Hoy he vuelto a la Provenza. No sabía que estaba tan cerca.
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Así de limpios estaban los pueblos antes del barro - Nigüelas
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Hoy he bajado a la playa para disfrutar del comienzo de las
vacaciones de Semana Santa bajo el sol de abril, pero me he equivocado de camino y he llegado a unos pueblos diferentes a los habituales.
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Lavadero de Melegís - detalles con encanto
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Por la carretera, los pueblos blancos
andaluces: Lecrín, Melegís, Restábal, Nigüelas, hoy no estaban blancos. Junto a la presa
de Béznar, unas casas que eran blancas hace solo un mes, hoy eran de color
marrón. Los churretes de barro se deslizaban por sus fachadas y solo se veían menos
sucias, pero no blancas, en las zonas resguardadas de la lluvia y el viento, las
que están bajo el alero del tejado o bajo los balcones. Lo demás es un paño
cubierto de polvo ocre y marrón.
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Antes de la tormenta
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Después de la tormenta
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En Nigüelas, donde hemos parado a comer, ni siquiera sus abundantes manantiales, acequias y fuentes han podido limpiar el barro que les cayó, que así ha dejado sus casas. No era este el pueblo que yo conocía.
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Calle del Canalón - con sus churretes y vistas
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Menos sucio bajo el alero
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Los montes por el camino no se veían verdes, ya sé que
nuestro paisaje nunca es tan verde como en Asturias, pero en primavera las hierbas silvestres
brotan bajo los olivos y los barrancos y por unos días disfrutamos de una leve evocación
del paisaje del norte. Pero hoy todo era de color ocre.
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Un poco de verde bajo los olivos
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Todo: Los molinos de viento, los quita miedos
de la autovía, los separadores de la mediana, los muros de contención del
terreno, el reloj de sol de la rotonda de Ízbor. El asfalto estaba lleno de barro,
las mangas para medir el viento hoy no eran blancas y rojas, hoy eran marrones.
Los paneles de señalización no son azules, son verdes: azul más un poco de polvo
amarillo del barro = verde.
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Patio de luces marrones
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La terraza es un lodazal
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En la casa de La Herradura, el barro está
aun pegado en las baldosas de las terrazas, en las paredes del patio de luces, en
los poyetes y persianas de las ventanas, en el fondo de la piscina.
Mis vecinas se quejan porque todas sus
limpiezas después de la primera tormenta no sirvieron para nada. --Y dicen que
seguiremos así hasta el verano. Estoy harta ¡Yo no limpio más!
Nuestro pueblo que era blanco y
luminoso, con paredes encaladas cada año para las fiestas, ahora parece un
pueblo de la Provenza: todo de color ocre.
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La oficina de correos. Podría estar en cualquier pueblo provenzal
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En nuestro bloque ya han avisado al
pintor para que lo encale todo y lo deje limpio antes del verano. Yo creo que no va a servir para nada, se volverá poner marrón en la próxima tormenta. -- Temo que esa pintura blanca durará
poco tiempo---, le dije a mi vecina Sonia. -- Mas nos
valdría pintarlo de color ocre, como en la Provenza, o, mejor aún, de color rojo Marrakech.
Parece que el desierto quiere quedarse a vivir con nosotros.
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Martingues - El mismo color
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Rojo Marrakech
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