miércoles, 22 de abril de 2026

50 céntimos de euro

Clase de fotografía

 He ido desde Albolote a Maracena, a mi clase de fotografía, sin un euro en el bolsillo, sin un céntimo, sin cartera, ni tarjeta. O sea que he ido sin billete. Menos mal que son pocas paradas y no ha llegado el inspector. Me hubiera muerto de vergüenza.

Me había dejado el monedero en la cómoda de la entrada: el despiste mañanero y las prisas. 

Cuando salí de la clase de fotografía, bajé a mi taller de cerámica. Saludé a mis compañeras y le pedí a Ana, mi profe, un préstamo de dos euros para poder comprar un billete de metro, ir a Granada y unirme a la celebración del cumpleaños de María Luisa. 

No podía ni imaginar cuánto partido le iba yo a sacar a esas dos monedas de euro. Me fui a la parada del metro a comprar mi billete . La máquina no aceptaba mis monedas y el metro ya estaba parando en la vía. Un señor me vio nerviosa y me ofreció un billete y me cogió un euro de la mano, --Esto basta, dijo y yo le di las gracias, otra vez despistada y aturdida. 

Me bajé en la estación de autobuses, la parada para ir a la residencia de María Luisa, donde habíamos quedado las primas y Nico para comer con ella por su cumpleaños. En el camino decidí entrar en el supermercado  AKI  para comprarme una botellita de agua. Con tantas emociones iba muerta de sed y supuse que con el euro que aun tenia en la mano me podría permitir ese lujo. Un hombre tendido en la acera, con su chaqueta haciendo de almohada, me dijo - Señora, si va a entrar, tráigame algo de beber. 

Di vueltas por todo el super buscando el agua. En la sección de panadería un hombre escarbaba entre las barras de pan con su manaza buscando la barra mas tostada, sin guantes y sin ningún respeto por los demás. Yo encontré el agua y me permití comprar dos botellines. ¡Aún tenía 50 céntimos de euro!!

Con tía María Luisa

En la caja me volví a encontrar al hombre de las manazas pidiendo a gritos a la chica de la caja que abrieran otra caja más porque él tenía mucha prisa. Repetía- Tengo el autobús mal aparcado y me van a multar.  Con sus gritos nos espantaba a los que esperábamos en la cola silenciosamente. Una nueva chica abrió la otra caja, el hombre pagó su compra y se fue. Yo pagué mis botellines y salir a la par que él. Volví a donde estaba el hombre tumbado y le di el botellín, como quien realiza una maravillosa obra de misericordia - Dad de beber al sediento. Pero el hombre desde su 'tumbona' me dijo - Señora, esto no es lo que quiero para beber. Yo le contesté --No puedo comprar otra cosa, no tengo más dinero. Si no la quiere déjela por ahí. --No, me la beberé. "Menuda obra de misericordia tacaña", pensaría el hombre.

El hombre del pan estaba a mi altura y cruzó la calle; por allí no había ningún autobús, ni mal, ni bien  aparcado. Se ve que era su coartada para ser grosero, dar voces y ser el primero en ser atendido en cualquier cola.

Emily Dickinson
Me fui para la residencia a buscar a María Luisa.  Por el Día del Libro habían decorado las paredes con poemas que estuve leyendo mientras la buscaban. No pude evitar que se me saltaran las lágrimas: eran poemas de vejez, de muerte, de tristeza. 
Leí este poema de Mario Benedetti:

AQUÍ NO HAY VIEJOS, SIMPLEMENTE NOS LLEGÓ LA TARDE

Aquí no hay viejos
Solo que llegó la tarde:
Una tarde cargada de experiencia
Experiencia para dar consejos.
Aquí no hay viejos
Solo que llegó la tarde.
Viejo es el mar y se agiganta.
Viejo es el sol y nos calienta.
Vieja es la luna y nos alumbra.
Vieja es la tierra y nos da vida.
Viejo es el amor y nos alienta. ....
  
Para remate cuando llegó con su cuidadora, me presentó diciendo,  --Es mi sobrina Pilar, se se ha quedado viuda hace muy poco tiempo.  Sé que María Luisa me tiene en su recuerdo y siempre me pregunta cómo estoy. Yo me emocioné y seguí llorando, ahora llorábamos las dos. 

Llegaron las demás primas y nos fuimos al restaurante y elegimos para ella su comida favorita. Charlamos, recordamos a nuestra gran familia, nos reímos y brindamos por ella. 

De postre un helado de Marconata y pionono - no intentéis pedirlo en cualquier sitio - para ella y otros mas normales para los demás.  Nos hicimos esta foto y nos despedimos hasta el próximo encuentro.

Mi cubertero

Nico me dijo de ir al taller de Cecilia, al pantano de Cubillas, a recoger una pieza de cerámica que le habían cocido allí. Yo pensé que sería valiente y me iría en la moto con él. Pero no lo pude resistir y dos calles mas adelante le dije que me iba a bajar, que yo iría andando a Maracena para mi clase de cerámica, pero que no tenia valor, fuerzas ni energías para ir en la moto. 

Pan y quesico - recuerdos
Me senté en un banco para tranquilizarme. Bebi un poco de agua de mi botellín. Me levanté y me fui a la cerámica. Hice los últimos arreglos al cubertero para la Casa Roja. Le hice unos troquelados con forma de pez, pato y burbujas. Lo pinté con engobe azul. Me fui a casa.

Escribí esta historia en mi blog.

Salí a la calle. Me tomé dos cervezas con mis amigas del club Las Chicas de Oro. Nos reímos un rato. 

Acabo de volver a casa.

Ha sido otro largo e intenso día. Mi vida ha cambiado tanto que casi no la reconozco.

9 comentarios:

  1. Yo creo que todos pasamos por algún cambio grande en la vida y luego están los cambios que se van sucediendo poco a poco. Que, como dicen, vas bajando escalones de uno en uno, hasta que empiezas a bajarlos de cinco en cinco.

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  2. ...Y lo de quedarse sin dinero, se arregla pagando con el móvil que, seguro, no te lo dejaste.

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  3. Será eso, lo de ir bajando escaleras. Más me vale entonces prestar atención en donde piso porque con los años ya no distingo los escalones! Ya se que la gente paga con el móvil, pero yo no sé cómo se hace eso, y tampoco sé si en la maquina de billetes del metro se podría hacer. Tendré que actualizarme!

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  4. Pregunta en el banco donde tienes las tarjetas y te lo explican en un momento. Es muy cómodo, yo lo hago desde que lo implantaron y da mucha tranquilidad saber que, aún en algo importante, no te vas a encontrar sin dinero. Pero, eso sí, el móvil bloqueado con tu huella.

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  5. Creo que se puede pagar con el móvil en el Metro y sin necesidad de ir a la máquina de los billetes, solo en el chisme ese de entrar.

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    1. Eso está en mi lista de preguntas pendientes también. Te veo yo experta en estos temas!

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    2. De experta nada... Simplemente utilizo las cosas que me facilitan la vida. Y, en este caso, no llevar dinero encima también da tranquilidad, pues ya sabemos la de personas mayores que son atracadas por la calle o hasta en el portal de su casa.

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  6. Cierto, un día súper intenso. Un besico

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    1. Últimamente mis días son intensos. Tanto que hoy me he quedado en casa toda latarde para descansar y mañana haré lo mismo. Estoy agotada!! Un beso!

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