jueves, 22 de febrero de 2018

Adios a las chumberas

Ha pasado la plaga - Febrero 2018
La plaga de la cochinilla silvestre - Dactylopius opuntiae- , no confundir con la cochinilla del carmín - Dactylopius coccus - lleva unos años atacando y acabando con las chumberas y parece que a nadie le preocupa, ni le pica.
Flores pobres
Para marcar lindes
En algún sitio he leído que no se está haciendo nada por salvarlas porque las chumberas, tan típicas, tan tópicas, no son plantas autóctonas, sino que fueron traídas a España desde México, entre otras cosas para criar la cochinilla del carmín, en Canarias, y para reforestar terrenos desérticos en zonas como Almería.
También se les dieron otros usos:  En el campo la gente plantaba estas generosas plantas con sus grandes pencas llenas de pinchos para marcar lindes y para evitar que el ganado entrara en las tierras cultivadas.
Como ya las chumberas no tiene este uso, parece que los bichitos están devorando las chumberas sin ningún control y por eso sus pencas ya no están verdes y tiesas, sino de color gris apagado como podéis ver en las fotos.
Las flores de la chumbera

Vivos colores
Cuando una chumbera está agotada las cochinillas se trasladan a la chumbera de al lado. Y así la plaga ha avanzado rapidamente por todo el sur de España, de provincia en provincia sin que nadie a haya controlado.
 Es como si las chumberas ya no nos importaran.
 A mi me da pena porque en nuestro paisaje seco andaluz son - eran-  tan habituales como el esparto o las pitas y en cierto modo ponían algo de verde en los campos amarillos y en las cunetas. 


Además tienen unas preciosas flores en temporada y cuando se acerca  el verano, algunos expertos sabían cortar y pelar sus frutos, los higos chumbos, y los vendían en las esquinas de nuestras calles.
Vendedora de chumbos
 

Mirad a vuestro alrededor cuando vayáis a la costa o paséis por terrenos de secano. Ya no quedan chumberas verdes y lustrosas por los caminos, terraplenes, bordes de la carretera o por nuestros paisajes. 
Ya están todas muertas.  
Así de sanas estaban en febrero de 2015

Eran parte de nuestro seco paisaje