domingo, 1 de marzo de 2026

Señales del Más Allá

 En la leonera en la que se ha convertido mi estudio estaba intentando montar un álbum de fotos para regalárselo a Nico por su cumpleaños.

La portada

Dos días antes llevé las cincuenta fotos de Nico o con Nico que he rescatado de mis archivos a que me las imprimieran en el estudio fotográfico de mi pueblo. La señora parecía estar contenta de que alguien pasara por allí con un encargo diferente a los que ellos suelen realizar. Son especialistas en temas BBC. Ya sabéis Bodas, Bautizos y Comuniones-. Yo solo quería unas fotos para un álbum ¿habrá algo más viejuno que eso?



La última página

Por eso mi mesa de trabajo ahora parecía una leonera. Al menos eso es lo que decía mi madre cuando entraba en nuestro desordenado cuarto donde dormíamos, estudiábamos y nos peleábamos las cinco hermanas que lo compartíamos. Esa era su frase: --Este cuarto parece una leonera. ¡Y era verdad!

 Así estaba yo en mi estudio, rodeada de fotos, cartulinas, pegamento, tijeras, rotuladores y no sé qué más, cuando, de repente, la impresora empezó a hacer ruidos sincopados, parecidos a los del lenguaje MORSE durante un buen rato. Parecía que se quisiera comunicar conmigo o como si tuviera un poco de resfriado y estuviera tosiendo. 

Señales del Más Allá

Yo no la he usado desde hace unos días porque me he quedado sin tinta, así que cuando oí esos ruidos, me  senté en el taburete rojo de IKEA frente a ella y le dije muy seriamente:

-- ¿Me vas a mandar las coordenadas, vas a empezar a tirar los folios o me vas a imprimir un mensaje?  (Espero que recordéis la película INTERSTELLAR) Y me quedé tan tranquila mirándola y esperando más señales.  Pero no volvió a decir nada.  Recuperó su silencio y su pasividad habitual,  con solo esa lucecita azul que indica que sigue aquí.

Pero en realidad sí que me había dejado un mensaje que comprendí en parte por la noche, cuando a la vuelta de mi paseo en Granada, me encontré mi casa completamente a oscuras mientras que las farolas estaban encendidas y las ventanas de mis vecinos iluminadas. Yo era la única vecina de la calle que no tenía luz.

Misterios como la física cuántica 
La impresora me había dicho que pasaba algo con la electricidad, que anduviera con cuidado, y yo no descifré su mensaje hasta la mañana siguiente, cuando vino el técnico y me dijo que se me había ido una fase.

Menos mal que el vecino del final de la calle tenía el mismo problema; por eso la compañía aceptó que yo no había hecho saltar los plomos, que la culpa era de ellos por esos apagones relámpago que sufrimos en mi barrio con frecuencia y accedieron a venir a reparar la avería.

Mi vieja impresora si había notado que durante la tarde la electricidad se iba y venía en fracciones de segundo y por eso carraspeó para decirme. ¡Ten cuidado cuando vuelvas! ¡NO HABRÁ LUZ!

Todo a oscuras - 
Pero yo no descifré el mensaje.
 A partir de ahora cuando la oiga toser, sacaré las linternas, las velas y la lámpara para apagones que me regaló Elvi el verano pasado. Estaré preparada. 


miércoles, 7 de enero de 2026

Figurín

 Ayer Ana, mi amiga la costurera, me llamó para decirme que había muerto Andrés, el Moreno.  Me sorprendió su muerte repentina - Se lo encontraron muerto en su cama ayer, -me dijo. Pero no me sorprendió su muerte. A ver. Andrés jugaba con la vida cada día. 

Por lo que yo sabía su vida era una carrera hacia este fin. No comía nada absolutamente. Se alimentaba de cerveza y de cigarrillos. Siempre con un botellín en la mano en todos los bares donde yo me lo encontraba en mis paseos por este pueblo.

Copas y mascarillas

Cuando coincidía en la terraza o en la barra de un bar con él, yo me fijaba en que nunca comía las tapas. De hecho, ya el camarero no se las ponía. Solo durante el periodo de tiempo que lo vi ir de copas y bares con su mujer y las chiquillas, que yo pensaba que eran sus hijas, sí les veía algo de comida en los platillos de las tapas, pero esa etapa ya había terminado. Últimamente siempre estaba solo, como cuando le conocimos

Pero Andrés, que no comía, reía siempre, bueno, sonreía taimadamente como quien sabe de la vida más que tú y que yo. 

¿Por qué nos cogió cariño a Pedro y a mí y nosotros se lo cogimos a él?

Empezamos por saludarlo cuando coincidíamos con él en Las Peñas, aún en pandemia, cuando todos entrabamos recelosos en los bares y guardábamos las distancias. Nosotros aún nos poníamos las mascarillas para salir de casa; no recuerdo haber visto a Andrés con una mascarilla nunca. Era como si la ley no se hubiera escrito para él, esa ley y algunas otras.

Él se sentaba en un taburete junto al fuego y se fumaba un cigarrillo tras otro porque sabía que ninguno de los allí presentes íbamos a llamarle la atención por fumar. Nadie le decía nada. Nadie, a pesar de que conocía a todo cristo que entraba por allí.

En esa esquina junto al fuego hacía sus negocios, como si fuera miembro de una vieja tribu de tratantes de ganado, y debían de ser negocios importantes. Dicen las malas lenguas que controlaba al pueblo; es decir los negocios ocultos del pueblo y los colegas que venían a consultarle o saludarle eran unos tíos grandes con pintas de matones a los que yo nunca llamaría la atención por fumar ni por nada. A mi me intimidaban.

Junto al fuego

Pero con él era diferente. Siempre tuvo un trato y una palabra amable con Pedro y conmigo. 

Este pasado verano, cuando me veía sola por la calle, él y su mujer me invitaban a sentarme un rato y tomar una cerveza con ellos. Nunca acepté esa invitación y ahora me arrepiento. Yo no quería molestar a nadie con mi pena, pero ellos sí querían ayudarme y acompañarme de verdad.

Y es que Andrés era como un figurín, un figura más bien. Alto, delgado, flaquísimo, de piel muy oscura y pelo corto muy moreno. Tenía la cara totalmente tatuada con los símbolos de una vida difícil. 

Apareció de repente en el pueblo y en nuestras vidas y la gente de nuestro alrededor parecían conocerlo desde siempre y lo saludaban como a aquel que ha vuelto de un larguísimo viaje.

Parece que si, que había pasado un tiempo en otro país, aquel en donde se dejó a un hermano con una grave acusación sobre sus hombros. El resto de sus hermanos también viajaron hace ya muchos años a otro país lejano, tan lejos que ya nunca volverán por aquí

Ayer nos dejó. Echaré de menos su sonrisa y sus palabras amables conmigo.

Descanse en Paz

NOTA .- Si alguien conoce a Andrés y no desea que este texto esté publicado, por favor diganmelo. Lo quitaré inmediatamente.