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sábado, 2 de abril de 2022

El amargo

Nuestro camino esta mañana - entre jaramagos

 El hombre que cultiva y nos vende los espárragos se quejaba esta mañana de todos los problemas que tienen los agricultores ahora. Decía que su vecino de parcela, que normalmente cultiva maíz, este año va a plantar girasoles y los de la parcela del otro lado del camino, donde el año pasado plantaron ajos, este año también plantarán  girasoles. —Es por lo de la guerra, —nos dijo.

— Por aquí en la Vega, no, —dije yo—pero por estas tierras siempre se han plantado girasoles, no sé porque dejaron de plantarlos. No lo entiendo.

Dos manojos, cinco euros

—Ya, —dijo él — porque era más barato comprar el trigo o los girasoles a los de Ucrania o los de Polonia. Mi padre cultivaba trigo. Tenía 2000 marjales plantados de trigo y el ultimo años , justo antes de jubilarse, con lo que sacó por el trigo solo pagó  las semillas, los jornales y la maquina . Dijo que nunca más plantaría trigo y ya ves, no lo hizo. Ahora yo planto espárragos, pero también me enfado porque yo cobro por los manojos  la décima parte de de lo que los consumidores pagaran por ellos. ¿Quién nos cuida a los agricultores? Nadie. Entran ganas de ahorcarse en el amargo.

Campos de girasoles camino de Olivares

—¿El amargo? —pensé yo, —¿qué árbol será ese?  El hombre  estaba señalando el  borde de su parcela de espárragos y yo no veía más que una higuera vieja y pelada y los setos de jaramagos esplendidos, inmensos , amarillos.

— ¿Qué árbol es un amargo?

—El amargo, esas plantas amarillas.

—¡Los jaramagos!-  aclaré yo, como una niña repipi

—Sí, eso, ahí me voy a ahorcar.  Y se reía, por no llorar.

¡¡¡Los  amargos jaramagos!!!

Cuando volvía para casa recordé las palabras de mi amigo John King el año que le dieron el Premio Nobel de Literatura a Saramago. Entonces, octubre de 1998, yo estaba alojada en su casa porque acompañaba a mis alumnos de Intercambio. A John no le gustaba Saramago, igual que no le hizo ninguna gracia que le  dieran el mismo premio Nobel a Camilo Jose Cela unos años antes, 1989, (casualmente también estaba yo alojada con el Intercambio en su casas) pero en esta ocasión, no pudo resistir el comentario: -- Un autor que tiene nombre de planta de los sembrados: Saramago . Y yo dije -- ¿Te refieres a los jaramagos?? Y también se reía.
 

 

miércoles, 21 de julio de 2021

Curso de horticultura

 —Quita un poco de tierra y pasa el dedo por la patata. Si se 'suella', es que todavía no está. Déjala más tiempo. 

Camión de las verduras

Esta se suella fácilmente
 Eso me dijo el hombre que vende la verdura en la furgoneta que hay todos los días junto al centro de salud de Maracena, cuando le pregunté cómo podía yo saber si mis patatas ya estaban listas para recogerlas. Él es mi asesor de asuntos agrícolas y siempre le estoy haciendo preguntas de ese estilo.

 

 Mientras el hermano recoge los calabacines, cebollas, lechugas, tomates o lo que sea que en ese momento produzca el huerto que tiene allí cerca, el vendedor despacha su mercancía a los paisanos que hacen cola o corrillo a su alrededor y a los paseantes que volvemos de dar una buena caminata por la vega.

En realidad es una furgoneta

Ahora es el tiempo de los tomates y los compramos de cinco en cinco kilos porque son tomates de verdad, que saben a tomate de toda la vida y los hemos echado de menos durante todo el invierno. También tenemos en estos meses las hortalizas de verano: pimientos, cebolletas, ajos, berenjenas o calabacines; y está todo tan fresco, tan recién cogido del campo,  que son siempre una tentación. Al final compro kilos y kilos y acabo cocinando sartenes de pisto que no nos vamos a comer y que yo congelo para cuando vengan las visitas en verano. Lo mismo que hago con las habas, cuando es temporada.


 Como me da un poco de envidia del huerto de estos dos hermanos, he dedicado el trozo de jardín que se quedó vacío cuando murió la palmera a cultivar algunos productos. Yo ya tenía mi huerto de plantas aromáticas y de tomatitos cherry - recordad mi jardin potager - pero ahora la cosa va más en serio.

Empecé con los ajos y recolecté unas diez pequeñas cabezas de ajos. Luego las patatas, que aun no están listas,  y hace un par de meses planté unas pequeñas matas de tomates que compré en el vivero y que empezaron a crecer como la mata de judías del cuento. Yo no sé nada de horticultura, no sabía que cuando las planté tenía que haber encañado las tomateras para que no se rompieran las ramas, pero de pronto tuve que clavar cañas ente las matas como si estuviera haciendo una empalizada y sujeté las ramas con unos pequeños alambres. Ahora las matas están enormes y ya ¡¡dan tomates!!

Las tomateras encañadas
 Pero sé que necesito hacer un buen curso de jardinería y horticultura. Quiero cultivar más hortalizas el año próximo y quiero entender a los campesinos de la Vega cuando les consulte mis dudas.

No quiero que me suceda lo que me ocurrió con mis alumnos del instituto de Atarfe, IES Ilíberis. El primer año que estuve allí de profesora me sorprendió que  algunos de ellos faltaron a clase durante dos semanas a finales de curso porque eran buenos alumnos, no de los que hacían novillos y era época de exámenes. Cuando volvieron al instituto les pregunté qué les había pasado. Ellos me enseñaron sus manos, las tenían completamente negras, la piel estaba curtida como el cuero. Me dijeron:

 —Estábamos con el tabaco. 

—¿El tabaco? ¿Vosotros hacéis ese trabajo tan duro?? — pregunté yo, asombrada porque no tenían más de quince o dieciséis años.

 —Bueno, nosotros, los más jóvenes, lo que hacemos es 'estallar' el tabaco, no recogerlo.

—Ah, estallar—.

La planta y la flor del tabaco

Se me quedó cara de tonta pero no pregunté. Fue Silvia, la profesora de lengua española la que me explicó que lo que hacían era quitarle las flores a las grandes matas de tabaco para que las matas crecieran más grandes y además los campesinos no se quedaran con las semillas; se lo prohibía la Tabacalera, que les obligaba a comprarle a ellos las semillas.  En realidad mis alumnos no cortaban las grandes plantas, ni las ponían a secar en los secaderos, lo que ellos hacían era  'destallar' las plantas - quitarles el tallo.  

 

El cultivo de tabaco en la Vega era muy común hace ya unos años y ellos ayudaban a sus familias cuando era la temporada. Ahora ya no quedan cultivos de tabaco y los secaderos están abandonados y en ruinas.

Las plantas de tabaco en el secadero
Secadero en ruinas

Muchos años después de aquello no he necesitado que Silvia me tradujera lo que podía pasarle a las patatas; ya sé que si las recojo antes de tiempo, se desuellan, se pelan, como la piel que roza con un zapato nuevo.

 Como tampoco necesito las explicaciones de un lingüista para entender a mi amigo el hombre de la verdura cuando me dijo hace unos días:

 —No están malas, es que las espinacas con el calor se afligen, pero son buenas.

—¡Pobres espinacas!—pensé yo.  —Sí que están tristes, realmente parecen afligidas.

 

El hombre de los espárragos
 El hombre que nos vende los espárragos en su terreno también le aplica un peculiar vocabulario a sus cultivos. Se ve que estos hombres miran con tanto cariño sus campos y sus plantas que les dan propiedades casi humanas. Esta primavera pasamos un día frío a comprar unos manojos de espárragos, pero no había muchos esa mañana. El hombre nos lo explicó muy bien:

— Hoy no han salido muchos. Hace frío por las mañanas y las plantas se acobardan.

 

A mí me gustaría saber cultivar bien mi pequeño huerto, como hace esta gente del campo y saber hablar tan bien como estos campesinos de la Vega. 

 

¿Alguien me puede decir dónde dan cursos para estas materias?