viernes, 8 de agosto de 2008

Desencuentros en la Tercera Fase

Hoy hemos subido a la Alfaguara con la bici, para variar, y como en cualquier otro día de verano no nos hemos encontrado a nadie por el camino; me refiero a que no había excursionistas, ni ciclistas, ni familias con merienda, ni el coche que lleva los suministros al chiringuito que hay en la explanada del Campamento,ni los del Seprona, a nadie. Con el calor la gente se va a la playa a freírse en los atascos de la nueva 'autovía' a Motril. Bueno, solo hemos encontrado a unos cuantos escaladores trepando por las rocas. Nos hemos dado ánimos mutuos y hemos seguido cada cual con su locura. Eso es lo que yo pensaba cuando íbamos llegando hacia el helipuerto para hacer nuestra parada en el Cerro de la Yedra, junto a las Trincheras del mismo nombre. Por la pista principal si que nos encontramos algo mas de movimiento: están talando pinos y 'limpiando' el monte y aquello parece la puerta de la serrería con todos los troncos apilados en la cuneta esperando que vengan los camiones uno de estos días a recogerlos. Esperemos que sea pronto y aquello no eche a arder con estos calores y sequías, (cruzo los dedos y toco madera, de la que hay por alli, claro). Desde las trincheras hay una vista magnifica del Peñón de la Mata, al frente, la sierra de la Alfaguara, detrás, el Collado del Agua, a la derecha y el Cortijo de Cadialfaquir al fondo, en lo hondo del Valle. Y por eso paramos alli a hacer nuestro bien merecido descanso. Pero hoy, hoy, hemos tenido un 'encuentro en la tercera fase', o quizá mejor sea decir un 'desencuentro'.
Justo en la ultima curva del camino, cuando estábamos ya casi en el mirador, de pronto, apareció la figura de una mujer vestida de blanco con un palo en las manos que se dirigía al sol recitando una extraña letanía. Cuando nos ha visto llegar en las bicis se ha retirado hacia unas rocas en sombra donde otra figura de hombre la estaba esperando. Los dos se han sentado bajo un árbol y después de los saludos normales, ella nos ha dicho '¿Queréis uniros a una meditación hablada??'
Glup, 'No, gracias', le he contestado yo. Nos hemos quedado sin palabras y silenciosamente nos hemos quedado alli un ratito descansando. De pronto, a las doce en punto, un sonido de otro mundo ha salido de la radio que ellos llevaban y unas voces místicas y extrañas han empezado a meditar en voz alta.
Creo que últimamente nos persiguen los espíritus: en la casa de El Turros, donde hemos pasado unos dias en el mes de julio, también nos encontramos a un grupo de gente haciendo meditación en el jardín y hablando de cosas extrañas. Alli los dejamos, como a la pareja de hoy.
Otro dia contaré esa historia en el Turros.