viernes, 19 de febrero de 2016

Clases de cerámica - 1ª parte



Mis profesores de cerámica  de la Escuela de Artes y Oficios eran unos señores de cierta edad que pertenecían a una familia de alfareros de toda la vida, los Morales Alguacil.  Tenían una fábrica de cerámica de Fajalauza en la carretera de Murcia y eran unos auténticos maestros alfareros.
Cerámica de Fajalauza - Colección de la autora
Uno de ellos de vez en cuando se subía en aquel altísimo torno manual que había en el aula y nos hacía una perfecta demostración de su arte.
El famoso jarrón - Cortesía Internet
En una ocasión le vi hacer un jarrón del tamaño y forma del de Las Gacelas, que se puede ver en el Museo de la Alhambra, de un tirón llegando a ponerse de pie en el taburete del torno para levantar toda la pella de barro. Cuando ya estaba terminado, lo rompió y echó todo el barro a la tina donde se guardaba para reutilizarlo después de ser amasado un buen rato. 
Nos quedamos con la boca abierta. Tanto esfuerzo era solo para enseñarnos qué cosas se podían hacer con el torno y qué cosas sabia hacer él, Don Agustín, nuestro maestro.
Una vez en Túnez, también vi a un muchacho en un torno alto elaborando piezas para los turistas. ¡Era espectacular! 
Alfarero de Túnez

Yo nunca levanté más de 10 centímetros con el torno. Mi única obra de alfarería con el torno fue un lapicero que desapareció en una mudanza.
Mi espejo

El famoso plato
Pero hice otras cosas en la clase de cerámica. Aquí os enseño algunas, Con la técnica de la cuerda seca decoré un marco de espejo, un plato, algún colgante hippy y un mosaico para una mesita de jardín que se hizo mil pedazos en un día triste. Menos mal que Isa me hizo un precioso mural de diseño para sustituir el de mi mesa roto, que era solo una abstracción de un huevo frito.  También modelé un mural con agujeros que luego cubrí de esmalte color gris piedra. No quedó bien. De hecho lo colgué en la entrada de casa, encima de las macetas de los rododendros y nadie se fija en él. Mejor. 
Parte de la colección
Y luego olvidé la cerámica. Me limité a traer platos de recuerdos de los viajes o me los traían los amigos. Así junté  una buena colección que pusimos en el hueco de la escalera. ¡¡Menos mal que tenemos escalera!!

Hace unos años intenté volver al tema y Pedro me regaló un torno eléctrico. Ya os hablé de él: 'Tengo el Corazón partío'. No fue un buen momento. Me había dado ya por las fotos y aunque Nico y yo trabajamos con el torno durante un tiempo en el sótano, ahora está allí almacenando polvo, un trasto mas entre los mil trastos que se acumulan. Pienso ponerlo en funcionamiento pronto, creo.
Otro trasto más del sótano

Pero ahora que he vuelto a clases de cerámica, todo es diferente. Mi profe se llama Carmen, es joven, entusiasta y una gran artista. En sus clases nos enseña las técnicas y los materiales de la cerámica, cuerda seca, la falsa y la real, los esmaltes, los óxidos, el engobe, el modelado y muchas cosas más. Pero sobre todo me encanta su paciencia, su manera de alentarnos todo el tiempo y, por supuesto, su gran creatividad. Creo que es una artista y os recomiendo que os paséis un día por su tienda taller para admirar y comprar algunas de sus hermosas creaciones. Se llama Oficina de la Cerámica y está en el Camino de Ronda en Granada, junto a la parada de metro (je!) de Alcázar Genil
En ese link podéis ver su perfil en el facebook y en la página Ceramic Postal podeis ver algunas de sus creaciones. Seguro que os encantan.
Hoy solo os pongo unas fotos del taller - tienda de Carmen.
El escaparate

La obra de Carmen

Esta historia continuará. ¡¡Lo prometo!!