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2007 - Bolas de colores
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Hoy
es el día que quito la cortina de la puerta de la cocina que da al patio, la
meto en su caja y la guardo en el sótano junto con los colchones desinflados, los
churros de colores, los cojines de las butacas y la cesta de las toallas. Hoy
es el día que declaro oficialmente terminado el verano.
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2008- De bolas marrones
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Este
año ha sido casi un mes después de que entrase el otoño, pero es que en esta tierra
los veranos se alargan por San Miguel y por el veranillo de los membrillos
hasta el Pilar.
Ya
de hoy no pasa que quite la cortina porque prefiero que entren las moscas y las
pocas avispas que van quedando pero que entre la luz del sol que ya no nos
ciega y nos deja desayunar con la puerta abierta.
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Con chispas del sol
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Y
es que yo cuelgo la cortina de la cocina cada verano para poder dejar la puerta
abierta todo el día sin preocuparnos de que entren los insectos y los fuertes
rayos mañaneros del sol. Pero la cortina también nos acompaña cuando decidimos comer en el
patio. Entonces se arrastra por encima de los platos y cubiertos que hay que bajar
para poner la mesa. Luego, tengo que abrirla con la cabeza para poder entrar en
la cocina con las manos ocupadas con los platos sucios, las fuentes donde he
servido la comida, o la bandeja de los vasos y copas usados durante el almuerzo.
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EL churro y los juguetes que guardo con la cortina
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Poner
la cortina en la cocina es una tradición en esta casa desde hace muchos veranos
y hemos tardado todo este tiempo en dar con el modelo más adecuado para
nosotros.
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De falso bambú
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Cortina de flores de tela
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Hemos
tenido cortinas de cuerda, de chapas de
botellas, de bolas de madera, de flores de tela, de trocitos de falso bambú de
colores y en una ocasión hasta colgué una cortina hecha de plaquitas de falso nácar
que quedaba preciosa pero enganchaba los pelos de todas nuestras visitas.
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Bolas de colores
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Las
cortinas de bolas de madera tenían dibujos geométricos que se quedaban
descompuestos a las dos o tres semanas porque las tiras laterales se metían en
el quicio de la puerta y al cerrarla, las bolas crujían como si estuviera
cascando nueces y poco a poco el dibujo desaparecía y la cortina también.
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De toda la vida
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A veces era un buen lío
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Nunca
puse una buena cortina de tela, una de esas cortinas tradicionales con las que
siempre se han tapado las puertas de la calle en las casas de los pueblos y que
tenían muchos usos: proteger la madera del inclemente sol, dejar que entrara el
fresco y poder ver la gente pasar. --
Buenas tardes, --me decía siempre mi vecina, la señora Carmela, desde su sillita de
anea detrás de su cortina, cuando yo pasaba delante de su puerta.
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Cortina de la casa de Nico
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Este
año hemos encontrado la solución: Una
cortina de cintas de plástico que se enrollan sobre sí mismas como tirabuzones
de niña traviesa. No se destroza en el quicio de la puerta, no se engancha en
la ropa o los pelos y no se deshace poco a poco como le pasó a la cortina de
flores de tela que alegraba la vista del jardín pero que parecía la vela de un barco
cuando soplaba un poco de viento. Y no me olvido de otras cortinas encontradas en otras casas por ahí, como esta de la casa de Nico, con unas maravillosas sombras.
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La última - Espero que dure muchos años
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Aunque
nos ha ido bien con la nueva cortina, hoy ya la he quitado.
Se acabo el verano.
He dicho.
Me apunto el modelo. Nosotros tenemos de bolas y, como dices, acaban destrozadas. Gracias ;)
ResponderEliminarLa cortina de bolas acaba destrozada y los nervios de quien esta cerca también! Besos!
ResponderEliminarTú y tu cortina daréis por terminado el verano, pero hoy hemos tenido 30º y en mi barrio más aún.
ResponderEliminarNo creas que no estoy pensando en volverla a poner. Salí por la mañana a hacer la compra y cuando volví a casa, las verduras estaban ya casi cocinadas por el calor que hacía!
EliminarTu "saga" de la cortina me ha hecho recordar que, en mi antigua casa, no teníamos cortina en la puerta que daba al patio porque no hacía falta, ya que la escalera que bajaba tenía un recodo y un descansillo, donde en verano había corriente y se estaba en la gloria. Además, aunque en otras casas del barrio esa salida al patio estaba en la cocina, en la mía estaba en el recibidor.
ResponderEliminarDesde fuera parecía que todas las casas eran iguales, menos las de las esquinas, que parecían mas grandes. Una amiga de mi madre vivía en una de estas esquinas- la única que aún no han echado abajo.
EliminarLas casas de mi barrio eran todas iguales, todas tenían 125 m², incluso las de esquina, pero cuando se construyeron, permitieron que los compradores les hicieran mejoras y cambios. Fíjate que la bañera era una "mejora" opcional...
ResponderEliminarEsa señora amiga de tu madre la conocía yo también y la estuve viendo hasta que murió, pues teníamos el mismo médico de cabecera y por él me enteré de que había muerto.
EliminarA María Angustias, la amiga de mi madre, le encantaba la costura y tenía la máquina de coser junto a la ventana en el salón para poder ver pasar a la gente mientras hacía sus cojines y colchas. Era un primor de mujer.
EliminarPor Zaragoza aún tenemos trazas de verano, aunque ya está deshilachado, en el Pirineo Aragonés donde me encuentro ahora, el invierno ya ha dado señales de vida, mucha lluvia y 12 grados a las 7 de la mañana, hoy domingo.
ResponderEliminarEl post precioso, me ha recordado la juventud en mi antigua casa y en el pueblo de mi padre.
Gracias. Un saludo.
Muchas gracias por llegar hasta el sur a dejarme este amable comentario. Cuídate de los fríos del Pirineo!
EliminarPor algún lugar de este blog cuento que yo también anduve por tus hermosas tierras con mi bici, un verano de hace ya muchos años. https://etolobla.blogspot.com/2006/07/el-valle-de-aran-ra-val-daran-i-mean.html