sábado, 24 de mayo de 2014

Asunción

Aquí estaba el piano
Lo mejor para que un crío haga algo es prohibírselo. Y nosotros teníamos absolutamente prohibido tocar, literalmente tocar, el piano de Asunción. 

Lo que nunca entendí es que si el dichoso piano era tan importante y tan frágil ¿a qué venia que lo hubieran dejado tanto tiempo olvidado en el pasillo de casa de las tías? Era una prueba evidente de que ni el piano era tan importante, ni era tan frágil. 
Así que todos los chiquillos lo tocábamos: lo abríamos y lo tocábamos. Mas que tocarlo, aporreábamos las teclas hasta que una de las tías venía desde la cocina o el comedor chillando: "El piano no se puede tocar porque es de Asunción."
De visita-
Las visitas con la madre


Nunca llegamos a ser famosos pianistas por culpa de esa prohibición
Ahora que lo pienso, en aquella casa nunca se oía música de ninguna clase, no había radio y la tele, cuando llegó, se veía muy poco. Así que quizás a las tías les molestaba más la posible 'música' que saliera de nuestras inexpertas manos, que el posible daño al piano de Asunción.
Las amigas al fondo. Las flores, un regalo de las monjas
El caso es que el piano estuvo allí, en el pasillo de la galería, frente a la puerta del comedor durante toda nuestra infancia. De pronto desapareció, y no volvimos a oír hablar de Asunción durante mucho tiempo.
Pero un día volvió a nuestras vidas como una amiga de nuestra madre que al cabo de los años había decidido irse a vivir a un convento. 
Durante varios años ellas salían de paseo y de compras juntas por Granada en esas mañanas eternas en que nuestra madre no encontraba la hora de volver a su casa. 

Pero estos últimos años eramos nosotros quienes hacíamos posible estos encuentros de amigas. Asunción ya no podía salir y era mi madre quien iba a visitarla.  Yo he pasado muchas mañanas paseando por las cercanías del convento esperando el final de la visita para recogerla. 
En estos últimos tiempos prefería quedarme a charlar con ellas y sobre todo a tirarle de la lengua a Asunción que, a pesar de sus 97 años y su sordera, mantenía una cabeza lúcida y una memoria prodigiosa, y siempre tenía interés por preguntar cosas de la familia y antiguos conocidos, casi todos muertos, claro. Y yo le preguntaba a ella por sus historias; hablaban de Lolo, de nuestro padre, de las tías. Incluso conseguí enterarme de adónde había ido a para el maldito piano.  Y me contó varias veces aquella peregrinación que hicieron las mujeres de Acción Católica a Santiago cuando acabó la guerra en un vagón de tercera, pasando mil penalidades y pasándoselo en grande después de tanta tristeza...
Ahora ya no iremos más al convento
 Asunción murió anoche.  Quería que lo supieseis.

¿Creéis que tocará el piano en su cielo o donde quiera que esté?