sábado, 16 de mayo de 2026

Un día como otro cualquiera

Ventas de Huelma-ruta habitual en los 90

Desde hace unos meses he vuelto a salir por los mismos caminos que recorría y disfrutaba hace ya algún tiempo. Los recorrí primero durante mi larga carrera como ciclista, generalmente con Pedro y a veces, pocas, con nuestra pequeña peña ciclista de la que Pedro había sido nombrado capitán por el Curro. 
Más tarde, recorrí esos y otros caminos a pie.
Ahora salgo al campo, sobre todo por la Vega, para hacer fotos. Algunas veces voy sola, con miedo a que un cultivador de esa planta aromática y embriagadora, que tan bien se da en nuestras tierras, me dé un día un susto, y otras veces salgo con mi grupo del taller de fotografía de Maracena, TAFOMA.
Hoy, por ejemplo, he estado en el Temple.
 Para los ciclistas de hace años era un lugar favorito porque la carretera que lleva desde La Malahá a Ventas de Huelma, y más tarde a Agrón, no tenia apenas tráfico y el asfalto estaba en buenas condiciones para las bicis de carretera, nuestras primeras bicis, las únicas que había entonces.

Ahora esta ruta es intransitable: los camiones entran y salen del Polígono de Escúzar camino del Puerto de Motril o de las autovías y ya se ha acabo la tranquilidad. 

Tengo pocas fotos de aquellos días en los que salíamos de nuestra casa en el camino de Ronda y hacíamos esas rutas con viejos ciclistas en grandes peñas, porque entonces solo tenía mi cámara analógica y se le acababa pronto el carrete. 
Mi equipación en 1991


Aquellos hombres mayores no paraban de darme consejos sobre mi manera de llevar la bici. Nunca les parecía bien cómo llevaba los piñones, ni los cambios, ni la postura de mis pies, ni nada - Niña, que vas muy dura, Niña, que vas muy blanda. Yo ya no era tan niña; volví a la bici, que había sido una afición de adolescente, con 35 años, pero para ellos yo debía de ser de la edad de sus nietas.  

  Guardo muy buenos recuerdos de aquellas primeras rutas, aunque mi bici era muy grande para mí, y eso que era la talla más pequeña de adulto. Además, también era imposible encontrar ropa apropiada para mujer porque solo había culotes y maillots para hombre, mis zapatillas eran la talla más grande de las de niño, y el sillín me dolía como a cualquier novato ciclista que se precie.

 
Pero lo pasaba bien. Cada ruta era una aventura en la que no sabía cómo ir a terminar. 

Al fondo, embalse de los Bermejales

Hoy he vuelto por esos caminos, con mis colegas fotógrafos, y he hecho 300 fotos de las que tiraré 280, que no valen nada, porque hacer fotos es como rascarse: una vez que empiezas, ya no puedes parar.   


Si me ponen delante de un buen paisaje, lleno de flores de esta bendita primavera y de campos verdes, encinas, pistachos, lomas y hasta una torre y un pantano, ya no tengo manera de decirme a mí misma --¡¡PARA, STOP!!

 Pedro lo hacía. Se quejaba con santa paciencia de que siempre quisiera parar para hacer fotos con la frase: -- ¡Si esta foto ya la has hecho mil veces antes!! Ya, --decía yo--, pero hoy hace menos sol, hay más nubes, tengo otra cámara, han construido más urbanizaciones--.

 Como excusa para volver a hacer misma la foto por enésima vez.

Torreón de Agrón


 Pero ahora mis compañeros y compañera (solo hay otra mujer) del grupo de 'fotógrafos' con el que hago estas rutas, son iguales o peores que yo. Hacen miles de fotos ¡y no tienen prisa!   
 
Ya no tengo bici, pero sigo disfrutando de estos paisajes maravillosos y de las fotos, otra de mis grandes aficiones. 
 
 
 
 
 

Ciclistas y fotógrafos por los caminos


Por allí está la Axarquía, el Lucero, la Maroma ...


Los Bermejales desde la Torre de Agrón

Hoy he vuelto al pasado. Misma placa, mismo pueblo. 
Ventas de Huelma 22 años mas tarde


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario