaba comiendo en un restaurante!

Éramos parcas con las comidas, sobre todo con lo que comprábamos en las tiendas para preparar las cenas en el camping. No teníamos ni hornillo, ni otros útiles de cocina, solo unos vasos, una navaja, un abrelatas y algún plato. Comprábamos latas de albóndigas, de salchichas, paté, unas naranjas, unas manzanas y una barra de pan. Esas eran nuestras cenas. 

Albufera
En algún momento de este día nos acercamos a ver la Albufera; guardo esta foto de nuestra visita. Supongo que estaría cerca de nuestro camping.

Día 17 de Julio.  Valencia - Tarragona256 km.  En el viaje a Tarragona paramos en un camping de costa muy grande y con muy buenos servicios en San Carlos de la Rápita.

Día 18 de julio. Salimos del camping e hicimos una breve parada en Tarragona. Pronto seguimos en dirección a Barcelona. 98 km por la C-32, la antigua carretera nacional que iba siempre junto a la costa, que atravesaba todos los pueblos y las vías del tren. Tampoco recuerdo mucho de este tramo, pero sí recuerdo que entramos sin problemas en Barcelona y aparcamos el seiscientos en el centro de la ciudad junto a nuestra pensión que estaba en el mismísimo Paseo de Gracia.  Era un piso señorial en un edificio imponente. Nuestra habitación era grande, para las tres, con dos o tres camas, con muebles oscuros antiguos y un armario con una gran luna. Tenia un balcón mirador en chaflán en la esquina que daba al paseo de Gracia y desde el que disfrutábamos de ver a la gente pasear, que fue lo que nosotras no paramos de hacer durante nuestra estancia en la ciudad. Lo vimos todo, todo. 

María Luisa yo cabalgando al dragón

No exagero, tengo las fotos y mis recuerdos. Visitamos el Parque Güell, La Sagrada Familia, el Parque de la Ciudadela, Las Ramblas, el Puerto, el Monumento a Colón, el barrio gótico, la Catedral. Incluso visitamos a fondo el Pueblo Español.  

Unos años mas tarde, cuando mi hermana se fue a vivir a Barcelona, sus amigos no podían creer que en tres días de aquel verano nosotras hubiéramos visitado tantos lugares. Yo he vuelto a la mayoría de ellos, pero nunca se me ocurrió volver a visitar ese pueblo de cartón piedra que era el Pueblo Español. 

Del álbum familiar - Pueblo Español 1929


 

Ese compendio de monumentos de todo el país era muy popular entonces y era una visita obligada. Se encontraba en buen estado, pero unos años después casi fue abandonado y se convirtió en algo tan anticuado como la Sección Femenina o los Coros y Danzas.  

¡Ahora no podría ni acercarme!

O quizás nuestra visita a este recinto se debiera al recuerdo familiar de cuando nuestras tías y abuelo habían ido a Barcelona con motivo de la Exposición Universal en 1929.

 De estos días en Barcelona me quedó en el recuerdo una imagen de una enorme ciudad que me deslumbró, sobre todo adoré los edificios de Gaudí que teníamos tan cerca de la pensión o el lagarto y el banco sinuosos  y coloridos del Parque Güell.

22 de Julio . Barcelona- Seo de Urgel - Andorra  Unos 205 Km. De esta ruta recuerdo pasar por el túnel del Cadí pero poco más.  Yo ya tenia 18 años y tenía carnet de identidad, pero en la frontera no me dejaron pasar.  Así que las dos valientes, María Luisa y mi hermana, me 'abandonaron' sola todo el día en la La Seu d'Urgell  y ellas se fueron de compras a Andorra.  Yo paseé por la ciudad, me compré un bocadillo y una coca-cola, visité la Seu (La catedral) donde también entré en el Museo y compré unas postales que aun guardo. Ya cansada de tanto andar, me senté en un banco en un parque y esperé que llegaran. No me importó mucho. Quizás me trajeron un bote de colonia para compensar mi plantón. Ahora me pregunto cómo era posible entonces hacer esas cosas. 

Museo de la Catedral

23 de Julio Andorra - Valle de Arán 132 km  En casi todas nuestras etapas hacíamos kilómetros sin parar y veíamos los sitios por encima, pero tengo un recuerdo luminoso del Valle De Aran,  después de cruzar ese túnel de Vielha siniestro y larguísimo. Recuerdo pasar junto al parador y  recorrer el Valle verde entre pequeños pueblos de piedras e iglesias románicas.  

Vista del Valle de Arán

 

Volví otra vez, muchos años más tarde, pero no encontré un cuartel de montaña que vimos en nuestro viaje. De él salían las voces de los soldados cantando con fuerza un himno miliar. Fue emocionante. No se oía otra cosa en el Valle.

Yo ante la iglesia de Vielha

 

Iglesia de Vielha años después

22 de Julio  Valle de Aran - Lérida  - 180 km.

Decidimos ir  a Lleida - entonces se llama Lérida- porque María Luisa quería visitar a su amiga Mari Carmen F. que vivía allí con su familia. Ella se alegró mucho de vernos y nos invitó a comer en su casa; por la tarde paseamos con ella y sus hijos por la ciudad. Aquel día también dormimos en un camping cercano. De nuestros paseos por Lleida recuerdo sus parques y una preciosa tienda de artesanía de cerámica, DOMINGO'S, donde compramos algunos regalos para la familia. Anunciaban que en octubre habría una exposición en la tienda de la ceramista María Bofill - ahora que escribo esta crónica me entero de que murió de COVID el año 2021- y me traje un catálogo como si yo fuera a volver en esas fechas o en cualquier otro día. Nunca volví por esa ciudad.

domingo's - María Bofill

Charlamos mucho rato con la señora de la tienda que se quedó prendada de una pequeña cestita de cerámica que yo llevaba colgada de un cordón al cuelo - siempre me gustaron los collares y los colgantes. Pero a ella le gustó tanto mi pequeño cesto que me pidió que cuando estuviese de vuelta en Granada le enviase un paquete con 50 o 100 pequeñas cestas y me las pagó. Yo la había comprado en la tienda que Amparo, la amiga de mi hermana, tenia en el Carril del Picón. Una de esas tiendas progres de artesanía que abrieron en los años 70. Todo lo que Amparo tenia en su tienda era maravilloso, y esa compra/venta de cestitas no fue el único negocio que hice con Amparo. Pero eso es de otra historia. 

23 de Julio - Lérida- Uruñuela  350 km. Una de las etapas mas largas, pero con mejor recompensa porque nos alojamos en una hacienda antigua enorme, con bonitas camas y buenas sábanas y disfrutamos de la compañía de los primos de Logroño.  Allí recogimos a mi hermano Nicolás, que estaba pasando unos días con la familia. Otro más con el que compartir el reducido espacio del coche y del portaequipajes.  Con nuestras bolsas, la tienda, los sacos y ahora su mochila apenas podíamos mover un dedo allí dentro.  Y seguía haciendo mucho calor.

24 de Julio Uruñuela -  Segovia  290 km. Otro día largo de carretera. Otra noche en el camping donde ya vimos que era imposible meternos cuatro en la pequeña tienda. Así que otra vez valientes dejamos a Nico en una pensión de la ciudad después de haber dado un paseo por sus calles y por sus monumentos. A la mañana siguiente fuimos a recogerlo antes de emprender la siguiente etapa del camino.

25 de Julio Segovia - Toledo   157 Km.  Un poco cansados, pero todavía con humor suficiente para acercarnos a ver los Toros de Guisando y sentirnos estafados cuando nos cobraron la entrada a los cuatro para pasar a un cercado donde cuatro grandes moles de piedra pastaban en el secano. ¿Os acordáis del  Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca? 

y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.

26 de Julio Ultima etapa  Toledo - Linares  250 km.  Para rematar esta fantástica aventura, en el ultimo día del viaje nos paró la Guardia civil casi cuando llegábamos a Bailén.  No habíamos cometido ninguna infracción, pero ellos andaban buscando al Lute, que se había escapado del penal del Puerto de Santa María en la Nochevieja de 1970 y al que aún en el verano del 1972 no habían encontrado.  Nos hicieron bajar del coche y lo registraron todo. ¿Donde pensaron que podíamos nosotros cuatro esconder a otro compañero de viaje? ¿En la baca?

Cuando nos dejaron marchar, nos reímos con ganas de los nervios que habíamos pasado. Entonces la Guardia Civil era algo serio y temible. Pronto llegamos a Linares, nuestro destino final,  y ya todo fue recordar los buenos momentos que habíamos vivido en el viaje, los maravillosos lugares que habíamos visitado y las divertidas experiencias con nuestra tienda de campaña y las albóndigas de lata que nadaban en una sopa incomible. 

Nunca agradecí lo suficiente a mi tía María Luisa su generosidad en organizarnos este viaje.  Ahora se lo digo cuando voy a visitarla, le vuelvo a dar las gracias y trato de que recuerde conmigo los lugares a los que nos llevó, la gente a la que visitamos, nuestras comidas, nuestras pensiones 'de lujo'. Trato de que su memoria siga tan viva como estaba entonces. Gracias, tía Mami.

Viaje desde Barcelona a Linares 1596 Km.


viernes, 21 de enero de 2022

Víspera de Reyes

Tejidos y novedades

 Decidí trabajar en la tienda de mi tía durante las vacaciones de Navidad porque quería sacar dinero para pagarme el viaje de fin de curso; no sabía que además de aprender a vender ropa y juguetes y a envolver regalos, aprendería también una lección de vida y de política. 

Me convertí en una experta en envolver regalos

 Aunque aparentaba modernidad, era una tienda de las de toda vida y eso yo lo notaba en el género que vendíamos, el personal y las clientas. Digo clientas porque allí solo entraban señoras de mediana edad y de clase media. La tienda estaba en el centro de la ciudad y su clientela era de la zona. No era la mas barata, pero tampoco la mas cara.

No me fue mal en la tienda, aprendí mucho de mis compañeros de trabajo que no eran temporeros como yo. Recuerdo a Carmen y a Castaño. Ella llevaba la sección de ropa de señora y niños y él era nuestro jefe de personal y era quien distribuía los trabajos según las necesidades de la tienda. Los primeros días me asignó la sección de ropa interior y aprendí a distinguir las combinaciones de los visos o las fajas de cuerpo entero de las que solo eran culotes. Yo le echaba paciencia a las señoras, pero no podía asesorarlas porque yo de esas prendas aun sabia muy poco.

El cine Goya por esos años

Durante mis primeros días vendí ropa, pero pronto empezamos a vender juguetes. Una tarde cuando cerramos la tienda, vaciamos las mesas que estaban junto a la escalera de la entrada de camisas, jerséis y pantalones y pusimos sobre ellas camiones, construcciones y muñecas.

 De un día para otro parecía que había cambiado de tienda, pero solo había cambiado la temporada. Acabábamos de empezar la autentica campaña de Navidad, Navidad a la española, donde los juguetes y artículos de regalo se empezaban a vender y comprar a partir del día 25 de diciembre. Entonces nadie conocía a Papá Noel, solo teníamos Reyes y sin exagerar.

Fueron jornadas largas e intensas. La primera mañana que tuve que pasar cinco horas de pie, acabé tan cansada que cuando llegué a casa a comer me senté en un taburete en el office, junto a la mesa de mármol donde Catalina planchaba hasta los vaqueros y le dije a mi madre --De aquí no me muevo hasta que no sea la hora de volver a la tienda. Estoy agotada; no puedo con mis zapatos ni con mis pies. No sabia que estar tantas horas de pie era tan agotador. No puedo con mi alma. Por favor, dame un plato de comida. Comeré aquí-. Y ella me entendió y lo hizo así.

Ropa interior de señora de la época

 ¿Cómo iba yo a saber lo que era estar de pie de 9.30 a 14.00 y de 15.30 a 21.00? Yo era una estudiante de instituto y solo sabia lo que era estar sentada todas las santas mañanas de todos los días de la semana, mes tras mes, año tras año. ¿Estar de pie? No sabía nada. Nada de trabajar, hablar, atender, cuidar, ordenar, ser amable, ser paciente. No sabia nada y todo eso lo aprendí durante las dos semanas que trabajé en aquella tienda tan variada.

Hice amigos y me llevé bien con mis compañeros. Carmen nos enseñaba el trabajo a mis dos primos y a mi, todos novatos. Ella nos explicaba las tallas, las composiciones de los tejidos, el sistema de ordenación de las cajas de las camisas, corbatas, calcetines, pijamas y bragas. Nos  reíamos con ella por nuestras meteduras de pata. Ella nos cubría con Castaño y con el dueño de la tienda y gracias a ella sobrevivimos bien en un ambiente tan nuevo para mi.

Vendíamos prendas  muy parecidas, ¡pero no en euros!
 
Solo lamentaba saber que mis amigas estaban de paseo o de compras durante todas esas horas que yo pasaba allí. Ellas disfrutaban de las vacaciones y a veces se pasaban a verme un momento simulando estar interesadas en esa moda para mayores que vendíamos allí. --No, gracias. No era eso lo que buscaba para mi madre.-- me decían. Y subían las escaleras riéndose y diciendo adiós con la mano. -- Nos vemos el domingo.

 

Nos convertimos en una tienda de juguetes

Yo en realidad no las esperaba a ellas, me daba igual verlas que no. Yo soñaba con que el niño que me gustaba apareciera por allí y me imaginaba que bajaba las escaleras del sótano donde estaba la tienda, buscándome desde lo alto entre los empleados, se dirigía a mi y me decía - ¿A que hora sales de trabajar? Pero eso no pasó nunca. 

Recuerdo la víspera de Reyes. El día fue eterno y agobiante. La tienda estaba a rebosar de gente que hacia sus ultimas compras como si no hubieran tenido tiempo para hacerlas antes. Se habían agotado las muñecas parlanchinas, los juegos de mesa y los camiones volquete. Pero la gente compraba y compraba lo que fuera casi sin mirarlo, y sin mirar los precios. 

Albóndigas con patatas

La noche del 5 de enero la tienda cerraba muy tarde y los empleados fuimos a cenar por turnos a un restaurante cercano donde el dueño nos había dejado la comida pagada. Era el Restaurante los Manueles, en la Plaza del Carmen. Teníamos la mesa preparada y nada mas sentarme a ella me pusieron un plato de sopa y unas albóndigas con patatas. Creo que son las mejores albóndigas que he probado en mi vida. Luego supe que era un restaurante muy famoso en Granada, pero yo entonces no tenia ni idea de nada y de comer fuera de casa menos aun.

Fantasmas del pasado

 Apenas se cerraron las puertas y en menos de una hora habíamos despejado todas las mesas y mostradores de juguetes y regalos y volvieron a aparecer todos los artículos de ropa que habitualmente las ocupaban, pero además encima de los montones de camisas, jerséis y pantalones colocábamos carteles con los nuevos precios. REBAJAS. Al día siguiente era el día de Reyes, pero el día 7 empezaban las Rebajas y todo se quedaba preparado desde esa noche del día 5.  Yo si que no estaba preparada para estos cambios. 

Volví a la tienda el  día 7 muy temprano, estaba incluido en mi contrato particular.  Tenia que vender ropa como hice los primeros días y ese primer dia de Rebajas se esperaba mucho publico.  Todos los empleados nos colocamos como para pasar revista y cuando el dueño vio que todos estábamos en nuestro lugar, mandó a Castaño a abrir las puertas del establecimiento.  Entró la avalancha humana:  una masa compacta que bajaba las escaleras a toda velocidad. Al llegar a la tienda las señoras se repartieron entre las mesas como un río desbordado que llegara a una gran llanura. 

¡¡¡REBAJAS!!!

Lo peor no eran las clientas desesperadas por encontrar gangas y peleándose por camisones a 200 pesetas, que revolvieron toda la ropa en diez minutos; no, lo peor eran los padres que llegaban con un camión, un coche o una excavadora bajo el brazo a protestar o devolver los juguetes que ya no funcionaban.  Yo podía atender a las ventas de las rebajas, pero no sabia qué hacer con las reclamaciones  de los juguetes. En el fondo me daban mucha pena porque ya me había dado cuenta cuando los había vendido que eran malos, que estaban defectuosos y que no durarían ni cinco días. Pero no habían durado ni dos siquiera.

Trabajé exactamente 12 días, los doce días laborables de las vacaciones de Navidad.  Mi tía me pagaba 100 pesetas al día, así que gané 1200 pesetas. Nunca había tenido tanto dinero en mi vida. Mi padre me lo ingresó en la misma cartilla de ahorros en la que había ingresado durante varios años el dinero que me mandaban mis padrinos por mi cumpleaños. Yo me sentía feliz porque tenia dinero para el viaje de estudios que haría con mis compañeros del Instituto cuando acabara el curso.

Habíamos planeado ir a Madrid o quizás a París, si había suerte. Elegimos a un pequeño grupo de compañeros que se encargaban de las finanzas. Ellos recogían el dinero de la lotería, de las fiestas en la boîte de la Piscina Neptuno, de las rifas, de la venta de polvorones y de cualquier otra actividad que se nos ocurriera. 

Los días del curso pasaban con clases y exámenes. Ya nos conocíamos mejor e íbamos afianzando las amistades que quizás nunca perderíamos, pero también las enemistades. Recuerdo los rumores que circulaban sobre el dinero que habíamos recogido. Nadie sabía cuánto dinero teníamos en nuestra hucha pero todos vimos como Domingo, el que la guardaba, apareció aquel invierno con una magnifica cazadora de cuero y unas botas de última moda, cómo nos enseñaba los discos que se había comprado y nos hablaba de las discotecas que frecuentaba.

Torpes, ingenuos, tontos.  El curso acababa y la comisión se había disuelto. El único responsable del dinero, Domingo, lo había disuelto también y  se perdió con su cazadora nueva y sus botas, sus discos bajo el brazo y su colección de asignaturas suspensas. No volvimos a saber de él. 

Al final no pudimos hacer el viaje. Lo poco que quedó en nuestra hucha común solo nos pagó una cena fría en una cafetería frente a los Jardines del Triunfo. Como con las albóndigas de la Víspera de Reyes, aun recuerdo el sabor de la ensaladilla rusa y de la decepción.

Un día, unos años mas tarde, su foto apareció en el periódico, no en la sección de sucesos como un chorizo más, que en el fondo lo era, sino en la sección de política local. Domingo había sido elegido como concejal de urbanismo por uno de esos partidos pequeños y efímeros que abundaron al principio de la transición a la democracia. Ya no llevaba puesta su cazadora chula, pero él seguía teniendo el mismo aspecto de chulo que cuando era mi  compañero de instituto y nos robó nuestro dinero y nuestras ilusiones.