lunes, 19 de noviembre de 2007

Recuerdos de Sarajevo

Creo que a todo el mundo le gustan los puentes. Es curioso cómo nos llaman la atención cuando vamos de viaje. Las cámaras siempre apuntan a los arcos, al río, a los tirantes que sujetan la estructura, a las barandillas, a las farolas que los adornan.
Yo recuerdo que mi padre me llevaba a ver el puente de Durcal cuando lo estaban haciendo; no el de hierro del tranvía, que era de la época y de un discípulo de Eiffel, el de la Torre; no estoy diciendo que fuéramos tan viejos. Me refiero al puente de hormigón que levantaron a principios de los años 80 para sustituir al viejo puentecito en lo hondo del valle del Río Durcal. Entonces parecía una tremenda obra de ingeniería. A ambos lados del barranco empezaron a lanzar las enormes vigas sobre las que iría la carretera, hasta que finalmente se encontraron en mitad del vacío. Era espectacular ver avanzar esas masas de hormigón en el aire y pensar que se iban a encontrar en el punto justo, a la misma altura y con la misma medida. Así que o me llevaba el o lo llevaba yo a ver las obras, hasta que lo vimos alzarse completamente sobre el valle. Y después de aquello, ¿quien no se ha quedado atascado en mitad del tráfico en él o por allí cerca al volver de la playa un domingo por la tarde??
Y desde entonces a mi también me quedó esa fascinación por los puentes. Pero se que no soy la única. Aquí tenéis la prueba.

Ona ha ido a Sarajevo y me ha mandado dos fotos. Y son del puente de Mostad, una de dia, otra de noche. Es cierto que es un puente simbólico, todos lo vimos totalmente destrozado cuando la guerra de la antigua Yugoslavia. Supongo que por eso le llamó la atención y por eso eligió estas fotos. Pero al fin y al cabo todos los puentes tienen algo simbólico ¿no?