Allí, bajo la protección de la autovía, se reúne un grupo de gente joven para ensayar marchas procesionales. No fallan nunca; haga frío o calor, nieve o llueva, allí están preparándose para el gran concierto del año. El numero de concertistas va aumentando conforme nos acercamos a la Semana Santa. En estos días de abril la rotonda se les queda chica y ensayan también en el carril bici y en las aceras. Dejan los coches tirados en las cunetas y se reúnen bajo la carretera, sacan los atriles, las partituras y las trompetas y otros instrumentos de viento y percusión y siguen una hora tras otra y un día tras otro hasta que llega el Lunes o el Martes o el Miércoles o lo que sea Santo y van detrás del paso de su cofradía acompañándolo y tocando esa música que han estado practicando TODO el año.
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Si no llueve, sale
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No os exagero nada. Os aseguro que llevan haciendo eso desde el año pasado cuando terminó la semana santa, y el anterior, y el anterior.
Algún ayuntamiento avispado debería poner esta actividad entre sus alternativas al 'botellón'.
Lo malo es cuando el día que les toca sacar a su santo .... no para de llover y no hay procesión. Y no hay concierto. Entonces lloran desconsolados por no poder demostrar sus habilidades musicales, pero pronto se consuelan pensando que ya queda un día menos para la procesión de año próximo.