martes, 1 de abril de 2025

M for Mary

Otra Pilar, mi abuela paterna
Mi madre marcaba nuestra ropa interior con nuestras iniciales, sobre todo las braguitas, porque éramos mucha gente en casa y así resultaba más fácil tener la ropa ordenada. Como yo compartía inicial con mi hermana mayor, a mi me adjudicó una M, M for Mary, como dicen los ingleses; es decir M de María, porque yo me llamo María Pilar, pero ella, mi hermana mayor, se llama María Pura y la siguiente María Dolores y la siguiente María del Mar, que mi padre decía que él no tenía hijas, sino que tenía una caja de galletas María. Gracioso que era el muchacho.

Todas éramos MARÍA, o sea, que le podía haber adjudicado la M a cualquiera de nosotras.

 Para romper con las galletas, a la última hija le puso Adelaida, ¡ah no!,  que ese era el chiste de mamá pata, pero es que debía de haberle puesto Adelaida porque ese era el nombre de su madrina, pero le puso solamente Isabel, que era el nombre de mi abuela materna, porque yo soy Pilar por mi abuela paterna. Los nombres se heredaban entonces por estricto orden familiar.

Toalla con iniciales

Cuando me hice mayor y ya mi hermana mayor había abandonado el hogar familiar, recuperé mis iniciales auténticas PF y con ellas mi madre marcó las sábanas y toallas de mi ajuar; - pienso que sería para que si alguna de estas prendas se cayera al patio de vecinos, yo supiera cual era la mía. 

Pero ahora, que todos nos hemos convertido en INICIALES, por aquello de la protección de datos, vuelvo a ser M para la consulta en el hospital, para mi banco, que me llama 'Estimada María', para la compañía eléctrica y para yo no  que documento oficial más. 
Afortunadamente ya no soy estudiante y no tengo que ver cómo en las listas que se publican  con las notas a final de curso en el tablón de anuncios del Instituto ya nunca hay nombres, solo INICIALES. Antes al menos, te adjudicaban un número, con el cual yo supe que había aprobado mi examen de acceso a la Universidad. Esos eran otros tiempos muy lejanos.

Pero esta M, como me llamo ahora, me hace ilusión, me siento como si fuera M, la jefa la jefa de James Bond. No está mal, a mis años, tener un puesto tan interesante; ¿no, James?

Y para terminar con las iniciales, mi cita favorita: Las palabras de esta canción de VAINICA DOBLE Un Siseñor Con las Patas Verdes que cantaban Sergio y Estibaliz:  
Que amanezca tu mejilla con mi nombre señalada ...

Quisiera ser inicial
en incrustación bordada
un motivo ornamental
en el centro de tu almohada
que amanezca a tu mejilla
con mi nombre señalada
....




viernes, 21 de marzo de 2025

Olores fantasma


Huele a lluvia
Con los años he ido perdiendo mis sentidos. Cada vez oigo peor, cada vez la comida tiene menos sabor, cada vez veo más borroso todo lo que me rodea -además de plagado de mosquitas voladoras-, el tacto... ya no sé ni qué es, y el olfato, ¿qué os voy a decir? No huelo nada. 

Así que me extrañé hace un año y medio cuando me perseguía un olor persistente a quemado y andaba todo el día preguntando  a Pedro ¿No hueles a quemado? --No, no, nada. - me respondía él.

Otros fantasmas, como mi persistente olor
Es cierto que cuando nos vinimos a vivir a esta casa si que olía a quemado, mejor dicho, olía a tostado. El tostadero que había a la vuelta de la esquina, detrás del parque, emanaba desde bien temprano los olores deliciosos de pipas, maní, almendras y otros frutos secos si el viento venía de esa dirección. Pero el tostadero se fue a otro rincón del polígono y nos dejó en su lugar una fábrica de aceite que también despedía el buen aroma de la almazara en temporada, y el mal olor del alpechín en otros desafortunados días. Al poco tiempo las dos empresas se mudaron a algún lugar lejano y sus olores se fueron con ellas.

Pipas, mani, almendras

Pero como os dije, hace quince meses empecé a oler a quemado permanentemente sin viento ni fábricas que me trajeran el olor. El olor lo llevaba yo en mi pituitaria fantasma. La verdad es que yo olía a almendras garrapiñadas. Si habéis paseado por el Pie de la Torre en Granada sabréis de lo que estoy hablando.

 Como me harté de semejante y empachoso olor me fui a ver a mi doctora y le dije,  --Tengo un olor fantasma. Lo sé porque lo he leído en INTERNET. Ella me respondió - No sé qué es un olor fantasma, nunca había oído a nadie decir eso. Y lo buscó en alguno de sus directorios médicos y lo encontró. Como ella no sabía cómo quitármelo me envió a la Otorrino, que sí sabía lo que era un olor fantasma y que me dijo que ya se me quitaría solo y mientras tanto que usara un nebulizador para limpiar la nariz por dentro y me comprara aceites con esencias y los oliera para distráeme del olor a almendras garrapiñadas. También me dijo que consultara con un neurólogo - pero me dieron cita para dentro de trece meses y lo dejé para otra ocasión- Me compré dos botes de esencias, uno con olor a lavanda y otro a mandarinas y los he ido alternando hasta que el olor de las almendras por fin desapareció.

¡Malditos trapos!
Pero, hace mes y medio me volvió el olor fantasma. Algo olía a húmedo en la casa, sobre todo en la cocina. Y no es por la lluvia que tenemos, porque mi olor viene de unas semanas antes.  Busqué en todos los armarios de dónde podría venir el olor; miré en el cesto de las patatas, en el frutero, debajo del fregadero y detrás del friegaplatos e incluso limpié y corrí la lavadora por si acaso había agua encharcada bajo los electrodomésticos, pero todo estaba bien y el olor seguía, y no solo en mi cabeza, ¡¡Pedro también lo olía!!  La lluvia se estaba ya anticipando. Eso era lo que yo pensaba. "Ya viene el agua por el oeste." Sería eso, pensé yo.

Pero mis olores fantasma no eran tales, en esta ocasión fueron reales y esta es la historia:

Les tuve que dar un buen fregado

Con estos fríos. el jueves decidí preparar un buen cocido. Me apetecía algo caliente y consistente. Puse los garbanzos en remojo la noche antes, compré los avíos en la carnicería, y la verdura en la frutería de aquí al lado y me dispuse a hacer de cocinera. Cuando abrí el enorme cajón de las ollas y cacerolas el olor me dió un bofetón en la nariz.  Cogí la olla express rápidamente, antes de que me mareara y al abrirla, allí estaba el origen de mi pesadilla: un trapo húmedo que debía de llevar en el fondo de la olla una buena temporada. Como el invierno, hasta esta racha de tormentas, ha sido muy templado, no he cocinado guisos contundentes y no he necesitado la olla express, y se ve que tampoco eché en falta el trapo. 

El trapo en el fondo de la olla no es más que otro ejemplo de mis monumentales despistes, como cuando encuentro el azucarero en la nevera, la mantequilla en el cajón de la verdura, el mando a distancia en la papelera, el destornillador guardado con los cubiertos, o las bombilla rota en el cubo de los papeles ..... 

Los años. La vida. 

Que tengáis una buena semana


jueves, 6 de marzo de 2025

Me voy a tirar un farol - o voy a tirar un farol

Los faroles de  Estévez en el Auditorio
Ya fui una vez de farol en este blog, hace unos años; hoy solo voy de faroles granadinos, y no hay nada más granadino en este tema que los faroles de los Estévez.  En mi casa hay dos que fueron un regalo y llevan toda la vida conmigo, aunque probablemente no los compraron en la tienda taller que  los Estévez tienen ahora en la calle Buensuceso - podéis ver el escaparate en mi foto - sino en el taller original de la calle Elvira  fundado por el maestro Pedro Fernandez Estevez en 1911. Así que es un negocio con más de un siglo de historia y casi tan tradicional en esta ciudad como la Alhambra. 

Tienda de la calle Buensuceso

En la página Web  de los faroles Estévez he leido que estos faroles de la foto no son los mismos que hubo cuando se inauguró, antes de que ardiera el Auditorio Manuel de Falla, pero que los Hermanos Estevez los rehicieron cuando se reconstruyó el edificio. 

Sus faroles también decoran calles, hoteles, edificios públicos y privados en Granada y en otras ciudades. Podréis verlos si paseais por la Caldereria, el Zacatín o vais al Hotel San Antón o al Hotel Alfonso XII de Sevilla 

Farolas matemáticas de la Gran Vía
Hay otros faroles o farolas famosas en Granada, las farolas geométricas de la Gran Vía que fueron muy polémicas cuando se  cuando se remodeló esta calle y se instalaron en 2006.

He descubierto - bendito San GOOGLE- que sirvieron a mi hermano Pablo y a un colega suyo  para hacer un trabajo matemático  "MATEMÁTICAS EN UNA FAROLA DE LA GRAN VÍA DE GRANADA"  JORDI ALBA, PABLO FLORES Universidad de Granada (España) y que fueron diseñadas por el escultor José Manuel Darro y el  arquitecto Alejandro Muñoz Miranda y que intentaron hacer una 'granada'. ¡Tal cual!  Nada que ver con la que yo he hecho esta semana en mi taller de cerámica: 

Mi granada de barro

 

Otra farola geométrica 
Palacio de los Duques de Gor


En el Carmen de la Victoria


El farol del Compás de San Antón
Pero no se de qué taller salieron estas otras farolas que he visto por ahí y que son igualmente bonitas. 
Yo siempre miro hacia arriba y hago fotos de esos faroles o farolas que me acompañan en mis paseos y que luego comparto con mis lectoras. 

Mi farol verde

Y este es el que faltaba: mi propio farol de los Estévez en el hueco de la escalera de mi casa 
Mi farol verde, como una esmeralda


miércoles, 26 de febrero de 2025

La hortensia de invierno

La bergenia de mi jardín 
 Mi vecina Paqui tenía un huerto de tomates y hortalizas y yo iba a su casa cuando llegaba el verano a comprarle kilos y kilos de sus riquísimas verduras de temporada y del terreno. Como fui tantas veces y nunca le regateé ni un céntimo ni un tomate, casi nos hicimos amigas bueno, en realidad, solo fuimos buenas vecinas que charlabamos sobre los nietos, los trabajos y los huertos. 

Su marido nos contó que él había trabajado en la construcción en la isla de Menorca, como muchos emigrantes que salieron de estos pueblos andaluces, y que volvió al pueblo cuando se jubiló. Compraron esa casa donde ahora viven, al final de mi calle, y él se dedica a trabajar en unas tierras que eran de su familia para entretenerse. 

Hojas enormes

Yo estaba feliz con esa afición de mi vecino porque cuando llegaba el verano, me abrían sus jardín y sobre la mesa del patio hacíamos negocios sabrosos.

Mientras ella me pesaba las bolsas de tomates, pepinos, pimientos y lo que hubiera recogido su marido ese día, yo admiraba su jardín y se lo celebraba. Tenía un níspero y un naranjo de comer, no de mermelada, además de plantas variadas en los arriates: cintas, hortensias, plantas aromáticas y una planta de enormes hojas  de color verde oscuro con estrías en un rincón a la sombra, que a mí me evocaba el jardín de mi abuela pero cuyo nombre ignoraba. 

Tomates del terreno

Paqui me dio unos esquejes de esta planta antigua, a la que ella llamaba violetas y yo la planté en mi jardín, junto a las matas de hierbabuena,  a la espera de que algún día yo viera las violetas florecer en mi pequeñísimo huerto.

Yo utilizo sus grandes hojas para mi cerámica

Pero no salieron violetas, aunque las flores que si salieron eran de un lejano color violeta, más rosa que morado. 

No eran hortensias, aunque se le parecían. Estas flores añejas, esta planta que cada día se ha hecho más grande y que amenaza con devorar a todo lo que hay a sus alrededor, es en realidad una BERGENIA, y también se la conoce como hortensia de invierno, porque nos alegra el jardín desde enero a marzo, cuando pocas cosas florecen. 

A veces me salen bien

En realidad su nombre científico es Bergenia crassifolia. Y si quereís saber más detalles interesantes sobre esta planta un poco 'anticuada', pero realmente bonita y decorativa para cualquier jardín, leed este artículo publicado en EL PAIS el domingo pasado.   "Cuidado y disfrute de la bergenia, la hortensia de invierno"




Animaos con esta planta. Ya veréis como pronto tendréis preciosas hortensias de invierno en vuestro jardín o en simplemente en un balcón, y si os da por la cerámica, como ami, podréis usar sus hojas para hacer precioso platos para la ensalada. 

Mi bergenia, rodada de ortigas - ¡para la sopa!!


lunes, 3 de febrero de 2025

El erizo

Golgados

 Mi colección de collares aumenta cada verano aunque siempre prometo que no me compraré ni uno más. Pero son mi debilidad, que heredé de mi madre, ya que utilizo muy pocas joyas -apenas unos pequeños pendientes- y  no puedo evitar traerme uno de recuerdo de cualquier sitio que visito

Se salían del tarro de cristal

Así que he tenido que buscar una manera de guardarlos o ponerlos en exposición para que no almacenarlos todos en un bote o caja porque así se enredan tanto que no hay manera de sacar uno en el último momento. 

Podría hacer una cortina con mis collares
Durante unos años los colgué de la pared en una percha bonita, pero no había sitio para tantos, más tarde los metí en un gran bote de cristal de boca muy ancha que compré en IKEA. Quedaban preciosos para decorar, pero el sistema seguía siendo muy poco práctico. 

Hierros en el barro

Hace dos años, cuando la pandemia y cuando empecé con la cerámica, se me ocurrió clavar unos alambres rígidos que forré con washi tape de colores brillantes, en una bola de arcilla que luego metí en un macetero alto con piedras para que se sujetara bien. No quedó mal. Aquella araña de la que colgué mis collares decoró el descansillo de la escalera durante un tiempo, hasta que el verano pasado, alguien tropezó con el tiesto y todo se vino abajo. 

Alambres forrados

Así que ahora, con más conocimiento de cerámica  y más tranquilidad, estoy fabricando otro sistema para colocar collares: he hecho un cacharro de barro muy macizo y le he puesto agujeros. Ahí clavaré unos alambres, que tengo que buscar en alguna ferretería o tienda de bricolaje o simplemente en los chinos, y veré que tal queda mi erizo. Porque de momento eso es lo que parece: un erizo, sin pies ni cabeza. y cuando los colares cuelguen de esos alambres pondré el artefacto en alto en algún rincón que no esté al paso para que nadie le de, sin querer, con el codo y volvamos al principio

Ya os contaré.

Parece un gorrito de bebé

Con agujeros y alambres ahora es un erizo