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lunes, 4 de julio de 2022

Querida Elisa

Mujer recostada

 La casa de Elisa, su piso de querida, fue nuestro refugio el invierno mas frio que yo recuerdo en Granada. Como eran los inviernos de antes, cuando las fuentes se helaban y rompíamos el hielo de los charcos por las mañanas camino de clase. Eran fríos lo días porque no queríamos volver a casa y apurábamos en la calle hasta el ultimo minuto aunque no teníamos a donde ir, ni dinero para refugiarnos en los bares y eso que sabíamos cómo alargar el café horas y horas mientras los camareros del Suizo nos lanzaban miradas asesinas.

Teresa, la novia de Enrique, la pescadera - su padre tenía una pescadería-, fue quien nos abrió su casa. Eran vecinas de bloque, de un bloque pequeño en una calle antigua de Granada camino del realejo, un bloque sin ascensor, ni modernidades, ni lujos. Ella vivía en el piso de abajo y se conocían de la escalera y del patio de luces.

Pequeño, como una caja china
 Elisa sabia más que ninguno de nosotros, estudiantes de primero de Facultad con ínfulas de intelectuales progres de la época. Su sabiduría no venía de los libros, creo que no vi ninguno en aquel piso, ni siquiera recuerdo que leyera alguna revista. Ella había aprendido en la vida y a mi me daba lecciones de realidad; yo, que tenía la cabeza en las nubes y era boba de libro.

Dioses chinos del hogar

Tardé demasiado tiempo en entender qué pasaba entre esos muros decorados con papeles pintados de color burdeos con moqueta  y cortinajes rojos y  con muebles lacados de falso estilo chino.  Aquel pequeño piso era una cajita de bombones.

El mueble bar relucía como una joya con sus espejos y su luz interior.  Elisa nos ofrecía una copa de la colección de bebidas que guardaba para él. En nuestras visitas aquel invierno acabamos con el brandy, la ginebra y el cointreau. Aun recuerdo el sabor del licor de naranja. Nunca mas lo volví a probar. Creo que nos bebimos poco a poco toda su bodega.

Pero ella no se preocupaba, ni la reponía  porque él ya no iba con tanta frecuencia. Pasaba por allí muy de cuando en cuando para verla o quizá para a llevar un pequeño regalo a sus dos hijos. El menor era un bebé de meses al que cuidaba la madre de Elisa. Ella no sabia hacer nada. Se sentaba en esos butacones de falso chéster, se tomaba una copa con nosotros y hablaba de poesía con mis amigos poetas. Yo los escuchaba con la boca abierta.

Era una querida, y de eso no hace tanto tiempo. 

Yo era una ignorante progre que no sabia que una mujer podía aceptar esa vida como casi lo mas natural del mundo.

--Pero ¿como aguantas que no se haya separado, que ni siquiera se le haya pasado por la cabeza?

--El es importante, conocido en Granada. No puede hacer eso. No pude dejar a su mujer  y sus hijos porque perdería su posición social.

Era todo tan típico, tan tópico.  A mi me recordaba las historias de geishas y de las amantes en las novelas del siglo XIX.  Pero estábamos a finales del  siglo XX y el mundo parecía no haber cambiado. 

Es curioso, pero unos años mas tarde conocí a otra 'querida'. Otro resto del pasado, otra mujer mantenida, con piso y niño pequeño, que vivía en el Camino de Ronda y por las mañanas, cuando su hijo estaba en el colegio, iba al a gimnasio donde yo la conocí.  Era más moderna en apariencia, pero era la misma vieja historia.


sábado, 11 de enero de 2014

Queja

Tengo un amigo que dice que no lee mi blog porque siempre escribo sobre temas desde un punto de vista muy optimista y que soy demasiado positiva. Según él tendríamos que estar casi toda la vida quejándonos porque tenemos motivos de sobra para ello.
Yo no lo veo así, y tampoco soy tan optimista. Es cierto que procuro darle un tono amable a mis escritos aquí. Si me quejara todo el tiempo acabaría pareciéndome a las tertulias de actualidad de la tele. Y como ellos lo hacen tan bien, yo no quiero hacerles la competencia. 
No veo la vida de color de rosa. No tengo quince años, ni mucho menos. Y de hecho durante un tiempo tenía otro blog, Cobertizo,  para quejarme de muchas cosas que me ponían y me ponen de los nervios. No servía para nada, ni siquiera como desahogo. Se me calentaba aún mas la sangre, me cabreaba todavía más y me agarraba un buen dolor de cabeza y total, para nada. Por eso, deje de escribir en ese blog hace ya tiempo. Este verano pasado intente reconvertirlo, pero sin mucho éxito.
Recibo de la casa de la playa
 ¡Pero hoy estoy indignada!! 
 Llevo muchos meses muy indignada y me indigno cada mes que pasa. Todo a cuenta de los recibos de la luz y del agua.  Yo no se por qué nos toman el pelo como lo hacen, no se por qué nos roban de esta forma a los ciudadanos, por qué nos recaudan impuestos municipales, locales, autonómicos o lo que sea de esta manera tan descarada. No se por qué, y no se por qué tengo que pagar 33, 17 euros en el último recibo de agua, ¡¡cuando solo hemos consumido menos de un euro de agua!!
Fijaos en el recibo que he puesto: de los once conceptos incluidos en el mismo, cinco son fijos. Es decir, pagas siempre lo mismo, ya consumas o no agua o esos servicios de alcantarillado, depuración, y canon de mejora (???). ¿Es o no un robo como otro cualquiera???
Y si pusiera el de la electricidad, pasaría prácticamente lo mismo. Al final aunque intentes reducir consumos por aquello del ahorro energético, ellos te cobrarán por otro sitio lo que quieran cobrarte. UGGGGGGGG

domingo, 25 de septiembre de 2011

Nosotros tambien

Vista desde la terraza del piso

Espero que os gusten estas vistas porque vais a verlas muchas mas veces. Ya estoy planeando hacer una serie de 'puestas de sol' otra de 'amaneceres', otra de 'las estaciones del año', otra de 'a las cinco de la tarde',  etc. 
Ya os las iré enseñando.
La piscina comunitaria esta en lo alto de la casa.
Este 'post' es para deciros que nosotros también hemos encontrado piso en la playa. Y eso ¡que no lo estábamos buscando! Ahora solo nos queda terminar con papeles y muebles y empezar a disfrutarlo y esperar las visitas, claro.

sábado, 9 de julio de 2011

Se busca piso

Querían un piso con terraza y a ser posible con vistas, bien situado, con transporte público a una distancia razonable. No hace falta que sea nuevo, pero sí que no sea una ruina. Que la calle sea tranquila, que el piso no sea ruidoso.
Con tamaño razonable, ni muy grande, porque no hay quien lo pague, ni muy pequeño, porque no caben ni las personas ni los cosas que se almacenan en cualquier casa.
Que esté bien de pr
ecio: ya sabemos que las gangas no existen y los milagros, pocos.

Que sea alegre.

Ni Elvi ni Ara piden nada del otro mundo: lo nor
mal ¿no?

¡Ojala las dos lo hayan conseguido!!!