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| Infiernos de Loja |
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| Los arboles retorcidos |
| Árbol solitario |
| Los trojes para la aceituna |
| La fábrica de aceite, la antigua cooperativa, ahora abandonada |
| Loja, al fondo |
Fue una buena excursión. Muchas gracias, Tere
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| Infiernos de Loja |
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| Los arboles retorcidos |
| Árbol solitario |
| Los trojes para la aceituna |
| La fábrica de aceite, la antigua cooperativa, ahora abandonada |
| Loja, al fondo |
Fue una buena excursión. Muchas gracias, Tere
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| Monolito con la placa - estanque con patos. Año 2015 |
La otra placa se colocó en honor al Generalísimo, como le llamaba mi madre, porque él tuvo la idea del hacer este pantano y por supuesto vino a inaugurarlo. Lo de las inauguraciones de pantanos podéis verlo en cualquier NODO de la época.
Estas placas estuvieron allí desde el año 1956 hasta el año 2015, que yo sepa. Ahora ya no están. Pero yo sabia que las tenía en mis fotos y aquí os las enseño.
Las placas se colocaron en el monolito erigido en el pantano de Cubillas cuando éste fue inaugurado. Hace dos días fuimos a comer al restaurante Romero y ya no estaban allí. Aun quedan los patos, ocas o gansos con los que Yué, la perra de Nico, estuvo de conversación y aun queda el estanque y el monolito, pero las placas han desaparecido. Quizás la familia Romero, los que llevan el restaurante, las conserven en recuerdo de todos los años que allí estuvieron.
Solo porque recordaba haber ido allí una tarde a pasear por la carretera de la presa y a tomar un galipuche con mi madre he podido encontrar estas fotos y porque cuando las hice les puse nombre 'placas de Franco Pantano'. Si no lo nombras no existe, si no sabes cómo se llaman tus fotos, es como si no las tuvieras.
| 1988 Embalse de Canales - Saenz de Cosculluela |
| Embalse de Quéntar - Valdés y González Roldán |
Ahora que tengo mucho tiempo, me dedico a nombrar mis fotos, a ordenarlas bien y a hacer limpieza y tiro miles de ellas, tanto que a veces tiro a la papelera, o al pozo, lo que me hubiera gustado conservar.
Por eso cuando Rafa ayer me pidió una foto de la Casa Forestal de las Acebeas en el cerro de Navalperal, yo sabia que tenia fotos de esa casa porque un verano hace mucho tiempo hice una excursión con la bicicleta desde Siles hasta la cumbre del Navalperal y ya entonces tenia la santa manía de documentar mis rutas ciclistas. Busqué esa ruta y encontré las fotos.
Vaya si aparecieron, en mis archivos tenía ochenta Casas Forestales de las Acebeas, por la maldita costumbre que tengo de hacer 80 copias de seguridad de mis antiguas excursiones con la bici. A veces arreglo en alguna carpeta las que me gustan más y creo que he borrado las que no me gustan, pero no se han borrado; siguen estando en alguna extraña carpeta en algún extraño disco duro que ya casi no utilizo, y aparecen como fantasmas del pasado cuando busco algo especial.
Algunas de las fotos que encontré ayer para Rafa.
| La casa forestal de las Acebeas |
| Pedro con el foguero en Navalperal |
| Vistas desde la caseta del foguero de Navalperal |
| ¡Me encontré! |
Hace unos días se celebró el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER y por eso he recordado este cuento que escribí hace muchos años.
Nadie ve a la mujer invisible, nadie la oye, nadie la puede tocar, nadie siente el olor de su perfume, nadie le ofrece un asiento en el autobús cuando entra cansada, nadie le pregunta qué desea en la tienda, ni le pregunta qué quiere tomar cuando se acerca a la barra de un bar, ningún coche se detiene cuando ella quiere cruzar por el paso de cebra.
Nadie le
dice, ¿Me puede acercar ese impreso, por favor? Nadie le
pregunta si es la última en la cola, nadie le ha dado la carta en la mesa del
restaurante para que elija lo que va a comer, y cuando los demás piden
sus platos nadie escribe lo que ella desea tomar.
Nadie la oye o la escucha y por eso ella cree que habla sola. Nadie le pregunta su opinión; aunque ella escucha las de todos. Por eso, aunque nadie presta atención a lo que ella dice, ellos sí saben que hay una sombra frente a ellos que los está escuchando.
Nadie siente su aroma, nadie le pregunta qué perfume usa; llevó a la tienda el frasco de colonia que recibió de regalo en Navidad para devolverlo porque no desprendía ningún aroma. El encargado de perfumería debió de pensar que era una señora histérica y menopaúsica mas, como tantas otras que el ya tampoco veía.
Ella se mira en el espejo cuando se peina y se maquilla, pero sabe que ni siquiera el espejo le devuelve su cara. Lo hace por costumbre y piensa, mientras se pasa el cepillo por el pelo, que se estará volviendo vampiro y por eso ella tampoco se ve en el reflejo.
Nadie se ha dado cuenta de que su abrigo ya no es el gris de siempre. Ahora lleva uno rojo que nadie le ha visto; sus pantalones de cuero negro no reflejan la luz de la sala, y parece que sigue con sus viejos vaqueros. Sus botas de punta afilada color burdeos, con un gran tacón también afilado no han llamado la atención de nadie
Nadie le ha preguntado a dónde fue el fin de semana. Nadie le pide consejo sobre libros, ropa, conciertos y películas. Nadie sabe que ella también se interesa por la cultura.
Los libros que ella lee, no existen. Los cuadros que ella ve no están en las exposiciones habituales. Los conciertos a los que ella asiste solo son música que suena en su cabeza. Y las películas que a ella le gustan no están al alcance del mando a distancia, cuando algún día consigue retenerlo más de un minuto.
Ella sabe que es trasparente y ya se ha ido acostumbrando poco a poco.
Ella elige la comida que va a guisar pensando en los que van a venir a comer, como si ella ya no comiera; y compra las revistas según los gustos de los que van a ojearlas como si trabajara en la consulta de un dentista.
Los floreros y adornos con los que decora en el salón de su casa tampoco existen. Si cambia el lugar de las jarrones, figuritas o marcos de fotos para ponerlos a su gusto, otra persona decide que no es esa su posición correcta e insiste en poner los objetos simétricamente, como deben estar. Como si el gusto de ella no fuera el correcto.
A veces ha probado a ponerse durante muchos días seguidos diferentes pendientes en cada oreja o calcetines de colores diferentes; pero nadie lo ha notado.
Una vez se pintó el pelo de rojo y tampoco la vieron. Era tan diferente que ya no era ella, ni siquiera así vieron a la mujer invisible. Vieron a otra mujer.
La mujer invisible no se queja. Así está mas tranquila, y es más feliz. Ya no tiene que preocuparse por ponerse elegante para ir al trabajo. Si preguntas mañana a sus compañeros qué ropa llevaba hoy, nadie te lo podrá decir: falda, pantalones, el conjunto gris,…no se. Tampoco tiene que preocuparse por emparejar los calcetines o los pendientes, ni por llevar el coche sucio o los zapatos con polvo.
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| Fantasma en el aeropuerto |
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| El fantasma del tren |
Llevó a la fiesta de fin de año un nuevo vestido de tirantes que le descubría la espalda; nadie le vio la espalda. Todos se empeñaban en tapársela con un chal que llevaba sobre los hombros y que ella procuraba dejar caer. Como en aquella fiesta a la que fue con quince años y, rodeada de personas mayores, nadie le pasó un canapé y nadie la sacó a bailar. Ella ya no se pone triste como entonces, porque ahora ya sabe que no sabe bailar y que si no come mantiene su línea mejor. Pero ahora siente también que estaría más cómoda sentada en el sofá sin tacones ni tirantes.
Ella se queda sola, pero ya no está tan sola. Antes pensaba que había amigos alrededor y que ella también podría contar sus cosas. Ahora no le importa porque sabe que ella no está sola, porque no está allí; si nadie la ve, si nadie la escucha, si nadie la siente, si es transparente, si no tiene olor, ni tacto, ni sabor, ni vista, ni palabras que decir, es porque ya no existe.
Porque ella ya se ha convertido en el fantasma que siempre temió ser. Tu no la ves, pero ella sigue ahí. Ella sí te ve a ti.
Por culpa del golpe de estado, me quedé sin escribir mi tesis doctoral.

Fachada Palacio de las Columnas
No sé lo que me perdí en mi vida profesional por no tener la tesis. Pienso que quizás hubiera podido llegar a inspectora o, como otra profe de mi instituto que sí era doctora, hubiera alcanzado la mejor posición en la lista de profesoras solicitantes para un puesto en un instituto del extranjero y hubiera podido vivir unos años en Roma, o en París o en Lisboa.
O quizás me hubieran llamado para ‘trabajar’ como asesora y experta en aquellas agencias extrañas de algunas Consejerías de la Junta de Andalucía que inventó el PSOE, unas agencias que hacían los trabajos que correspondían a los funcionarios que dichas consejerías ya tenían. Con lo cual duplicaron los puestos de trabajo y los costes de la administración, pero no conseguían doble trabajo realizado.
No lo sé. Pero yo con la tesis hubiera tenido mejor currículum y en lugar de formar parte del Tribunal que vigilaba y corregía los exámenes para alumnos libres de Bachillerato que se sacaron de la manga hace unos cuantos años, hubiera formado parte de la Comisión que elaboró las pruebas. Como la Junta no se fiaba de nosotros, los profesores en activo, creó una comisión solo para elaborar estas pruebas, como creó otras Comisiones para fiscalizar el funcionamiento de los centros, el uso de los recursos, la escolarización o la formación del profesorado.
Estas agencias eran un buen sistema para colocar a sus activos, como dicen los espías en las series de la televisión. Con esos activos, y sus familias y sus amigos, bien colocados se aseguraron los votos durante muchos años hasta que se les acabó el chollo a ellos y llegaron otros.
Ahora me pregunto qué habrá sido de tantas agencias, comisiones, universidades y otras instituciones fantasmas que se sacaron de la chistera. ¿Seguirán aun funcionando con el gobierno de coalición que tenemos ahora en Andalucía? No tengo ni idea. Quizás las critique porque a mí nunca me llamaron para estar en ellas, para soltar la tiza y pasar unos años ‘sabáticos’ a costa de la Administración.
No, yo cumplí con mis obligaciones de profesora de secundaria día tras día durante 38 años, ya sé que como hicieron muchos otros. Hablo de esto ahora solamente porque hoy hace 40 años del fallido Golpe de Estado, y la mierda del pronunciamiento de Tejero me cambió la vida.
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| El bar de Letras, lleno de leyendas |
Aquel 23-F de 1981 me había citado en el Bar de Letras con Manolo, un amigo y compañero de estudios de Filología Inglesa. Íbamos a ponernos de acuerdo sobre los temas de nuestras tesis; los dos las queríamos hacer sobre Didáctica de la Lengua Inglesa y antes de buscar un director queríamos tener unos cuantos puntos muy claros. Habíamos quedado a las siete de la tarde; yo tenía un par de clases antes de esa hora en mis nuevos estudios de Traducción e Interpretación que se impartían en el Palacio de las Columnas, donde antes estuvo la Facultad de Letras y por eso su bar seguía siendo el Bar de Letras y por eso nos citamos allí.
Pero ni siquiera llegamos a vernos. Tejero entró pistola en mano en el Congreso a las 18.23 y todos nuestros planes se hicieron pedazos. El bar se vació, la Facultad se quedó en silencio. Nos marchamos a casa.
Allí se enterró mi tesis, y la de Manolo, creo.
Aquí podéis seguir la historia, en este programa de RTVE