Mostrando entradas con la etiqueta retrato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta retrato. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de junio de 2026

Bol de Armenia

¿Quién será, será?

Ese feísimo marco del retrato de mi antepasado ha quedado casi perfecto, tras pasarme dos meses de clase raspando la pintura marrón que alguien le había puesto para tapar los fallos del pan de oro.
Mi mesa de trabajo
En el taller de restauración, Ana, mi maestra, me ha enseñado a tener paciencia y a quitar la pintura con un poco de decapante, muy poco, y sobre todo con el bisturí, usándolo con mucha precisión para no arrancarle el oro a medida que quitaba la capa de pintura marrón. Es un proceso muy lento y mi paciencia, a mis años, ya no está para estas cosas, pero al final lo logré.
En plena faena

Lo he conseguido, pero no quedó bien del todo. En algunos puntos levanté tanto la pintura, y de paso el pan de oro, que llegué hasta la pasta roja que se pone sobre la madera para fijar el oro. Y en ese momento me dijo, Ana. -- Límpialo bien con alcohol y le pondremos VOL DE ARMENIA para tapar esos huecos que han quedado.

¡Vol de Armenia! Como si yo fuera una experta en estas tareas y entendiera esa terminología: vol de Armenia, Betún de Judea, Goma Laca
Lo busqué y no encontraba ninguna referencia, hasta que lo escribí correctamente: BOL DE ARMENIA. Y encontré la explicación. (ver nota al final)
Aplicando el Bol de Armenia


Pero, mientras tanto, en mi búsqueda “vol de Armenia”, encontré multitud de vuelos con destino u origen a Armenia. Un país que no tengo intención de visitar, de momento.  Y los pasé de largo.
En ese momento, recordé a los dos armenios con los que compartimos el taxi la noche que mi hermana y yo volvíamos de Dublín, con un retraso de nuestro vuelo de más de dos horas. 
Yo tenía la cabeza completamente aturdida por haber pasado tanto tiempo en el aeropuerto de Dublín, donde había disfrutado de una riquísima PINTA de Irish red ale, y me había paseado por todos los aseos cercanos a nuestro bar, y solo soñaba con llegar a casa.
Cuando salimos del aeropuerto de Barcelona, las dos estábamos tan mareadas que quizá no entendimos del todo lo que nos decía el conductor del UBER cuando nos propuso este trayecto con aquellos dos tipos. 
Primero iríamos a nuestra casa y más tarde, él los llevaría a su destino. Evidentemente se sacaba un dinerito extra con este arreglo, como los taxis de Marruecos, que se van llenando y vaciando por el camino.
De pronto, nos encontramos encajonadas en su Uber cinco personas. El conductor, dos inmensos armenios, mi hermana y yo. Los dos tipos no paraban de hablar a voces sobre sus planes de diversión en los cinco días que iban a pasar en Lanes de Mar (pronúnciese así), de lo que iban a ligar y de las juergas que se iban a montar. No sé lo que iban a beber, porque decían que eran musulmanes y bebían algo, pero poco. Pero hay muchas otras maneras de colocarse.
Eran dos tipos completamente convencidos de que arrasarían entre las chicas del lugar. Decían que no querían extranjeras como ellos, sino gente de aquí. Era su primer viaje a España, el país de la fiesta, la alegría, las juergas y ‘las chicas guapas’, según les habían contado sus amigos de previas visitas; para ellos era la primera vez que venían y parecía que era la primera vez que salían de casa también. Estaban tan agitados como una gaseosa a punto de hacer saltar el tapón.
De repente, uno de ellos sacó un paquete de tabaco y casi iba a encender un cigarrillo cuando nos preguntó si podía fumar; el chofer y nosotras dos le soltamos un –¡¡No!! ¡No se puede fumar en un taxi, ni en un bar, ni en una discoteca, ni en un restaurante! --Le explicamos – Está totalmente prohibido.
No lo podían creer. ¡No se puede fumar!! El enorme muchacho nos dio un vehemente discurso sobre lo poco peligroso que era el tabaco, poniendo de ejemplo a su abuelo de 96 años que había fumado toda su viva y estaba tan sano y vivo como él.
Yo no tenía fuerzas para rebatir sus argumentos ni casi para escucharle, pero mi hermana le discutía, hablaba más que yo y les llevaba la conversación en inglés, sin tanto miedo como yo a meter la pata.
En el asiento de atrás, yo estaba sentada en medio de los dos y me sentía como la mantequilla del sándwich, a punto de fundirme del todo con el pan. Aquel tipo se expandía mas de lo conveniente. Me tenía harta.
Por fin llegamos a casa. El chofer nos cobró lo estipulado con un poco de vergüenza, creo yo, por habernos hecho compartir su coche con dos tipos que no sabían lo que era ser discretos, ni educados. Quizá es que además de ser muy grandes, eran muy jóvenes, y nosotras ya somos unas autenticas ‘señoras’, ladies, que nos decían en Dublín.
Fue un final extraño de un viaje fantástico.
Hoy en clase, mientras extendía la pasta de Bol de Armenia muy cuidadosamente en el marco, me acordé de los armenios. Y ahora si que me reído con esta aventura y he decidido contárosla. 
¿Qué vas a hacer conmigo? Me preguntan sus ojos
He pensado que voy a utilizar el marco para un espejo que pondré en la entrada de mi casa. Cuando me mire en el, recordaré a los armenios.. 
Voy a dejar al tío del bigote y las inmensas patillas en el sótano, esperando que vengan tiempos mejores para él.


 
Nota BOL DE ARMENIA. WIKIPEDIA
https://es.wikipedia.org/wiki/Bol_arm%C3%A9nico
El bol arménico, también conocido como bol armenio o bolo arménico, es una arcilla terrosa, generalmente roja, originaria de Armenia pero que también se encuentra en otros lugares. El término armenio se refirió más tarde a una calidad específica de la arcilla. Originalmente utilizado en medicamentos, también se ha utilizado como pigmento, como base o base para dorar y para otros usos. Es de color rojo debido a la presencia de óxido de hierro ; la arcilla también contiene silicatos hidratados de aluminio y posiblemente magnesio
 

 

 

 

viernes, 23 de mayo de 2025

Nunca es suficiente

La vida de un turista es dura porque piensa que nunca ha visto lo suficiente.

La Bourse - en la Canebière

 Aquel día en nuestro paseo por las calles del centro de la ciudad, vimos el impresionante edificio de la Bourse, hoy convertido en Museo en la Canebière la calle más conocida de Marsella. 

Llegamos hasta el Vieux Port donde yo me fotografié - como siempre hago, y cuando voy acompañada más aún- en el espejo del techo de la marquesina de Foster. 
Las tres hermanas en la marquesina de Foster
 

Ayuntamiento 

La marquesina en el Vieux Port

Jabón de Marsella, claro
Le Panier
Admiramos el magnifico edificio del Ayuntamiento y subimos al Panier, el barrio antiguo de la ciudad. Recorrimos sus estrechas calles y curioseamos por las pequeñas y maravillosas tiendas de artesanía, dulces y  jabones. 
Interior de la Catedral
Entramos en la Catedral y paseamos por la explanada que hay a su alrededor. A lo lejos veíamos el MUCEM y la Villa Méditerranée, dos modernos edificios que se construyeron con motivo de la Capitalidad Europea de la ciudad de Marsella en 2013.
Detalles artesanales y ecológicos - Le Panier

Nos dirigíamos  hacia estos dos modernos edificios y en la bahía se divisaba el Archipiélago de Frioul.  

Ni siquiera habíamos comenzado la visita a estos nuevos museos y yo ya estaba maquinando qué hacer a continuación.

Villa Méditerranée y MUCEM
Le dije a Pedro, --Podríamos coger uno de los barcos del puerto e ir también a las islas de Frioul. Me gustaría ver el Castillo de If y tratar de encontrar la celda del Conde de Montecristo.  Y señalé al fondo con la cabeza.

Castillo de If


Me parece que me había dejado con mis fotos y mis planes turísticos e iba pensando en sus cosas, porque cuando vio que yo señalaba hacia el mar con la cabeza, él apuntó con su mano al  impresionante barco atracado junto al MUCEM y dijo, -- ¿Qué dices?¿Quieres ir allí? ¿Te gustaría ir de crucero?

Y yo contesté, --¡¡Si, por supuesto. Es justo lo que estaba pensando!!