Nunca llegué a pronunciarlo, pero lo escribi. Hoy os traigo mi discurso de despedida a los alumnos de 2º de Bachillerato de aquella promoción que acabó en el Instituto a la vez que yo.
Solo se que no sé nada
Agradezco
la invitación que me hizo el director para hablar hoy aquí. Me sentí muy
desconcertada al principio cuando tuve que pensar un tema y un título para esta
charla de despedida, repasé mentalmente todas las charlas que he oído durante
todos estos años que he acompañado a los alumnos de 2º de bachillerato en este
día de su despedida del Instituto y mis predecesores todos habían demostrado una sabiduría que yo no poseo.
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| Graduación 2º de Bachillerato |
Me parecía difícil
encontrar el tema de mi discurso. Yo soy profesora de inglés y no recuerdo a
ningún miembro de mi departamento en este atril y ante esta audiencia. Es
curioso, pero yo sé por qué. Nosotros, los profesores de inglés sabemos de todo,
pero somos especialistas en nada. Básicamente solo sabemos inglés. Los demás
compañeros míos que dieron este discurso en ocasiones anteriores son expertos
en otras materias y, además, algunos
incluso saben inglés.
Yo solo sé inglés. No soy experta en nada más. Pero me sé un montón de cosas absurdas:
cuantos dientes tiene un tiburón, cual es la isla más grande del mundo, el
desierto más caluroso, el río más largo, quién descubrió Australia, quién
inventó la WWW, cómo influye tu posición entre tus hermanos en tu personalidad,
cómo se hizo rico JP Morgan, por qué Detroit es hoy una ciudad en crisis, cuál equipo ganó la SuperBowl en 1967, qué es un kaiku, cómo se cocina el Yorkshire
pudding y con qué se come, quién es Humpty Dumpty y cómo visten los alumnos de
Eton College....
En resumen, conozco toda
la información importante que utilizaba en mis clases como excusa o medio para
enseñar inglés; eso fue mucho antes de que unos modernos expertos decidieran que era mejor
enseñar inglés a través del contexto, o sea dando literalmente clase de
matemáticas, ciencias naturales, educación física o historia en inglés y se crearan los
centros bilingües, que más tarde demostraron que los alumnos no aprendían
inglés ni matemáticas, ni ciencias naturales ni nada de nada si se mantiene aún ese número tan elevado de alumnos en cada clase que yo tuve que sufrir.
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| ¡Hasta salté a la comba! |
Ahora tengo
la compensación al menos de que con todas estas cosas inútiles que he aprendido
a lo largo de mi carrera profesional tengo el bagaje necesario para jugar y ganar muchos quesitos en el Trivial o participar en un concurso de la tele. ¿Nunca os habéis fijado en la
gran cantidad de profesores de inglés que hay en los concursos?
Pero no se
trata de eso. Al menos yo sé que sé algo más y que intenté enseñar algo más a
mis alumnos.
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| La vida en el Instituto |
Mi padre
nos decía que mientras terminábamos nuestros estudios superiores, que eran
indispensables para tener un futuro en la vida, teníamos que aprender algo más:
deberíamos aprender a escribir a máquina, deberíamos obtener el permiso de
conducir y no debíamos olvidar lo importante que iba a ser saber idiomas. Yo
decía a mis alumnos estas mismas cosas pero cambiaba el orden de prioridades;
daba por supuesto que todo el mundo manejaba la tecnología y se sacaría el
carnet de conducir pero no dejaba de insistir en que el inglés sería esencial para el futuro, más que el
dominio de la tecnología, más que el permiso de conducir. Siempre insistía en este tema: todos debéis saber inglés. Si domináis el inglés habréis recorrido la mitad del camino.
Pero además
de mi insistencia porque os manejaseis bien en inglés con trabajo constante en las clases
y en casa, había otra cosa en la que también insistí siempre. Yo os decía,
−Puede que yo no consiga enseñaros inglés, no pasa nada; me conformaré con que
aprendáis lo que es el respeto hacia vosotros mismos y hacia los demás y lo que
es el esfuerzo y la educación.
Pero esa es
toda mi sabiduría. Por eso nunca esperé que me invitaran a dar esta charla de
despedida y sin embargo me he animado y aquí estoy.
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| Lola, nuestra mascota |
Quizás es que yo sepa algo. Sí, creo
que se más de la vida de mis alumnos que el resto de mis colegas
profesores. Os he hecho tantas preguntas
en estos años de las que de verdad ignoraba las respuestas que he descubierto
cosas de vosotros que a lo mejor ni siquiera vosotros sabíais. A ver ¿Quién te ha preguntado alguna vez
quién te enseñó a abrocharte la chaqueta, cuál zapato te quitas primero, qué
disco no le prestarías ni a tu mejor amigo (porque te da vergüenza admitir que te gusta), qué recuerdo te evoca el color
azul, dónde fue la última vez que te pusiste colorado, cuál es el sitio más raro
donde dormiste una vez, a qué personaje famoso has conocido? Yo he preguntado
esas cosas y muchas más.
Ahora os
tengo que aclarar algo. Fijaos que los profesores siempre preguntamos cosas a
los alumnos, todo el tiempo, en clase, en los exámenes, siempre. Esto es absurdo
¿no? ¿Para qué preguntar algo si el profesor ya sabe la respuesta? Y los profes
siempre se saben la respuesta, si no, no se atreverían a preguntar nada. Si tu
profesor te pregunta la fórmula del ácido sulfúrico es porque él o ella ya lo
sabe, de otro modo cómo podría saber si tu respuesta es correcta o no.
Pero los
profes de inglés preguntamos cosas cuya respuesta desconocemos, así que el
contenido de vuestras respuestas siempre será correcto - si esas respuestas son
gramaticalmente 'casi' correctas, si se entienden.
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| Escribo tu nombre en los chopos del patio |
Así
con mis preguntas, obviamente para practicar inglés hablado, yo supe que mis alumnas de la ESA en el
Nocturno pasaban los fines de semana viajando a la ruta del bacalao en
Alicante, que su bebida favorita era el Red Bull con Jack Daniel, que con tres de estas copas tienes para toda la noche, que una de ella era cocinera en un bar, otra cuidaba de personas mayores y
otra limpiaba escaleras, que Ignacio una vez durmió en el suelo de un parking
entre dos coches para no darle a su madre el gusto de verlo por casa antes de
las ocho de la mañana, que el delegado de mi grupo de primero de bachillerato
tocaba el chelo, que otro era campeón juvenil de ajedrez, otra alumna era
escaladora y estaba entrenando y ahorrando para viajar a los Alpes, que José Luis procedía
de Australia, que Fernando trabajaba de panadero en el horno de su padre en
Peligros - un día nos trajo unas deliciosas cañas de chocolate que nos comimos
todos a la hora del recreo-, que Liza era medio inglesa, que ….
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| Unas ricas cañas de chocolate - Gracias, Fernando |
¡Cuántas
cosas he aprendido con mis alumnos. Ellos, vosotros, me descubristeis grupos de
música, libros, modas, películas. Por entender vuestros gustos me leí Los Juegos del Hambre, la Comunidad
del Anillo y Harry Potter, escuche rap y vi algunos trozos de películas de
ciencia ficción y de terror y hasta vi la famosa serie de los vampiros, Crepúsculo, que me produjo auténtico pánico.
¡Cuántas cosas he vivido por y con
vosotros!
Mi corazón
está lleno de todas estas vivencias que compartisteis conmigo.
Muchas
gracias