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jueves, 26 de junio de 2025

Soneto Triste

 

La noche que me llena
Si supieras la noche que me llena,

cómo cultivo sombras en mi huerto,

cómo nado del mar al negro puerto,

del océano triste de la pena.

Si supieras, amor, cómo resuena

-roto de soledad, pobre y desierto-

el acorde cansado, casi muerto,

de un recuerdo de amor sobre la arena.

Si supieras, amor, cómo labora

el labrador de penas que me ocupa

de sol  a sol con el antiguo arado.

Si supieras, amor, que soy ahora

el jinete más gris sobre la grupa

del más triste corcel acobardado


Javier Egea (1952-1999)


lunes, 23 de junio de 2025

Parad los relojes ....

FUNERAL BLUES 

STOP ALL the clocks, cut off the telephone, 

Parad todos los relojes

Prevent the dog from barking with a juicy bone,

Silence the pianos and with muffled drum 

Bring out the coffin, let the mourners come.


Let aeroplanes circle moaning overhead 

Scribbling on the sky the message He Is Dead, 

Put crepe bows round the white necks of the public doves,

Let the traffic policemen wear black cotton gloves.


He was my North, my South, my East and West, 

my working week and my Sunday rest,

My noon, my midnight, my talk, my song;

I thought that love would last forever: I was wrong


The stars are not wanted now; put out every one; 

Pack up the moon and dismantle the sun; 

Pour away the ocean and sweep the wood;

For nothing can ever come to any good.

                                    WH Auden (1907-1973)

Creía que el amor duraría siempre - estaba equivocada

Canción triste

 Parad todos los relojes, cortad los teléfonos,

evitad que el perro ladre dándole un hueso jugoso,

callad los pianos y con un tambor apagado,

sacad el ataúd; que se acerquen los dolientes.

 

Que los aviones lloren en círculos sobre nuestras cabezas,

garabateando en el cielo el mensaje «Él ha muerto».

Poned lazos de crepé alrededor de los cuellos blancos de las palomas,

que los policías de tráfico usen guantes negros de algodón.

 

Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,

mi semana laboral y mi descanso dominical,

mi mediodía, mi medianoche, mi charla, mi canción;

creí que el amor duraría para siempre: me equivoqué.

 

Las estrellas ya no son necesarias; apagadlas todas,

envolved la luna y quitad el sol,

vaciad el océano y destruid los bosques;

porque ahora ya nada puede estar bien.


martes, 3 de diciembre de 2019

¡YO NO ME HE PERDIDO!

Sucedió en verano.
Parque Acuático - remolinos y aventuras
 Lo primero que hicimos fue fijar un lugar de encuentro.   Pusimos nuestro campamento bajo la pequeña sombra de un arbolito junto a la piscina de olas. Allí dejamos nuestros bártulos: las toallas, la bolsa nevera, la cesta de la comida, siete pares de chanclas y las cremas para el sol y nos separamos dispuestos a disfrutar del ultimo rincón del parque hasta que no poder más.
Esto último es mentira, yo no me lancé por ningún tobogán ni me metí en la piscina de olas, ni disfruté de ninguna otra atracción; sin gafas aquello me parecía un laberinto sin salida y sin entrada y yo estaba allí en medio, de pie junto al arbolito, fingiendo que controlaba a la pequeña tribu y confiando en que ellos se controlaran entre sí. 
¡Cinco chavales y un parque acuático! ¡Menuda aventura! Las dos mayores decidieron ir a su aire y nosotros pensamos que los tres pequeños se cuidarían mutuamente.
Fijamos las normas, cada veinte minutos tenían que venir al campamento y dentro de dos horas repartiría los primeros zumos y bocatas.
 - Muy bien. ¡Hasta luego!
Piscina de bolas
Bolas de colores
El primer control fue bien, otra capa de crema y a seguir con los baños, el segundo también, y el tercero también bien, aunque habían pasado casi cuarenta minutos y llegaban ya un poco remolones.
A la hora de los bocadillos el pequeño no apareció. Los demás confiaban en encontrarlo en el punto de encuentro y nosotros también.
  Empecé a repartir bocadillos.
- El hambre le hará venir, pensé.
- Lo vi en el tobogán de los delfines - dijo Ara - hace como unos diez minutos.
- Yo estuve con él en el tobogán gigante. Le dio miedo tirarse y se fue al de los pequeños - dijo Pau
Y luego ya no lo vieron más
No llegó a la hora de la comida y empezamos a buscarlo y a preocuparnos. Lo llamamos por los altavoces, pero era imposible entender su mensaje, la música y los ruidos lo volvían ininteligible.
Nos separamos en todas direcciones.
- Está aquí, no se puede haber ido, nos decíamos
- Ya, pero, ¿dónde está? 


Deconstructing Isabel
En el remolino
La hora de comer reunía a las familias bajo las sombras, en el autoservicio y en el quiosco de las pizzas. Era el momento más tranquilo del parque acuático.
 De pronto lo vimos, allí, en la piscina de las bolas, disfrutando sin que nadie le avasallara ni le molestara, con todos los chorros, las pelotas y el agua para él solo.
- Joan, ven aquí. Te estábamos buscando. ¡Te habías perdido!
- No, yo NO me he perdido. Yo sabía dónde estaba. ¡Erais vosotros los que estabais perdidos!


Eso dijo Nico la otra noche. Éramos nosotros los que andábamos perdidos.