lunes, 20 de enero de 2025

Nuestro pequeño-gran río

Espejo por la mañana
Este río nuestro, el Genil,  a veces trae un hilillo de agua, menos que una acequia o un arroyo, y a veces, cuando levantan las compuertas junto a la Clínica Inmaculada, parece tan caudaloso como el Neva a su paso por San Petersburgo, al que se parece sobre todo por esas farolas de cristal blanco que lo acompañan desde el puente Verde hasta el del Camino de Ronda. 

Parece una acequia de la Vega

Las farolas blancas

Cuando el día está tranquilo, se reflejan las casas de sus orillas y los árboles del Parque de las Ciencias. En estas ocasiones,  el espejo del agua solo lo rompen unos cuantos patos que resisten el frío, la escasez de agua y la porquería que suele flotar en ese agua estancada. 

De limpieza en el río

 Pobre Papá Noel

No me extraña que el Ayuntamiento tenga una brigada especial de limpieza para recoger toda la mierda que se acumula en este estanque urbano porque yo he visto basura de todo tipo depositada en sus aguas: este año sorprendí hace unos días al mismísimo Papá Noel, ya pasada la Navidad, atrancado en la compuerta junto con las naranjas, hojas y ramas que el viento había traído a hacerle compañía.

Contenedor - La basura en la basura

Pero otras veces fotografié un perchero, una silla de oficina, un contenedor de basura e incluso  una bicicleta amarilla de esas que salieron a la calle durante dos meses para que la gente las alquilase y la gente las robó, las destrozó y las tiró al río. 
Como paseo con frecuencia por la orilla del río, ya lo he visto de muchas formas y de muchos colores: verde, marrón, casi negro e incluso transparente - pero eso menos veces y ya lo conozco bien.
Si un día no está muy elegante, me espero a la próxima ocasión, como hoy, por ejemplo. Como era temprano el agua estaba calma y el espejo era perfecto; hasta que llegaron los patos y rompieron el espejo. 
No importan, vendrán más días, más lluvia, menos agua y probablemente más espejos.  Y yo los veré porque seguiré paseando por su orilla.

Espejo con sol

La ribera del río un día tranquilo

Los patos en formación

 

Un auténtico espejo

Los reflejos de las casas - Ribera del Genil

sábado, 4 de enero de 2025

Abducida por una bata-manta

 Lo mejor de que te toque un premio es cuando ni siquiera has participado en el sorteo. 

Los regalos de Sara y la bata-manta

A mí me tocó un premio de esos, sin participaciones ni boletos, en una tarde de encuentro familiar con regalos de amigo invisible en la Navidad del año pasado. Me apunté tarde a una visita a tía Mami para poder charlar con ella y con el resto del grupo y cuando terminamos el café y el roscón de Reyes, que alguien llevó para la merienda, todos, menos yo - que vergüenza- sacaron sus regalos, los pusieron encima de la mesa y dijeron, -- Este para Isa, este para Nico, este para Pablo, este para María Luisa, este para Mar, ¡este para tí!

Lo de adjudicar los regalos al azar me recordó a  cuando jugábamos a las prendas y nuestra tía Isa se ponía todas nuestras prendas en el regazo y con una prenda  escondida en su mano, decía al resto - ¿Que tiene que hacer esta persona para recuperar su prenda? y el resto de chiquillos sugeríamos los 'castigos': "Que diga tres veces 'Sardinas al Pie de la Torre', que dé dos vueltas  a la casa marcha atrás, que me traiga un caramelo, que cuente del 100 al 1 de dos en dos."  Y cuando tía Isa abría la mano y tu prenda estaba ahí y se había aprobado tu sugerencia de decir lo de las sardinas, eras tú quien se tragaba la respuesta del grupo cuando pronunciabas esa especie de sortilegio. -Sardinas al pie de la Torre - Mierda p'al que las pregone. ¡¡¡Tres veces!!! 

 Esto era un inciso. Lo que quería decir es que a mí me tocó un regalo el día que fuimos a la residencia de María Luisa y me vine a casa muy contenta del buen rato pasado y de llevar en brazos un enorme paquete, ligero para su tamaño, que parecía algo calentito. -Es una bata manta, --alguien me dijo. Y yo respondí:  No tengo ni idea de qué estás hablando ni tengo la más remota idea de a quién tengo que agradecer este premio/regalo. 

¡Gracias, Tere!
Cuando mi prima Carmen me explicó lo que era, me di cuenta de que justo unos días antes mi hermana Tere me había regalado algo parecido por Navidad, una chaqueta de estar en casa muy calentita, un maravilloso detalle por su parte, pero un poco intencionado. Creo que insinuaba que en mi casa hace mucho frío, ya que siempre me pide mi forro polar para estar con nosotros y me pareció que sería ella quien la iba a utilizar más.
 Yo, al fin y al cabo, vivo en esta casa y estoy curtida en el frío, tan curtida como lo estábamos todos los miembros de nuestra gran familia cuando vivíamos en el piso de la calle Manuel de Falla, un último piso que daba a tres calles, sin calefacción y sin aire acondicionado y nos calentábamos con braseros porque mi padre no se fiaba mucho de las estufas de butano. Él, que era químico, sabría qué extraños y tóxicos gases salían de la combustión del butano y solo las autorizaba en el salón porque era grande, pero nunca en los dormitorios.  Allí los inviernos no eran helados, eran gélidos. Como en mi casa, más o menos. Así que yo agradecí la chaqueta de Tere, aunque ella la usaba en sus visitas.

Me queda perfecta - dijo,
 y no se la quitó en todo el tiempo
Mi regalo para Sara
Cuando llegué a casa y abrí el regalo del amigo invisible y vi esta hermosa bata manta pensé que yo no la iba a usar, ya tenía algo parecido. Y se la guardé a Sara. Intuí que ella la iba a usar más que yo.
Al día siguiente Pedro y yo preparamos los regalos para los nietos y demás familia en el salón de casa, como hacían los Reyes Magos cuando éramos pequeños. Cada silla o trozo del sofá grande tenía un montoncito de regalos con el nombre y yo puse mi regalo para Sara en su rincón. Ellos llegaron a la hora de comer y apenas abrió el paquete,  Sara se enamoró de la bata-manta. Se la puso y no se la quitaba nada más que cuando Lucas era mas rápido que ella y se la ponía él. 
Sigo pensando que a ella le quedaba mejor

Y así pasó la Navidad.   Yo insistí en que Sara se llevase la bata con ella a Marsella, pero ya no había más sitio en el coche, y no hubo modo de que Sara y yo convenciéramos a Elvi, que prefería, sensatamente, unos litros de buen aceite o unos paquetes de jamón a incluir en su equipaje aquel enorme bulto..

Muy bien abrigaditos, todos y todas

Este año he sido yo quien ha descubierto los encantos de la bata-manta. Hasta ahora nunca la había utilizado, pero hace unos días lavé mi bata de estar en casa, Isa se había puesto la chaqueta de Tere y como me encontré la bata-manta por ahí, me la puse y aun no me la he quitado. Ahora siempre me la pongo cuando estoy en casa. Parezco un inmenso oso panda de color azul, un esquimal o una bata con patas, pero no me importa. He dejado los prejuicios estéticos aparcados hasta la primavera y como decía el refrán -Ande yo caliente y ríase la gente.
¡ La bata-manta me ha abducido!




 Si queréis, podéis también reíros vosotras, como yo me parto cuando me veo con esta pinta en el espejo. 



jueves, 2 de enero de 2025

martes, 5 de noviembre de 2024

"Crecida" - Blas de Otero

Traigo este poema de Blas de Otero para poner palabras a la desolación que me producen las imágenes que estamos viendo estos días de la tragedia causada por la DANA en el este y sur de España porque yo no se cómo expresar tanta tristeza. He cambiado donde él pone EUROPA, por ESPAÑA y cuando él dice SANGRE, pensad en el BARRO que lo ha cubierto todo.

Con la sangre hasta la cintura
«Crecida»

Con la sangre hasta la cintura, algunas veces
con la sangre hasta el borde de la boca,
voy
avanzando
lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios
algunas veces,
voy
avanzando sobre este viejo suelo, sobre
la tierra hundida en sangre,
voy
avanzando lentamente, hundiendo los brazos
en sangre,
algunas
veces tragando sangre,
voy sobre Europa   ESPAÑA
como en la proa de un barco desmantelado
que hace sangre,
voy
mirando, algunas veces,
al cielo
bajo,
que refleja
la luz de la sangre roja derramada,
avanzo
muy
penosamente, hundidos los brazos en espesa
sangre,
es
como una esperma roja represada,
mis pies
pisan sangre de hombres vivos
muertos,
cortados de repente, heridos súbitos,
niños

con el pequeño corazón volcado, voy
sumido en sangre
salida,
algunas veces
sube hasta los ojos y no me deja ver,
no
veo más que sangre,
siempre
sangre,
sobre Europa ESPAÑA no hay más que
sangre.

Traigo una rosa en sangre entre las manos
ensangrentadas. Porque es que no hay más
que sangre,

y una horrorosa sed
dando gritos en medio de la sangre,
y una horrorosa sed
dando gritos en medio de la sangre.

y una horrorosa sed
dando gritos en medio de la sangre,

Blas de Otero

De: «Ángel fieramente humano»

1947-49


viernes, 25 de octubre de 2024

Pelando almendras con Katherine Mansfield

Como toda la vida

Hay muchas formas de pelar las almendras, aunque básicamente el proceso es siempre el mismo. Yo llevo haciéndolo así desde que mi madre me enseñó a pelarlas cuando era pequeña. Ella las ponía a hervir, las aclaraba en el chorro de agua fría y me las daba en un colador. 

 - Pélalas para la gallina en pepitoria, o para los cardos, o para el ajopollo - me decía.

Y yo lo hacía como ella me había enseñado: apretando la piel para que las almendras salieran enteras y no salieran corriendo o volando de mi bandeja.. Lo hacía con cuidado.  Cuando terminaba, le daba el puñadito de almendras blancas , lisas y relucientes, que ella freiría y machacaría con pan y ajo frito más tarde.

 Pero yo no sé describir este proceso de pelar las almendras con tanta belleza como lo hace Katherine Mansfield en uno de sus cuentos. - En la fotografía os dejo el texto para que lo podáis disfrutar.

Lo traduciré - lo prometo

 Leí este libro  Bliss & Other Stories hace unos meses y esta descripción de algo tan sencillo y tan antiguo, me llegó al corazón y le hice una foto para no olvidarla.

Quizás es que recordé a mi madre o quizás solo es pura envidia de saber describir estos pequeños momentos como si se tratara de grandes hazañas de la vida. Pero no todo el mundo realiza grandes hazañas. La mayoría de las personas a lo más que llegamos es a vivir cada día con nuestras pequeñas historias y tratar de saber contarlas lo mejor posible. 

Leedla, leed a Katherine Mansfield. Sus cuentos son pequeños-grandes tesoros.

Almendros en flor - Valle de Lecrín


NOTA: Me resulta extraño que en muchas zonas del mundo no se utilicen las almendras para cocinar, pero aquí, en el sur de España, las almendras son un ingrediente habitual en nuestras recetas de cocina diarias. Supongo que es así porque muchas de estas recetas tienen un origen árabe, y los árabes utilizan mucho este fruto seco. Además, aquí en Andalucía, los almendros se cultivan en amplias zonas de nuestros campos. Son árboles fuertes que necesitan poca agua y pueden soportar temperaturas extremas, por lo que son realmente adecuados para nuestro clima seco. En definitiva, las almendras forman parte de nuestra cultura.
Campos de almendros por NIgüelas
¡No puedo imaginarme no tener almendras, almendros y flores de almendro en mi vida!