![]() |
| Como toda la vida |
Hay muchas formas de pelar las almendras, aunque básicamente el proceso es siempre el mismo. Yo llevo haciéndolo así desde que mi madre me enseñó a pelarlas cuando era pequeña. Ella las ponía a hervir, las aclaraba en el chorro de agua fría y me las daba en un colador.
- Pélalas para la gallina en pepitoria, o para
los cardos, o para el ajopollo - me decía.
Y
yo lo hacía como ella me había enseñado: apretando la piel para que las
almendras salieran enteras y no salieran corriendo o volando de mi bandeja.. Lo
hacía con cuidado. Cuando terminaba, le daba el puñadito de almendras
blancas , lisas y relucientes, que ella freiría y machacaría con pan y ajo frito
más tarde.
Pero yo no sé describir este proceso de pelar
las almendras con tanta belleza como lo hace Katherine Mansfield en uno de sus
cuentos. - En la fotografía os dejo el texto para que lo podáis disfrutar.
![]() |
| Lo traduciré - lo prometo |
Leí este libro Bliss
& Other Stories hace unos meses y esta descripción de algo tan sencillo
y tan antiguo, me llegó al corazón y le hice una foto para no olvidarla.
Quizás
es que recordé a mi madre o quizás solo es pura envidia de saber describir
estos pequeños momentos como si se tratara de grandes hazañas de la vida. Pero
no todo el mundo realiza grandes hazañas. La mayoría de las personas a lo más
que llegamos es a vivir cada día con nuestras pequeñas historias y tratar de
saber contarlas lo mejor posible.
Leedla, leed a Katherine Mansfield. Sus cuentos son pequeños-grandes tesoros.
Almendros en flor - Valle de Lecrín



