viernes, 19 de agosto de 2011

Con la familia

Ayer quisimos acompañar a la familia en estos tristes momentos y fuimos a La Yedra para asistir al funeral por tío Pablo. Hacía un tremendo día de verano. Durante el viaje parecía como si estuviéramos cruzando un desierto para llegar a otro lleno de olivos. Ya sabéis cómo es esa tierra, ya conocéis sus calurosos veranos.
Cuando buscábamos un lugar donde comer por Baeza, no había nadie por las calles, solo algunos valientes se habían refugiado, igual que nosotros, en los soportales de la plaza.
Al coger el coche parecía que entrabamos en la sauna, y no soplaba ni una brizna de aire.

Además el calor y la pena parecen juntarse y aplastar el ánimo de cualquiera.

Había mucha gente en la ermita de La Yedra. Ya se que somos una familia muy grande, pero él tenia además muchos amigos y no les echó para atrás el calor. Allí estaban, estábamos, casi todos
Nos juntamos muchos primos también, algunos mas conocidos que otros. Pero siempre nos alegramos de vernos aunque sea en estas circunstancias.
Siento no estar mas expresiva: tío Pablo siempre me cayó muy bien. Siempre me recordaba a cuando yo era pequeña y el me cuidó mis piernas arqueadas por la falta de calcio. Siempre fue cariñoso conmigo, y con todos.
Hoy he recordado que hace muchos veranos, en una de nuestras visitas a la familia para llevar o traer a nuestra madre, hice una foto de uno de sus 'juguetes': una maqueta de la Ermita de la Yedra. He encontrado la foto y quiero enseñarla para que guardéis, como yo, un buen recuerdo: