sábado, 10 de enero de 2015

Mi déjà vu

La Ley de Murphy siempre se cumple y si algo puede salir mal, saldrá mal. Por eso el día que mas interés tienes en que la comida quede perfecta, se rompe el horno. 
Nuestra vieja cocina

Eso sucedió en casa hace unos días. Esperábamos a Ara y Yai a comer y yo había preparado un enorme pargo, que había tenido dos días descongelando en la nevera.

Encendí el horno con mucho tiempo de adelanto para asar el pescado, y fue, literalmente, encenderlo, porque empezó a soltar humo como si fuera un horno de leña. No solo salía humo, sino también unos sospechosos olores a plástico quemado.  Por miedo a que aquello ardiera por los cuatro costados y nos asara a nosotros, lo apagué y lo miré fijamente tratando de averiguar qué había pasado. 
Se acabó; el horno a freír puñetas, o asarlas. Se cumplió su ciclo de obsolescencia programada, y ya había durado mucho: ¡¡Veinte años!!
¡Que pinta!

El bicho me miraba desde su bandeja, tan guapo, tan bien decorado, con sus rodajitas de limón y sus patatas, cebollas y tomates, su perejil....
¿Que podíamos hacer?  Nos habíamos quedado sin comida y con un hermoso pargo diciendo, cocíname, cocíname.
Así que llamé a Maricarmen  y nos fuimos todos en el coche a su casa, con el bicho en mis brazos y en su bandeja, bien tapadito  para que no se estropeara.

Lo que es la técnica. Su horno funcionaba maravillosamente, y en 30 minutos el pescado estaba ya listo para comérselo. ¡Gracias de corazón!
Aquí lo podéis ver:
El pargo en el horno de Maricarmen
Preparado

Volvimos con nuestro pargo y nos lo comimos tan ricamente. Mmm.... ¡Buenísimo!

Por supuesto al día siguiente fuimos a comprar uno nuevo. Y ya puestos, como siempre pasa, una placa de cocina nueva y la correspondiente colección de ollas y cacerolas, porque las antiguas ya no servían. 
Cuando salimos de los famosos 'Grandes Almacenes', de pronto sentí que era demasiada compra a estas alturas de la vida. Y tuve un 'déjà vu'.  ¿Pero cuándo había vivido una situación similar de pensar que no tendría tiempo de disfrutar de una nueva adquisición?
Y de pronto lo recordé. No fui yo, fue mi amiga Maud. Cuando ella compró una sillas nuevas para su comedor, una amiga, mas bien enemiga, le soltó, ¿Pero cómo se os ocurre compraros sillas nuevas a vosotros, que ya sois mayores? ¡Menuda impertinencia!
Espero no ser nunca muy mayor para estas u otras cosas. Y confío en no tener 'amigas' como las que tenía mi buena amiga Maud.